Stalingrado
Historiadores de vanguardia
Esta tarea era desempeñada con igual celo por los censores de la NKVD que por los funcionarios políticos en el Frente de Stalingrado, que no dejaban de explicar a los soldados los motivos por los que luchaban hasta minutos antes de la batalla. Y en cuanto el combate se detenía, retomaban su tarea, resumiendo e interpretando los acontecimientos del día. Los funcionarios políticos enseñaban a los soldados a hablar sobre sí mismos de una forma que ellos creían influiría decisivamente en sus pensamientos y acciones durante la guerra. El relato de la experiencia subjetiva de la guerra sería incompleto si no tuviera en cuenta la permanente supervisión y condicionamiento aplicados por el aparato del Estado soviético y sus efectos estructurales.
Así pues, cuando los historiadores de Moscú llegaron al Frente de Stalingrado a finales de diciembre de 1942 se encontraron con unos soldados que habían incorporado plenamente los conceptos soviéticos del heroísmo y la cobardía, y conocían de la significación política e histórica de la batalla.
HISTORIADORES DE VANGUARDIA
Los historiadores que llevaron a cabo las entrevistas en Stalingrado no solo documentaron el trabajo y el impacto del aparato ideológico sino que participaron en él. Como ciudadanos soviéticos, se sentían llamados a ayudar al Ejército Rojo a derrotar a la Alemania de Hitler. Entendían su proyecto como una contribución importante a la educación y movilización de la sociedad soviética en tiempo de guerra. Al igual que los escritores y artistas que se ofrecieron voluntarios para trabajar como corresponsales y fotógrafos en el Ejército Rojo, los historiadores querían ser útiles. Y lo hicieron resucitando el estilo documental de vanguardia que los críticos, escritores y
cineastas rusos habían desarrollado durante la Revolución de 1917.[226] Los participantes en aquel movimiento de vanguardia escogieron como tema el mundo soviético donde, desde su punto de observación privilegiado, se estaba desarrollando un drama de monumental importancia. Ellos creían erróneo e insensato mantener formas de arte tradicionales como la novela, cuyo mundo ficticio volvía la espalda al real. El crítico Serguéi Tretiakov sostenía que escribir una obra como Guerra y paz en la era soviética sería anacrónico. El medio preferido era el periódico, que día a día y página a página publicaba noticias sobre la industrialización soviética, contribuyendo al mismo tiempo a promoverla. La cobertura informativa y las entrevistas con testigos presenciales no solo representaban la realidad; también estructuraban los hechos en bruto dentro de un marco que les confería significado. Como documentalistas, artistas e intelectuales, eran «operativos» y tomaban parte en
la «vida de lo material» y en la construcción de un nuevo mundo.[227]
Tanto historiadores como representantes del Partido Comunista abrazaron la técnica del documental a comienzos de la década de 1920 y juntos iniciaron una serie de proyectos históricos a gran escala. El primero fue la Comisión para el Estudio de la Revolución de Octubre y del Partido Comunista Ruso (Istpart). Fundada en 1920, su tarea consistió en dejar constancia de la historia de la revuelta bolchevique para generaciones futuras. En Moscú, Petrogrado y otras muchas ciudades rusas, se celebraban «veladas conmemorativas» en las que la gente contaba sus experiencias de la Revolución de 1917. Los responsables de la comisión actuaban de mediadores dentro de un sistema de talleres sobre historia gestionado a través de oficinas locales del partido, administraciones municipales y sucursales de periódicos. Querían reunir el mayor número de testigos presenciales posible; creían que dando testimonio del momento fundacional de la historia soviética se convertirían en participantes activos de la revolución y servirían de
inspiración a los lectores.[228] Pese a estas elevadas expectativas, no obstante, las publicaciones de la comisión eran escasas. A medida que la historia de la revolución iba intrincándose en la batalla por el legado de Lenin, los líderes del partido empezaron a someter a censura los testimonios de los testigos. Para cuando en 1938 se publicó Curso breve de la Historia del Partido Comunista de la Union Sovietica, la mayoría de los documentos de Istpart habían sido eliminados de los registros oficiales y confinados a los archivos del Estado.
