Olvidarte !Jamas! (Spanish Edit

Vanny Ferrufino · Capítulo 37 de 42

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Olvidarte !Jamas! (Spanish Edit

Cap�tulo 34

Capítulo 34

Alex y Franco querían ayudarla, ellos querían brindarle consuelo, pero en ese momento Melody sólo quería estar sola y con sus hijos, quienes dormían plácidamente en su cuna mientras ella se abrazaba las piernas en la oscuridad de su habitación.

¿De verdad se casaron en Las Vegas?

No permitió que las lágrimas siguieran bajando por sus mejillas y negó lentamente con la cabeza. Si eso era verdad, necesitaban un divorcio lo antes posible. No iba a pedirle nada, ella no quería ni un solo centavo, por lo que esperaba que esa decisión hiciera todo el trámite de divorcio algo más fácil de sobrellevar.

No tengo la más mínima intención de darte el divorcio.

Se pasó una mano por el cabello con frustración, ¿quién lo entendía?

Primero rechazaba a sus hijos a nivel nacional y luego no sólo los aceptaba, sino que gritaba sin reparo alguno que ellos estaban casados.

—¿Mel? —Miró por encima de su hombro, su hermano no se había ido todavía—. ¿Podemos hablar?

No quería hacerlo, pero necesitaba algo de compañía.

—No sabía que estábamos casados —susurró una vez que Alex se sentó junto a ella y él suspiró—. Lo siento mucho.

—Franco siempre lo supo —le contó y lo miró con sorpresa—. Tuvo que irse para hablar con sus abogados en cuanto al tema de la custodia de los mellizos, pero me dijo que él estuvo presente la noche que se casaron y que jamás había visto a Andrés tan feliz.

—¿Por qué no me lo dijo antes? —preguntó con cansancio—. Ahora entiendo por qué siempre me insinuó que Andrés volvería a mi vida tarde o

temprano.

—Franco consideraba que estabas muy confundida, el haberte dicho que estabas casada con Andrés sólo te habría atormentado.

Era lo más probable.

—¿Qué tal si te mudas un tiempo a mi departamento?

—No quiero hacerlo —admitió con pesar.

—Pero la prensa.

—La enfrentaré, esta es mi vida y estoy harta de seguir viviendo bajo la protección de alguien más.

—Sólo quiero protegerte.

—Y te lo agradezco, pero tú no eres mi héroe, no puedes velar todo el tiempo por mi felicidad, Alex —susurró con ternura y conectó sus miradas

—. Tienes una vida, tienes tus propios sueños y me gustaría que empezaras a enfocarte más en ti.

Alex se quedó en silencio, pero minutos después le hizo una pregunta que la tomó por sorpresa.

—¿Qué fue lo que te hicieron?

Arrugó el entrecejo.

—No entiendo.

—El día que te encontré hace diez años, tú estabas herida y rota. —

Todos los músculos de su cuerpo se tensaron—. Nunca quisiste hablarme de lo que te sucedió y no hay un solo día que pueda vivirlo tranquilo, Melody

—confesó con amargura.

—Alex…

—Llegué tarde, no pude protegerte y ellos te lastimaron, ¿verdad?

¿Por eso siempre estuvo obsesionado con su seguridad?

Lo abrazó por los hombros.

—No es lo que te imaginas —soltó con un hilo de voz—. No negaré que un hombre intentó lastimarme e incluso me generó todos esos golpes, pero él llegó e impidió lo peor.

—¿Quién es él? —susurró con esfuerzo y ella sorbió su nariz.

—Andrés.

Su hermano se tensó.

—¿Por eso te encontré en uno de sus hoteles? —Melody parpadeó varias veces, confundida—. ¿No lo recuerdas? Estabas hospedada en el hotel Rivers la mañana que nos encontramos en el ascensor.

Nunca se había puesto a pensar en eso, pero finalmente asintió.

—No me pasó nada malo, deja de imaginarte lo peor.

—Pero las primeras semanas no dejabas de llorar.

—Porque me dolió despertar y no verlo ahí —confesó y Alex apretó la mandíbula.

—¿De verdad él no sabe hacer nada más que romperte el corazón?

—Fui yo la que se fue primero, él me lo dijo. Por eso te odia, porque yo abandoné la habitación primero y por las cámaras de seguridad vio como nos encontramos.

Alex asintió, pensativo.

—Deja de cargar con una culpa que no mereces, Alex, yo estaré bien, necesitas confiar en mí.

—Está bien —respondió con voz ronca—, pero no me pidas que me aleje de ti ahora. En momentos como estos es en los que debemos apoyarnos.

Melody esbozó una sonrisa y se aferró a su brazo.