En 1931, a mitad del primer plan quinquenal, el escritor Maxim Gorki concibió un colosal proyecto literario: cada fábrica de la Unión Soviética —él tenía en mente más de trescientas— escribiría su propia historia e incluiría como coautores al mayor número de trabajadores posible. Un equipo de casi cien escritores y periodistas trabajando a tiempo completo se encargó de supervisar el descomunal proyecto. Su trabajo consistía en enseñar técnicas de documentación a los trabajadores de las fábricas y en expandir su conciencia histórica animándoles a dejar constancia de sus propias experiencias. Gorki pidió a los editores que recogieran sobre todo el testimonio de los «trabajadores de choque», héroes obreros que habían superado con mucho sus cuotas de trabajo asignadas. Gorki compartía las ideas de Nietzsche, pero interpretadas desde una perspectiva socialista. Creía que todas las personas nacían héroes, pero que esa esencia heroica solo se desarrollaba si recibía el apoyo adecuado. A los ojos de Gorki, el héroe tenía una importante función como maestro, como «SER HUMANO en letras mayúsculas», cuyo ejemplo servía para mostrar a los demás cómo llegar a ser más humanos de lo que ya eran. El personal que formaba parte del proyecto debía promover la emergencia de héroes socialistas dentro de la sociedad, a la vez que aprender de las historias que iban recopilando y renovarse de acuerdo a un espíritu
colectivista.[229] Para cuando estalló la guerra, en 1941, ya se habían publicado veinte volúmenes de la serie Historia de las fábricas y las plantas industriales. Entre ellos, el calurosamente acogido volumen de La gente de la fábrica de tractores de Stalingrado (1934). En él se presentaba un repertorio de dibujos y retratos fotográficos de los trabajadores de la fábrica, e incluía un prólogo de Gorki y un ensayo a modo de epílogo del escritor Leopold Averbaj. El trabajo era una especie de muestrario de las diversas funciones de los autores del proyecto: observadores, creadores, participantes y artífices
literarios de la transformación de las masas.[230]
En 1931 se inició otro proyecto histórico bajo la supervisión de Gorki: la historia de la guerra civil rusa. Estética e institucionalmente similar a su trabajo anterior, pero de dimensiones aún mucho mayores, no pretendía ser una historia militar en el sentido tradicional. Más bien, su propósito era describir a los héroes que lucharon en la guerra civil, ya fueran trabajadores, campesinos o soldados. Iba a ser el comienzo de una nueva historiografía marxista de las masas que ponía fin a las jerarquías tradicionales y ponía en valor a todos y cada uno de los participantes. Estaban previstos quince volúmenes de narrativa, complementados con documentos, análisis eruditos, memorias, libros de arte y álbumes fotográficos. El proyecto obedecía en parte a la preocupación de Gorki por que los millones de campesinos que habían entrado a formar parte de la mano de obra industrial durante la década de 1930 pudieran socavar el espíritu de la revolución proletaria; una razón más para inculcar este espíritu en las historias de la vida de los héroes de la clase trabajadora para la educación política de los trabajadores «incompletos»
de las provincias rurales.[231] El proyecto de la guerra civil acabó adquiriendo unas proporciones descomunales, estableciéndose comisiones locales en el Cáucaso, Asia Central y el Extremo Oriente. Para 1933, se habían registrado los relatos de 3000 testigos presenciales. Los directores de la comisión en Moscú crearon un catálogo de 100 000 fichas y una bibliografía de más de
10 000 libros.[232]
El director editorial del proyecto fue el joven historiador Isaak Mints. El trabajo, en el que las conversaciones con Gorki eran intensas y numerosas, constituyó sin duda una experiencia muy formativa para Mints, que había
servido como comisario en la guerra civil.[233] Aprendió a gestionar el estudio histórico a gran escala con múltiples oficinas locales e innumerables trabajadores, a realizar entrevistas a testigos presenciales, y a asumir la idea del héroe socialista de Gorki. La Comisión de Historia de la Gran Guerra Patriótica, que Mints fundó en diciembre de 1941, se basó principalmente en
recursos institucionales e intelectuales del proyecto de la guerra civil.[234]
Isaak Mints nació en 1896 en la cuenca minera ucraniana de Dnepropetrovsk. Hijo de un comerciante judío, su deseo era estudiar en la Universidad de Cracovia, pero le negaron la entrada a causa de su religión. Él entonces se unió al movimiento revolucionario, convirtiéndose en miembro del partido bolchevique en abril de 1917 y luchando en el Ejército Rojo cuando estalló la guerra civil, a principios de 1918. Mints no tardó en ascender a comisario en una división cosaca donde estaba a cargo de la educación política. En 1920
fue nombrado comisario jefe de un prestigioso cuerpo de cosacos.[235] (Cabe imaginar la chutzpah que tenía Mints para sobrevivir entre los cosacos,
célebres por su odio hacia los judíos.)[236] Tras la guerra civil, obtuvo un grado en Historia en el Instituto para Profesores Rojos y más adelante fue nombrado subdirector del centro. En la década de 1920 escribió sobre la historia de la guerra civil. En 1935 terminó su tesis doctoral y en 1936 se
había convertido ya en miembro de la Academia de las Ciencias.[237]
Isaak Mints, finales de la década de 1920.
En 1935 apareció publicado el primer gran volumen de la historia de la guerra civil. Pero pronto fue retirado y destruido, dado que muchos de los testigos y varios de los editores habían sido víctimas de las purgas de Stalin. La edición revisada apareció en 1938. Ni este ni el segundo volumen, publicado cuatro años después, guarda ninguna semejanza con la idea de
Gorki de una historia de los trabajadores.[238] En lugar de ello, dichos volúmenes describen los conflictos políticos de 1917, glorifican a Stalin, y demonizan a los denunciados en las farsas judiciales celebradas entre 1936-1938. En la fase previa a la publicación del primer volumen, Stalin mantuvo reuniones frecuentes con Gorki, Mints y el resto de editores, llegando a hacer
en total setecientas correcciones al manuscrito.[239] Para entonces, Mints ya debía haber entendido las implicaciones políticas de la publicación de textos de historia en la Unión Soviética. Los materiales que reunió retrataban a Stalin y su camarada de armas Voroshílov como liberadores revolucionarios. De ahí a la glorificación de Stalin como el artífice de la historia mundial en Curso breve de la Historia del Partido Comunista de la Unión Soviética no había más que un paso. Muchos investigadores han sostenido que Mints fue coautor del Curso breve, pero las fuentes disponibles no ofrecen ninguna
prueba de ello.[240]
Desde la perspectiva de 1984, Mints recordaba que la idea de escribir la historia de la Gran Guerra Patriótica se le había ocurrido varias semanas
después de que estallara la lucha.[241] En su mente tenía la invasión napoleónica de Rusia en 1812 —la primera Guerra Patriótica Rusa. Puede que le influyera la novela Guerra y Paz de Tolstói sobre los hechos de 1812, de la cual se lanzó una edición de gran tirada en el verano de 1941, consultada por
muchos ciudadanos soviéticos en busca de orientación histórica y moral:[242]
¿Cómo empezó la cosa? Fue en julio de 1941, una época dura. Nuestros ejércitos estaban en
retirada, tratando de encontrar una salida. En medio de esa difícil situación, escribí una carta al
Comité Central: comprendo que las circunstancias son difíciles. Pero piensen cuánto mejor
habríamos comprendido nuestra Guerra Patriótica de 1812 si sus participantes nos hubieran
contado sus experiencias. No debemos tardar más. Debemos registrar estos hechos. Pasado un
tiempo la humanidad preguntará cómo ocurrió todo esto. Yo propongo que creemos una comisión
que se encargue de reunir los materiales, estudiar, analizar y elaborar una crónica de esta gran
epopeya. Pasaron semanas. No hubo respuesta. Pensé que probablemente la historia era lo último
de lo que debíamos preocuparnos en aquel momento. Y así sería si no existiera una conexión entre
la historia y el presente. Pero existe conexión, y muy directa. Yo estaba muy preocupado. Llamé
varias veces, y luego perdí las esperanzas.