—No entiendo qué pasó con las pruebas de ADN.

—Supongo que hubo un error.

—Quizás.

—¿Quieres que vayamos a Berlín?

Lo buscó con la mirada.

—Deja de huir, Alex —lo regañó—. Esconderse de Andrés es imposible, pienso afrontar mis problemas con valentía, él no puede obligarme a hacer nada que yo no quiera.

Alex sonrió con amargura y alborotó su cabellera con diversión.

—¿Sigues considerando que puedes formar tu propia familia con Andrés?

—¿Crees que lo perdonaré tan fácilmente?

—Todo fue una cadena de malentendidos, Franco me dijo que el día que discutieron en Las Vegas fue porque Andrés los encontró besándose. —

Su amigo se había ido de chismoso—. No eres una santa en la historia.

—¡¿Qué estás insinuando?!

—Que tal vez necesitas pensar las cosas con calma, Mel —añadió con cautela—. Andrés cometió muchos errores, pero yo mejor que nadie sabe cuán importante eres para él, lo he estado observando y hoy enloqueció ante la idea de perderte una vez más.

—Es muy pronto para tomar una decisión —musitó con tristeza.

Andrés había llegado muy lejos en esta ocasión y no estaba lista para escuchar sus excusas.

***

Andrés rechazó el trago que Daniel le ofreció y nuevamente retiró la lágrima rebelde que se deslizó por su mejilla. Hace apenas un día que le había jurado a Melody amor eterno y lo había echado todo a perder por sus celos.

¿Con qué cara se acercaría a ella para pedirle una nueva oportunidad?

—Debes calmarte, mañana será un nuevo día e irás a buscarla.

—¿De verdad crees que Alex me permitirá acercarme a ellos?

—Encontraremos la manera —musitó con cautela—. Ella no puede vivir encerrada y tal vez lo mejor será solicitar una nueva prueba de ADN.

—No quiero solicitar nada, Emma y Stephan son mis hijos y lo único que me interesa es remediar todo el daño que causé con la estúpida conferencia de prensa.

—Diego jugó con tu mente, Melody se dará cuenta de todo y…

—El problema no es que mi padre me haya manipulado, sino que yo lo permití, Daniel —soltó con frustración y enterró el rostro en sus manos—.

Me juré que las cosas cambiarían, que tomaría la rienda de mi propia vida, pero nuevamente él movió todo a su antojo.

—Por eso nunca fuiste a ninguna cita con Margot, ¿verdad? —Miró un punto fijo de la pared—. Estabas casado y no tenías intención de faltarle a Melody, ¿por qué nunca me lo dijiste?

—¿Cómo iba a contarte de mi boda cuando ni siquiera mi esposa sabía de ella? —musitó con tristeza, reclinándose en el sillón del despacho de su amigo—. Quería encontrarla, conquistarla de verdad y conseguir un sí sincero.

—Aún estás a tiempo.

—No va a perdonarme.

—Rendirte no es una opción, Andrés, si yo no hubiera luchado por tu hermana no sería feliz ahora.

—¿Cuántos años deben pasar para que podamos ser felices? —

preguntó con tristeza y su amigo le dio dos palmaditas en el hombro.

—No es cuestión de años, es cuestión de que te decidas. —Conectó sus miradas y Daniel le regaló una sonrisa fraternal—. Aria me pidió que no te dejara marchar en este estado, tu habitación de siempre está lista, ¿por qué no duermes un poco?

—¿De verdad Melody me esperó?

—Me temo que sí, Melody confió en que irías por ellos. —Los ojos le ardieron y parpadeó varias veces para controlar su impotencia—. Sé que estás desesperado, sé que quieres una solución inmediata, pero forzando las cosas no conseguirás nada, debes ser paciente y de preferencia evita pelear con Alex y Franco, no creo que eso pueda ayudarte de ninguna manera.

—Franco me la escondió y Alex nunca me dijo que eran hermanos; es normal que quiera matarlos.

—Sí, lo sé, pero ellos pelean mejor que tú y pueden arruinar tu cara, así que mejor deja el salvajismo en el olvido. —Lo fulminó con la mirada y Daniel se encogió de hombros, al parecer quería ser sincero y animarlo un poco—. Tu padre me llamó hace media hora y…

—No quiero hablar de él.

—Creo que está arrepentido.

—Yo también estoy arrepentido y eso no me devuelve a mi mujer ni a mis hijos.

—Dijo que él averiguará qué sucedió con las pruebas —soltó con rapidez y Andrés no le dio una respuesta.

No necesitaba esas pruebas, así que su padre podía hacer lo que se le viniera en gana.

—Lo único que quiero es recuperar a mi familia.