El 27 de agosto de 1941, el Comité Central —posiblemente ante la llamada de Mints— debatió sobre la creación de una crónica de la Gran Guerra Patriótica, pero acabó desechando la idea por considerarla poco
práctica.[243] El momento era inoportuno: para el verano de 1941 la Wehrmacht había avanzado ya bastante hacia el interior de la Unión Soviética y las tropas alemanas rodeaban Smolensk, tan solo a 350 kilómetros de Moscú. Incluso para los optimistas en materia de Historia —y todos los comunistas lo eran— convertir estas circunstancias en el relato de un éxito soviético sería difícil. La situación continuó empeorando en las semanas posteriores. El 8 de octubre, el general Zhukov comunicó a Stalin que la última línea de defensa soviética en torno a Moscú estaba desmoronándose, y el 15 de octubre Stalin ordenó la evacuación de la capital. Las tornas no empezaron a cambiar hasta noviembre, cuando los alemanes tuvieron que detener su ataque en pinza y se desplegaron nuevas tropas soviéticas en el frente de Moscú. La decisión de Stalin de permanecer en la ciudad, así como sus discursos públicos pronunciados con motivo del aniversario de la revolución los días 6 y 7 de noviembre, también contribuyeron al levantamiento de la moral soviética. El 5 de diciembre, el Ejército Rojo inició
su contraofensiva contra el Grupo de Ejércitos del Centro.[244]
La mayoría de los institutos de la Academia de Ciencias y su personal fueron evacuados hacia el este en octubre. Mints y algunos de sus colaboradores se negaron a marcharse. Fue una decisión valiente: como más tarde se supo, los agentes de la inteligencia alemana habían incluido a la oficina editorial de la «Historia de la Guerra Civil», sita en el n.º 9 de la calle Komintern, en la lista de «objetivos estratégicos» de los que había que
apoderarse inmediatamente después de la conquista de Moscú.[245] En su diario, Mints se limitó a anotar que el 25 de noviembre, Georgi Alexandrov, secretario de agitación y propaganda del partido, ordenó la creación de una comisión encargada de recoger documentos y materiales para una crónica de
la Guerra Patriótica.[246] Dos semanas más tarde, el 10 de diciembre, el Comité Regional del Partido en Moscú, bajo la presidencia del Primer Secretario Shcherbakov, aprobó una directiva por la cual se creaba la
Comisión para la Elaboración de una Crónica de la Defensa de Moscú.[247] Alexandrov fue nombrado para presidir la comisión, con Mints como su ayudante. Otros miembros incluían al filósofo del Partido Comunista Pável Yudin, el funcionario de la GlavPURKKA Fiódor Kuznetsov, el director editorial de Pravda Piotr Pospielov, y otros representantes del Comité Regional del Partido en Moscú. A Mints se le encargó reunir un grupo de trabajo de unos veinte investigadores de la Academia de Ciencias para recopilar documentos sobre la guerra y escribir una crónica diaria de los acontecimientos. Según la directiva, las administraciones locales del partido tenían que ayudar a la comisión a reunir los materiales. También se estipulaba la instalación de sucursales de la comisión en grandes fábricas para documentar la producción durante la guerra. Periodistas, escritores, ilustradores bélicos y otros artistas tenían que prestar asesoramiento y ayuda, mientras que la Administración Política Central del Ejército Rojo debía suministrar a la comisión periódicos, folletos, informes sobre el ambiente político y documentos de la vida militar. La directiva llevaba el sello distintivo de los grandes proyectos históricos de Gorki. Mints así lo confirmó en la breve entrada que escribió en su diario el 11 de diciembre: «En una palabra, la idea era utilizar toda la experiencia editorial de La historia de la guerra civil».