***

Melody lanzó un juramento, totalmente histérica por el cómo sus hijos se acercaban al balcón, y una vez más llamó a Joanne para que se los llevara a su habitación.

—Tranquila, mamá gallina, ellos están seguros. —Se burló Franco, dándole un sorbo a su taza de café, y lo fulminó con la mirada—. Te

pareces mucho a tu hermano, ambos se obsesionan con sobreproteger a sus seres amados.

—Mentira —dijo rápidamente, pero luego se ruborizó al darse cuenta que posiblemente estaba tratando a sus hijos como Alex la trató a ella antes de que Aria llegara a su vida—. Pueden lastimarse —se justificó.

—Bueno, así aprenderán donde no deben meter las narices, ¿no crees?

Siseó una maldición y se lanzó al sofá, desde que sus hijos empezaron a gatear su paz mental se redujo a nada.

—No se quedan quietos.

—Crecieron en un ambiente abierto, es normal que el departamento los incomode. —Le tendió una taza de café y agradeció el gesto con una sonrisa—. ¿Cómo te sientes?

—Mejor que tú, no tengo un ojo morado —mintió, aún estaba emocionalmente destruida, pero no era como si pudiera quedarse a llorar bajo sus sábanas toda la semana.

Tenía una vida y dos hijos que cuidar.

—Mejor un ojo morado que un corazón roto, ¿no crees? —Se sentó junto a ella y lo miró con disgusto—. Podemos hablarlo, de vez en cuando me gusta perder el tiempo.

—No hay nada que hablar, todo terminó.

—Estás casada, claramente tus problemas están empezando.

—¿Quieres consolarme o hacerme sentir peor?

—La vida conyugal es difícil.

—¡Franco! —Su amigo se rio por lo bajo—. Voy a divorciarme, él rechazó a los mellizos públicamente y…

—Se arrepintió.

—Eso ya no importa.

—¿De verdad? Dudo mucho que Andrés te dé el divorcio tan fácilmente.

—Tendrá que hacerlo.

—¿Entonces cuál es el plan?

—¿Qué plan? —Miró su taza de café con fingida indiferencia.

—Te divorcias y luego ¿qué?, ¿seguiremos jugando a las escondidas?

—No, creo que es momento de recuperar mi vida. —Franco asintió y dejó que prosiguiera—. Me quedaré en Londres, me gusta aquí y no me iré por culpa de un idiota.

—Bien, me gusta esa respuesta, pero ¿no has considerado que él luchará por tu amor y tu débil corazón puede llegar a perdonarlo?

—No me hartes o te echaré de mi departamento.

—No es broma, debes estudiar todas las posibilidades y pensar en lo que es mejor para ti y tus hijos. Stephan y Emma merecen un hogar y un padre.

—¿A dónde quieres llegar?

Franco no estaba siendo tan insistente sólo porque sí, estaba claro que tenía algo para decirle y no se quedaría tranquilo.

—No justifico a Andrés, pero por el cómo reaccionó ayer, sospecho que no dejará que lo alejes de sus hijos.

—Las pruebas…

—Las pruebas se equivocaron, ambos sabemos que él es el padre de Stephan y Emma.

—Él no vendrá y yo no iré a buscarlo.

—No vendrá porque sabe que no es bienvenido —aclaró y lo miró de reojo.

—Necesito mi espacio.

—Piensas hacerlo sufrir un poco, ¿verdad?

—Sólo quiero que se dé cuenta de cómo es su vida con nuestra presencia en ella, con suerte y no volverá a buscarme después de una semana.

—Si eso sucede o no, tendrás que contármelo por mensajes porque debo ir a Venecia por unas semanas, mi vuelo es mañana a primera hora.

—¿De verdad? —Hizo un mohín con los labios y Franco alborotó su cabellera—. Creí que te quedarías más tiempo.

—Lo siento, pero son tus problemas y debes arreglarlos sola. —Achicó los ojos, ¿se estaba yendo para no ayudarla?—. Aunque si algo sucede, puedes llamarme —aclaró y se rio por lo bajo.

Con Franco tenía el hermano liberal que no veía la hora de aventarla a un precipicio para que viviera la adrenalina del momento; era muy diferente a Alex.

—Voy a extrañarte.

***

Lucky no tenía la menor idea de qué era lo que estaba sucediendo, pero Ulises estaba demasiado nervioso y no le hacía mucha gracia que estuviera viendo departamentos en alquiler en Manchester.

—¿Qué sucede?, ¿estás actuando muy extraño?

Ulises lo fulminó con la mirada y dio un respingo en su lugar.

—¿Qué crees que sucede?, ¿acaso no viste la conferencia de prensa?