Antes de que se formara oficialmente la comisión, Mints comenzó a buscar el personal que la compondría. El 30 de noviembre dio una conferencia en la Academia ante un abarrotado auditorio de seiscientos investigadores, esbozando los objetivos de la comisión y llamando a los miembros de la audiencia a participar. «Podía sentirse», anotaría a continuación en su diario, «que el público estaba deseoso de participar en el trabajo, de que les dijeran qué hacer. Esperando a que alguien los
liderara.»[248] Una semana más tarde, Mints visitó el frente de Moscú. En una división formada por comunistas moscovitas se encontró con el historiador
Arkadi Sidorov y tres colaboradores de su proyecto sobre la guerra civil.[249] Al día siguiente, Mints se topó con otros dos antiguos miembros del personal en otra división: pidió al mando militar que los colocara en diferentes
unidades para sacar el máximo provecho a la comisión.[250] Durante las semanas siguientes Mints reunió un pequeño equipo de trabajo. Para julio de 1942 la unidad de investigación sobre la guerra civil había regresado a Moscú tras haber sido evacuada, y Mints había reunido cuarenta miembros
permanentes —historiadores, literatos, bibliógrafos y estenógrafos.[251]
Durante los primeros meses, la comisión se centró principalmente en la defensa de Moscú. A medida que se iban estableciendo nuevas sucursales, el personal fue empezando a recoger materiales de otros campos de batalla: Leningrado, Tula, Odesa, Sebastopol y, en diciembre de 1942, Stalingrado. Se decidió hacer una crónica independiente de cada ciudad. Anteriormente, Mints había concebido dos publicaciones más. Una era la historia del Ejército Rojo, comenzando por las unidades que habían obtenido el codiciado estatus de Guardias (concedido por mostrar un extraordinario valor en combate). En marzo de 1942 una comunicación interna de la comisión declaraba: «Es primordial garantizar que todas las unidades de Guardias y todas las divisiones cuenten con una crónica de su historia de combate. Esto es lo más importante en el orden del día, ya que la historia de una unidad militar constituye un material excelente para educar a los soldados y para transmitir experiencia, conocimiento y tradición militar. Ello contribuirá a la creación de una gran historia de la Gran Guerra Patriótica en el futuro, tras la victoria».
[252] A las tropas de las divisiones de Guardias se les confirió una función similar a la de los trabajadores de choque en la historia de la industria soviética de Gorki. Así como los trabajadores más productivos servían de modelo a los peones de las aldeas rurales, las unidades de Guardias debían enseñar a los soldados de las tropas regulares a ser héroes. El modelo heroico de Gorki quedaba aún más claramente de manifiesto en la segunda publicación que Mints tenía prevista: una enciclopedia de héroes de la Unión Soviética —una colección de biografías breves reunidas a partir de entrevistas y otros documentos de todos los soldados soviéticos a los que se les hubiera concedido una estrella dorada. El propósito de esta enciclopedia era identificar ejemplos destacados y animar a los lectores a emularlos.
Las otras áreas en las que la comisión debía centrarse eran el movimiento partisano, la economía de guerra, el papel de las mujeres soviéticas y los soldados de nacionalidades distintas a la rusa en la batalla, y la ocupación alemana. Este último tema fue al que Mints se dedicó nada más quedar establecida la Comisión Histórica. El 26 de diciembre de 1941 viajó con una delegación de científicos e ingenieros a Yasnaya Poliana, la finca que León Tolstói tenía a las afueras de Tula y que durante un tiempo había caído en manos alemanas. La delegación debía hacer inventario de la destrucción causada por los invasores en la propiedad y el museo estatal sito en la misma. Mints y su equipo, acompañados de un estenógrafo, hablaron con personal del museo y granjeros del koljoz vecino que habían sido testigos directos de lo que los alemanes habían hecho. La publicación resultante de aquello constituyó un estímulo clave para la creación, en noviembre de 1942, de la Comisión Extraordinaria para la Investigación de los Crímenes de los Invasores Fascistas Alemanes. (En los juicios de Núremberg, los soviéticos
presentaron pruebas documentales reunidas por esta comisión.)[253]
Contrariamente a lo habitual en la era de Stalin, Mints casi siempre actuó sin contar con un mandato oficial. Enseguida cambió el nombre de la Comisión para la Historia de la Defensa de Moscú por el de Comisión de Historia de la Gran Guerra Patriótica. Llegó incluso a contratar trabajadores para su proyecto más amplio, pese a no haber conseguido el visto bueno de
los jefes del partido, ni por tanto sus recursos ni su autorización.[254] (Cabe recordar aquí que los proyectos de Gorki de la década de 1930 estaban basados en decretos del Comité Central y por tanto bajo la supervisión del
partido.)[255] En su diario, Mints se quejaba de la burocracia y de la falta de
apoyo de la Academia de Ciencias.[256] Sus protestas y la incierta situación de la comisión demuestran el grado de control personal que Mints tenía sobre el proyecto y cuánto dependía este de su iniciativa, aunque nominalmente él solo fuera su vicepresidente.