—Sí, todo salió mal para Melody, pero…

—¡No, nada salió mal para ella! —bramó con impotencia y abandonó su lugar—. Yo cambié las pruebas, yo pagué para que el resultado fuera negativo e incluso así, Andrés Rivers aceptó públicamente que era su esposa y los niños eran suyos.

—¿Por qué hiciste eso? —Abrió los ojos con sorpresa.

—Porque creí que te haría feliz, porque creí que eso te bastaría para olvidarte de tu venganza —soltó con frustración y alborotó su cabellera—.

No pensé en el riesgo, ni en lo que podría pasar si llegan a descubrirme.

—¿Crees que puedan hacerlo?

Se acercó a él, en su vida lo había visto tan nervioso.

—Debemos irnos, buscaré otro trabajo en otro lugar y… —El timbre sonó y ambos se petrificaron en su lugar—. ¿Esperabas a alguien?

—No —susurró y tragó con fuerza.

—Espérame aquí.

Ulises trató de reacomodar su desaliñado aspecto y su corazón bombeó con fuerza al notar como la tensión se cernía sobre la sala del departamento.

Lucky escuchó unas voces masculinas y toda la piel se le puso de gallina cuando ante sus ojos apareció nada más y nada menos que Diego Rivers, el hombre que resultó ser el suegro de Melody.

—Buenas noches —lo saludó con nerviosismo y se alarmó al ver que dos hombres seguían sus pasos, ambos lo suficientemente grandes como para romper todo lo que había en el lugar.

—Es un honor tenerlo aquí, señor Rivers —dijo Ulises con voz aguda y el sudor de su frente no lo ayudó a mostrarse muy tranquilo—. ¿En qué puedo ayudarlo esta noche?

—Sé que fuiste tú quien alteró las pruebas, Moon. —Estaban perdidos, una cosa era meterse con Melody y otra muy distinta con la familia Rivers

—. Quiero una explicación ahora mismo.

—Fue mi culpa —dijo Lucky con prisa, protegiendo a su novio con su cuerpo—. Yo le pedí que lo hiciera.

—¿Y por qué?

Estaba siendo bastante paciente al buscar una explicación.

—Melody es mi hermana adoptiva —soltó con voz débil y el rubio lo miró con sorpresa—. Quería vengarme de ella y…

—Lucky Allen, ¿verdad?

—¿Me conoce? —preguntó con voz tensa.

—Conozco todo lo que sucede en la vida de mi hijo, pero admito que te perdí el rastro hace muchos años.

—No culpe a Ulises por nada, fue mi culpa —soltó con frustración, no quería ser el responsable de la desdicha de la única persona que lo quería de verdad—. Quería vengarme.

—Es lógico, mi hijo te dejó sin padre. Él sigue en la cárcel, ¿verdad?

Asintió, cabizbaja.

—Siento que ya he generado mucho daño a mi paso y estoy dispuesto a ser generoso con ustedes —soltó con frialdad, haciendo que ambos lo miraran con sorpresa—. Los dejaré escapar, porque no quiero volver a saber de ustedes, y te entregaré el dinero necesario para que saques a tu padre de la cárcel y empiecen una vida decente con la condición de que dejes a Melody en paz.

—Yo… Yo…

—Si vuelves, te convertirás en historia.

La garganta se le cerró.

—Si mencionas el pasado de la esposa de mi hijo, te convertirás en historia.

—De acuerdo, está bien, señor —dijo rápidamente.

No tenía la menor idea de por qué Diego Rivers haría algo así por él, un completo extraño, pero jamás negaría una oportunidad como esa.

—¿Tú padre sabe de tu relación con Moon? —inquirió mientras hacía unas anotaciones en un cheque y Lucky negó con la cabeza—. Coméntaselo antes de gastar parte de este dinero en él.

Le entregó un cheque de trecientos mil dólares y a poco estuvo de desmayarse.

—¿Por qué hace esto? —susurró con voz ronca.

—Porque si fueras como tu padre, no estarías con Ulises ni te habrías conformado con esconder información de Melody.

—Pero me metí con su familia.

El señor Rivers guardó su chequera y miró a sus hombres de reojo.

—Te puedo asegurar que no causaste más daño del que yo causé.

Tienen dos días para largarse.

Esa noche ambos prepararon todo para irse a Manhattan, incrédulos de que Diego Rivers no sólo les hubiera perdonado por meterse con los suyos, sino que les hubiera dado la oportunidad de empezar desde cero en un nuevo lugar.

—Mi padre te aceptará —susurró en la cama, mirando el techo con emoción contenida—. Él estará muy feliz cuando se entere de que por fin podrá salir de ese horrible agujero.

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