El profesor I. I. Mints dando una conferencia a los comandantes del Ejército Rojo cerca de Mozhaisk, 16 de febrero de 1942. Ilustrador: A. I. Yermolayev.
Según un miembro de su equipo, Mints viajó al frente muchas veces durante la guerra y pronunció cientos de conferencias ante responsables para asuntos políticos y soldados. Una y otra vez, impresionaba a los asistentes con
su incansable energía.[257] La firma de Mints aparece con frecuencia cuando se manejan materiales originales. Él recordaba insistentemente a sus colaboradores que recogieran el material con imparcialidad y que se centraran en los documentos y materiales que normalmente no se incluían en los archivos: periódicos militares, folletos, panfletos, informes de carácter político, bobinas de película, cartas personales, diarios, historias transmitidas
oralmente.[258] Su tarea consistía en dejar constancia de los esfuerzos de los civiles en la guerra así como de las operaciones de combate. Siguiendo el espíritu documental de los proyectos de Gorki, Mints albergaba la idea de una histoire totale que incluyera a todos los participantes en la guerra a través de diferentes medios.
Al principio las entrevistas fueron solo una de las muchas fuentes de información utilizadas por la comisión; con el tiempo llegaron a ser
predominantes en su trabajo.[259] En gran parte esto se debió a su popularidad entre los testigos presenciales. Soldados y partisanos insistían en ser entrevistados. Como alguien dijo, creían que «nos hemos ganado esta
atención y nuestro sitio en la Historia».[260] Debido a las numerosas personas e instituciones implicadas en el proyecto, Mints preparó unas directrices para llevar a cabo las entrevistas: «Es necesario registrar las historias reales de cada comandante, responsable para asuntos políticos y soldado, sobre episodios de combate concretos y sobre periodos enteros de su vida, sus enfrentamientos militares, pensamientos, sentimientos, etcétera». Mints recomendaba que se entrevistara primero al comandante de la unidad y al secretario político. Este enfoque de arriba hacia abajo proporcionaría a los historiadores una útil perspectiva cuando más adelante entrevistaran a los soldados, comandantes y trabajadores políticos que se habían distinguido como héroes. Cada entrevista, explicaban las directrices, debía contener información básica sobre el encuestado: «detalles biográficos sobre cada narrador: una breve información sobre su fecha y lugar de nacimiento, nombre, apellido, domicilio, afiliación al partido y ocupación laboral antes de la guerra. En ciertos casos (de especial interés) la biografía debía anotarse en detalle. Para llevar a cabo este trabajo es aconsejable el uso de la estenografía o, en caso de que no se disponga de un estenógrafo, de algún tipo de notación abreviada. Si las circunstancias lo permiten, las notas tomadas podrían ser posteriormente leídas al entrevistado y firmadas por él. Debe indicarse
cuándo, dónde y por quién fueron tomadas las notas».[261]
La idea central era arrojar luz sobre la «persona real», sus pensamientos, sentimientos y experiencias, y en relación con ello, su lugar y su papel en el combate. «Es necesario», subrayaban las directrices, «recopilar las notas de los individuos sobre cualquier tema “libre” que tenga que ver con la historia de la unidad (un episodio de combate, informe sobre algún enfrentamiento, el enemigo, el espíritu de lucha, etc.).» Mints hacía hincapié en animar a los soldados a hablar libremente y sin interrupción: «para los historiadores, sus sentimientos, pensamientos y comentarios personales son valiosos, y por tanto
deben poder expresar lo que quieran».[262] Las directrices destacaban la importancia de tomar nota de las historias de los compañeros de armas caídos, además de registrar las voces de la guerra: «Es importante tomar nota de las historias de los compañeros de armas, subordinados y comandantes fallecidos, así como de los testimonios directos de actos y muertes heroicas, a fin de conservar con la mayor exactitud posible la gloriosa imagen de los caídos».
[263] Para Mints, un comunista comprometido, la política era una parte obvia del trabajo documental. Pero él creía que no debía «separarse» de los individuos y el combate, como a menudo se hacía, sino integrarse en el conjunto total de los hechos. Las directrices concluían con los siguientes puntos: