Stalingrado

Jochen Hellbeck · Capítulo 24 de 38

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Stalingrado

El desembarco de Latoshinka

 

El 1 de enero de 1943, Vasili Grossman fue llamado a Moscú tras haber trabajado como corresponsal del Estrella Roja en Stalingrado desde septiembre de 1942. En su diario, describe la tristeza que le invadió de repente aquella Nochevieja. Aunque a su alrededor todo el mundo estaba celebrando la fiesta, Grossman pensó en un devastado batallón que él creía que había sido olvidado: «En aquella festividad, me acordé del batallón que se había pasado a Gorojov para desviar el golpe hacia sí mismo. No quedó ni un solo hombre. ¿Quién se acordará del batallón en este día de fiesta? Nadie se acuerda de los hombres que cruzaron el río aquella aciaga noche de octubre».

[109] Grossman habló con marineros de la flotilla del Volga durante su labor como corresponsal en Stalingrado; es probable que supiera del destino del batallón a través de ellos. En junio y julio de 1943, los historiadores de Moscú

entrevistaron a 46 miembros de la flotilla.[110] Muchos hicieron referencia al malhadado batallón, que encontró su final mientras trataba de asaltar una aldea en poder de los alemanes al norte de Stalingrado, en la margen oeste del Volga. Algunos de los marineros habían transportado a los soldados a la otra orilla del río, otros habían presenciado impotentes desde la orilla este cómo cada oleada de asaltantes caía bajo una descarga de fuego enemigo. Los marineros parecían muy afectados por lo que habían visto, y la mayoría lo relataban con tono grave.

Gran parte de los testimonios de los soldados entrevistados después del 2 de febrero de 1943 había pasado por el prisma de la victoria soviética. En el caso de los marineros de la flotilla del Volga, el foco se ponía en el fracaso de la operación, si bien algunos trataban de extraer un significado al hecho — incluido Grossman, que le atribuyó un objetivo que nunca existió. El batallón formaba parte de la 300.ª División de Fusileros. Provista con refuerzos de Bashkiria, Kazajistán y Uzbekistán, la división llevaba esperando su

despliegue desde mediados de octubre.[111] El 27 de octubre, el general Yeriomenko ordenó a la división que enviara un batallón reforzado al otro lado del Volga para recuperar la aldea de Latoshinka, en ese momento en

poder de la 16.ª División Pánzer.[112] De allí se suponía que debía ir en dirección sur, hacia Rinok, en ayuda de la 124.ª Brigada de Fusileros del

coronel Serguéi Gorojov.[113] El contingente, de 1200 hombres, había tenido que retroceder hacia el Volga en formación de erizo desde que quedó separado del resto del 62.º Ejército cuando los alemanes tomaron la fábrica de

tractores.[114] La segunda parte de la misión consistía en aprovechar el primer respiro que se tomara la Wehrmacht en la ofensiva que desde el 14 de octubre venía llevando a cabo para acabar con las posiciones soviéticas que quedaban. La audaz operación de Yeriomenko encarnaba perfectamente el espíritu agresivo que había llegado a reinar en el ejército soviético bajo el mando de

Stalin.[115] El informe del 1 de noviembre del personal de Estado Mayor soviético describía la maniobra de forma sucinta: «El batallón reforzado de la 300.ª División de Fusileros entró en combate a las 4.00 de la madrugada para ocupar el distrito de Latoshinka». El mismo día, la Wehrmacht informaba de que «La tentativa de varios batallones soviéticos de cruzar el Volga en dirección al norte de Stalingrado ha fracasado completamente. Un gran número de barcos rusos se han hundido, el grueso de las fuerzas rusas ha sido

destruido o hecho prisionero».[116] El 1 de noviembre, el Consejo Militar del Frente de Stalingrado envió un telegrama a Moscú para informar al alto mando soviético de que el enemigo había tomado importantes posiciones de infantería y vehículos blindados en Latoshinka, que amenazaban al insuficiente y mal equipado batallón soviético. Incapaces de contactar con el comandante de la unidad, el Consejo Militar decidió replegar el batallón hasta la orilla este al amparo de la noche. Tras sufrir un número considerable de

pérdidas, había cumplido su propósito de «atraer a las fuerzas enemigas».[117] El 4 de noviembre, Latoshinka volvía a aparecer en un informe del Estado Mayor soviético —«El batallón de la 300.ª División de Fusileros, en su lucha, había retrocedido más allá de la línea férrea y continuaba el combate en la zona de embarque de Niskovodnaya»— antes de ser eliminada de los anales

del Ejército Rojo.[118]

Latoshinka llevaba en manos alemanas desde el 23 de agosto. Una columna de la 16.ª División Pánzer, comandada por el general Hans Hube, cruzó el Don el 23 de agosto y a la tarde siguiente había llegado al Volga, a unos 65 kilómetros más al este. Esto permitió la creación del cordón septentrional que la 308.ª División de Fusileros de Gurtiev trató de romper en septiembre. Un relato de la división alemana describe el momento en que los pánzers llegaron a la «emblemática orilla oeste» del río:

«Serena y majestuosa, la ancha y negra corriente llevaba a las barcazas río arriba; más allá, la

estepa asiática se extendía sin fin en todas direcciones; las caras de los hombres reflejaban orgullo,

entusiasmo y asombro. […] Los hombres se atrincheraron en las aldeas de la periferia de Dachi y

Latoshinka acurrucados entre los viñedos. Tras semanas de lucha en la pelada estepa, esperaban

poder descansar unos pocos días en aquel delicioso y mágico jardín lleno de nogales, robles,

dulces castañas, patatas, tomates y vino.»

Pero el paraíso no duró mucho.

«En unos pocos días la región norte de Stalingrado se había convertido en ruinas y la lucha se

había vuelto otra vez implacable.»[119]

La crónica continúa con la descripción del desembarco soviético a finales de octubre. A diferencia de las fuentes soviéticas, esta recalca la superioridad numérica de la fuerza soviética:

La noche del 30 de octubre, los rusos trataron otra vez de introducirse en Latoshinka. Ya a primera

hora de la noche, los hombres del grupo de combate de Stehlke se despertaron con el revuelo que

llegaba del otro lado del Volga. A medianoche, cañoneros y remolcadores empezaron a acercarse a

la orilla. El grupo blindado abrió fuego sobre la estación de tren del Volga. Tres barcos, con

cincuenta rusos cada uno, se hundieron, otros resultaron dañados y se dieron la vuelta. Tres barcos

consiguieron desembarcar en Latoshinka, en su extremo noreste y en el sur. Las tropas

consiguieron alcanzar la costa pese al fuego de las ametralladoras y la artillería, abrirse paso hasta

Latoshinka y atacar. El teniente Wippermann (de la 16.ª Unidad Antiaérea Acorazada) y su tropa

resistieron pese a los superiores ataques del enemigo y consiguieron infligir algunas bajas en él.

Sesenta rusos cambiaron su línea de ataque en dirección sur, hacia Rinok. Bajo el fuego de la 2.ª

de Ingenieros de Combate 16, el grupo, salvo algunas pequeñas bolsas, quedó destruido, y el

mando, desmoronado.

El grupo enemigo del norte logró abrirse paso hasta el puesto de mando de la 3.ª de Ingenieros

de Combate 16. Pero el teniente Knoerzer y su compañía se mantuvieron firmes. Durante un

intenso intercambio de fuego, la división preparó un contraataque sistemático para destruir las

tropas enemigas que habían logrado desembarcar. Cuando la iniciativa se puso en marcha, los

rusos respondieron con toda su artillería. Pero no sirvió de nada. En el puesto de mando de la

compañía, 56 rusos salieron con los brazos en alto; a la una del mediodía habían sido capturados

36 prisioneros más.

Entretanto, los rusos que estaban al norte desembarcaron con refuerzos y mayor potencia de

artillería. Al grito de «¡Hurra!», atacaron por el sur, pero a lo largo del día nueve carros de

combate consiguieron hacerles retroceder hasta el extremo norte de Latoshinka.

Durante los días siguientes, los restantes invasores fueron muertos o capturados, consiguiendo

de este modo que Rinok no fuera atacado. Durante las noches del 2 y 3 de noviembre, frustramos

varios intentos de desembarco con barcos más grandes. Una nueva purga acabó con los últimos

nidos de resistencia. El valiente grupo de combate, muy inferior en número, bajo la hábil dirección

del comandante Strehlke, se había hecho dueño de la situación: cuatrocientos hombres del 1049.º

Regimiento de Fusileros de la 300.ª División de Bashkiria había caído en sus manos. El teniente

Gerke recibió la cruz de caballero por la valiente defensa de sus hombres.[120]

 

Si comparamos el relato alemán y el soviético, podemos ver por qué fracasó el desembarco. Contrariamente a lo que Yeriomenko creía, el ataque soviético no llegó por sorpresa: varias tentativas de desembarco llevadas a cabo en las semanas anteriores habían hecho que los soldados de la 16.ª División Pánzer estuvieran en guardia. Otro factor fue la falta de coordinación entre las tropas soviéticas. En concreto, el batallón no recibió apoyo de la artillería mientras trataba de establecer una cabeza de puente. Al recibir el 31 de octubre la orden del alto mando del Frente de Stalingrado de acudir en ayuda de los soldados de la 300.ª División de Fusileros, el jefe de Estado Mayor del 66.º Ejército preguntó por qué su personal no había tenido noticia del desembarco. Dos días antes, explicaba, el 66.º Ejército y la flotilla del

Volga también habían intentado llegar al coronel Gorojov desde el norte.[121] Los relatos de los marineros detallan también la desastrosa decisión del jefe de la 300.ª División de Fusileros, el coronel Ivan Afonin, de enviar una remesa tras otra de barcos cargados de soldados a caer bajo el fuego alemán, con la amenaza de que cualquiera que se resistiera sería ejecutado sumariamente. Probablemente Afonin temiera ser reprendido por cobardía si actuaba de otro modo. Sin embargo, los comandantes que participaron en la operación mostraron una tenacidad que parecía indicar que habían internalizado la orden de Stalin de «ni un paso atrás». Curiosamente, la cuestión del valor en el combate adquirió un componente étnico: la mayoría de los marineros rusos de la flotilla del Volga criticaban a los soldados no rusos de la 300.ª División de Fusileros por su pobre actuación en combate.

El 9 de noviembre, el general Yeriomenko redactó un informe para Stalin en el que justificaba el fracaso de los comandantes y jefes de división a cargo de la operación (atribuyéndolo a su falta de experiencia). En dicho informe, Yeriomenko apuntaba que solo quedaban 169 de los 910 soldados y comandantes del batallón original, y enumeraba las pérdidas materiales con todo detalle. Pero también destacaba los beneficios de la operación de desembarco: «La unidad cumplió con la tarea de alejar a las fuerzas del área de Rinok. El enemigo se vio obligado a neutralizar el desembarco de nuestras fuerzas sacando tanques, artillería e infantería del área de Rinok y

Spartakova».[122] En sus memorias, Yeriomenko dedicaba solo un pequeño párrafo a los hechos acaecidos en Latoshinka, repitiendo la explicación que le

había dado a Stalin.[123] El general Chuikov nunca mencionó el episodio, ni tampoco lo hizo el historiador soviético de la batalla, Alexander Samsonov.

En sus memorias, Isaak Kobilianski, que había servido como artillero en la 300.ª División de Fusileros, describió el primer ataque sobre Latoshinka. Desde su puesto en la orilla este, escuchó ruido de combate procedente de la aldea y entonces el contacto por radio se perdió. Por la noche, un soldado que regresó de allí cruzando el río a nado, comunicó el triste final del batallón. Se suponía que Kobilianski iba a participar en el segundo intento de desembarco, pero su barco quedó inutilizado por el mortero alemán, salvando probablemente su vida. «El batallón de Latoshinka sufrió un trágico destino», concluye. «De los novecientos hombres, casi todos acabaron prisioneros,

muertos o heridos.»[124]

El 23 de noviembre, los soviéticos recuperaron Latoshinka como parte de una gran ofensiva. Dos días más tarde, el capitán Piotr Zayonchkovski llegó a la destruida aldea. Su misión era registrar los crímenes de guerra cometidos por los alemanes. En las posiciones del enemigo encontró cuerpos de los soldados del Ejército Rojo que habían sido «brutalmente torturados», presumiblemente durante interrogatorios. (Sus impresiones pueden leerse con más detalle en la página 459.) Varios meses después, representantes de la Comisión Estatal Extraordinaria para el Esclarecimiento e Investigación de Crímenes Perpetrados por los Invasores Fascistas entrevistó a los supervivientes residentes en Latoshinka. De este modo se enteraron de que la 16.ª División Pánzer, tras la toma de la idílica aldea, había «instalado un “nido de amor” en un agujero, secuestrado a todas las muchachas atractivas y las había retenido allí a punta de pistola». Todas las mujeres jóvenes del

pueblo fueron violadas.[125]

 

Los entrevistados (por orden de aparición)

 

Yuri Valerievich Liubimov —Teniente, oficial de derrota para un

destacamento de patrulleras blindadas, oficial de comunicaciones para el

Grupo Norte de la Flotilla Militar del Volga

Yakov Vasilievich Nebolsin —Teniente, artillero del buque insignia, brigada

de barcos fluviales, Flotilla Militar del Volga

Serguéi Ignatievich Barbotko —Teniente, comandante de la patrullera

blindada n.º 41.

 

Buque blindado de la Flotilla Militar del Volga, cargado de tropas antes de un desembarco, octubre de 1942. Fotografía de A.

Sofyin.

Vasili Mijailovich Zaginailo —Subcomandante del cañonero Chapayev. Piotr Nikolayevich Oleinik —Brigada, subcomandante de la patrullera

blindada n.º 13

Semion Alexeyevich Solodchenko —Brigada, timonel de la patrullera

blindada n.º 11

Ivan Kuzmich Reshetniak —Brigada, oficial de transmisiones de la

patrullera blindada n.º 34

Ivan Alexandrovich Kuznetsov —Teniente de navío, comandante del

cañonero [126] Usiskin

 

Yuri Valerievich Liubimov (Teniente, oficial de derrota para un destacamento de patrulleras blindadas, oficial de comunicaciones para el Grupo Norte, Flotilla Militar del Volga): La operación de Latoshinka fue organizada y dirigida por el capitán Fiodorov y el coronel Afonin, comandante de la 300.ª División de Fusileros. La fuerza de desembarco estaba integrada por soldados de la 300.ª División de Fusileros que fueron transportados en una patrullera blindada con un importante apoyo de artillería de los buques de guerra de [la flotilla del] Grupo Norte. El propósito de la operación era tomar Latoshinka y conectar con las fuerzas de ataque de

Gorojov,[127] mejorando de este modo la situación de las fuerzas soviéticas en este sector del frente. El plan era que dos patrulleras blindadas fueran desde Ajtuba al área sur de Latoshinka y desembarcara un grupo de hombres de la 300.ª División de Fusileros. Mientras, otras dos patrulleras debían partir de la bahía de Shadrinski para desembarcar otro contingente en el extremo norte de

Latoshinka.[128] Se suponía que los dos primeros grupos de desembarco debían recibir refuerzos transportados en remolcadores mientras la operación estaba en marcha. Pero las cosas no salieron conforme a lo planeado.

Una de las patrulleras blindadas del grupo de Ajtuba estaba teniendo problemas con los motores, de modo que en la otra se subieron a bordo dos destacamentos de desembarco (unos noventa hombres). El enemigo avistó esta embarcación justo en el momento en que salía de Ajtuba. El intenso fuego de mortero y ametralladoras causó un muerto y veinte heridos, por lo que se vieron obligados a regresar a Ajtuba. Pero pese a este revés, la acción tuvo el efecto de desviar el fuego del otro grupo de desembarco (de la bahía de Shadrinski), que de este modo pudo proceder y tomar tierra sin ser apercibido, desembarcando sin incidentes y ocupando el área comprendida entre la orilla del río y la línea férrea de este lado de Latoshinka. Entonces llegaron refuerzos para dar apoyo a la primera remesa. Una vez que los heridos fueron sacados del barco, el grupo de Ajtuba volvió a bordo y desembarcó en el área al norte de Latoshinka. En total desembarcamos casi a un batallón de hombres de la 300.ª División de Fusileros. El barco de Ajtuba soltó una descarga de proyectiles Katiusha (M-13) antes de desembarcar sus tropas. Pero debido a la mala dirección del destacamento de desembarco (el batallón perdió a su comandante), las tropas quedaron divididas en varios grupos pequeños y perdieron el contacto entre sí. Cuando los alemanes descubrieron a la fuerza de desembarco, enviaron carros de combate a enfrentarse a este grupo desmantelado, sin dirección, y lo aplastaron. La fuerza de desembarco no presentó ninguna resistencia organizada, ni por supuesto ninguna acción de ataque.

Yakov Vasilievich Nebolsin (Teniente, artillero del buque insignia, brigada de barcos fluviales, Flotilla Militar del Volga): Hacia finales de octubre, la 300.ª División de Fusileros vino a defender la orilla este del Volga

desde Osadnaya Balka[129] [130] hasta Srednye-Pogromnoye y empezó a dar apoyo de artillería a la 124.ª Brigada de Fusileros. La noche del 1 al 2 de noviembre, varias unidades del batallón llevaron a cabo un desembarco táctico en la aldea de Latoshinka. Había dos compañías de la 300.ª División y una de la Flotilla Militar del Volga. Para cuando desembarcaron, todo el personal de mando había muerto. Su barco iba el primero y había sido hundido, y todos los jefes del batallón murieron. No se estableció una jefatura sobre el terreno y todo el destacamento de desembarco se vio empujado hacia el extremo norte de Latoshinka, donde su utilidad era nula.

Serguéi Ignatievich Barbotko (Teniente, comandante de la patrullera blindada n.º 41): El 30 o 31 de octubre se llevó a cabo un desembarco en la zona de Latoshinka y Vinovka. La operación de desembarco, en mi opinión, no estuvo bien planeada. Hubo un desfase entre el primer grupo de desembarco y el segundo. Los mandos a cargo del desembarco se encontraban todos a bordo de un transbordador que se hundió antes de llegar a la orilla. Un remolcador cargado con artillería y refuerzos llegó muy tarde, dando de este modo tiempo a los alemanes a reagruparse. Afonin, el comandante de la 300.ª División de Fusileros, se jactaba de contar con 160 piezas de artillería con las que darnos apoyo, pero ni una de ellas realizó ni un solo disparo durante la operación. La AC-41 y la AC-14 efectuaron cada una una única descarga de cohetes. Los alemanes trajeron carros y artillería y empezaron a disparar a quemarropa contra las fuerzas y los vehículos de desembarco.

Vasili Mijailovich Zaginailo (Subcomandante del cañonero Chapayev): El destacamento de desembarco estaba integrado por soldados de la 300.ª División de Fusileros (coronel Afonin). Las tropas desembarcaron sin ninguna artillería. El desembarco en sí fue un éxito. Pero en lugar de contar con un apoyo continuo para el ataque, se estableció un límite de proyectiles de artillería. Las fuerzas del desembarco tuvieron que luchar con granadas, sin ayuda de la artillería. Los fascistas trajeron seis tanques y artillería, disparando con todo ello directamente a nuestros hombres. No teníamos comunicación con el destacamento de desembarco. No sabíamos a quién disparar. El capitán Lisenko fue con la patrullera AC-23 para dar más apoyo a la operación y establecer comunicación con el destacamento de desembarco. Una bomba incendiaria impactó en el barco mientras navegaba hacia Latoshinka. Lisenko resultó gravemente herido y murió poco después.

El capitán Fiodorov [131]dirigía la operación desde mi punto de observación. Nos ordenó disparar proyectiles con detonadores de tiempo sobre la parte norte de Latoshinka. Yo lancé unos cuarenta y luego dejé de disparar.

Piotr Nikolayevich Oleinik (Brigada, subcomandante de la patrullera blindada n.º 13): El 30 de octubre pasamos todo el día en la bahía de Shadrinski, bien camuflados. Por la noche subimos a bordo unos setenta hombres con armas y munición (se supone que podíamos llevar hasta diecinueve). Llegamos a la otra orilla a las doce y media, sin atraer mucho la atención. Pero acabamos doscientos o trescientos metros más abajo del punto del río previsto, justo delante de las narices del enemigo. En el mismo momento en que las tropas estaban desembarcando, cayó sobre nosotros un intenso fuego. Pero como los puntos desde los que disparaban estaban en alto, y nosotros no quedábamos directamente en su línea de fuego, todos los proyectiles caían a popa, aunque un cañón nos disparaba directamente desde un promontorio situado sobre nuestro lado del puerto. Los subfusileros alemanes fueron acercándose sigilosamente y empezaron a dispararnos en la oscuridad.

La fuerza de desembarco, en su mayoría kazajos,[132] se movía lentamente debido a su escaso entrenamiento y al miedo. Teníamos que obligarles a salir del barco. Nuestros marineros descargaron su munición. Todo se desembarcó en pocos minutos.

Cuando emprendimos el regreso, empezaron a dispararnos con todo tipo de armas: morteros, ametralladoras, cañones, subfusiles. Tras nuestra partida bajo fuego enemigo, conseguimos llegar a la bahía de Shadrinski. Estuvimos bien camuflados durante el día. La aviación enemiga nos estuvo buscando pero no logró encontrarnos.

La AC-23 (teniente Bitko) estaba en el lado sur transportando a los subfusileros, pero no pudieron desembarcar. La patrullera recibió muchos impactos y sufrió muchas pérdidas.

Semion Alexeyevich Solodchenko (Brigada, timonel de la patrullera blindada n.º 11): El 29 de octubre, la AC-11 y la AC-13 se dirigieron a la bahía de Shadrinski y fueron puestas a disposición de la 300.ª División de Fusileros. Nos habían dicho que iban a transportar un contingente de desembarque equivalente a un batallón a Latoshinka. Había dos remolcadores además de las patrulleras blindadas. Moroz estaba a cargo de la operación. Íbamos despacio, porque llevábamos ochenta personas a bordo. Tan pronto como desembarcamos empezaron a dispararnos. Pero el desembarco fue rápido y en diez minutos había terminado. Salimos a toda prisa, disparando a la vez. Cuando regresamos nos ordenaron repetir la operación. Esta vez nos encontramos con un fuego intenso, que nosotros devolvimos una vez más. En la segunda ocasión resultaron heridos nueve hombres del destacamento. Nos los trajimos. Cuando volvimos nos enteramos de que la remolcaldora había descargado a sus soldados pero no había podido descargar las armas. La segunda remolcadora, que transportaba a los mandos, fue hundida antes de poder desembarcar. A la noche siguiente, la operación ya solo contaba con la AC-13.

Piotr Nikolayevich Oleinik (Brigada, subcomandante de la patrullera blindada n.º 13): Al día siguiente llevamos a algunos operadores de ametralladora que no habían subido al AC-23 —68 subfusileros y un oficial de comunicaciones de la 300.ª División de Fusileros, que debía recibir información y establecer comunicaciones entre el contingente de desembarco y la división. Fue en medio de la noche, pero era una noche luminosa por culpa de la luna, lo cual nos hizo maldecir nuestra suerte antes de ponernos en marcha hacia la orilla oeste. Los soldados no sabían adónde iban ni por qué. Nos preguntaban a nosotros, pero lo único que nosotros conocíamos era el punto de desembarco. Era un caos total. Y cuando acabamos de dejarlos en tierra y regresamos, nos ordenaron «transferir al destacamento de desembarco» aunque ya habíamos concluido la operación hacía rato. Los subfusileros estuvieron bajo el fuego enemigo durante unas dos horas, poniéndose a cubierto tras un ferry del río averiado. El motor no estaba parado del todo. Nos estaban disparando, pero los proyectiles y los morteros caían a popa. El teniente Vashchenko hizo apagar el motor. Los alemanes dejaron de disparar al poco tiempo. Al parecer, nos habían perdido el rastro. Las tropas desembarcaron, los oficiales de comunicaciones estaban esperándoles, y nosotros subimos a bordo a los heridos. Recogimos a 36 hombres. Uno de ellos era un politruk herido que había tomado parte en el primer desembarco; dijo que muchos hombres de su destacamento de desembarco habían muerto y que algunos se habían rendido vergonzosamente.

Nuestro comisario de división Zhurovko [133] y el marinero Larin se acercaron andando hasta la orilla para supervisar a los heridos que querían subir al barco. Descubrieron a varios falsos enfermos y desertores que se habían vendado los brazos y las piernas para hacerse pasar por heridos. Nosotros nos trajimos a algunos de los heridos y a otros nos los trajeron. Arrancaron el motor. El enemigo volvió a abrir un intenso fuego sobre nosotros. Regresamos a la bahía de Shadrinski a toda velocidad.

Yuri Valerievich Liubimov (Teniente, oficial de derrota para un destacamento de patrulleras blindadas, oficial de comunicaciones para el Grupo Norte, Flotilla Militar del Volga): Creo que la razón principal del fracaso de la operación de desembarco fue la ausencia de un liderazgo claro. El capitán Fiodorov —que fue quien organizó la operación— se pasó por allí para darnos sus «instrucciones» y se marchó. No volvió a aparecer, seguramente esperaba que todo funcionaría bien bajo el mando del comandante de la 300.ª División de Fusileros. Pero el comandante de la división de fusileros no estaba preparado para este tipo de operación. Durante la misma, a menudo dio órdenes completamente ridículas, apoyadas siempre en la amenaza de dispararte allí mismo. Durante la jornada del 1 de noviembre, por ejemplo, dio órdenes a una patrullera de transportar a un oficial de comunicaciones a la zona de desembarco, aun siendo a todas luces evidente que no podían ir allí, que los alemanes les matarían, y que no conseguirían llegar ni a la mitad del río. Y eso fue exactamente lo que ocurrió. Cumpliendo sus órdenes, la AC-23 recibió un impacto en medio del río y se hundió antes de alcanzar la orilla.

Semion Alexeyevich Solodchenko (Brigada, timonel de la patrullera blindada n.º 11): A las cuatro de la madrugada recibimos la orden de llevar a dos oficiales de comunicaciones a la orilla oeste y esclarecer la situación en torno a Latoshinka. Nos encontramos con un fuego muy intenso según nos íbamos aproximando. Nos disparaban con ametralladoras, subfusiles, cañones, morteros. Uno de los oficiales de comunicaciones dijo que probablemente aquel no era un buen lugar para desembarcar. «Retrocedamos», dijo, «e intentemos ir río arriba.» De allí también nos llegaba fuego directo. Nos acercamos todavía más a la orilla. Pero el oficial de comunicaciones no quería venir. A la tercera llegamos a estar pegados a la orilla, pero el oficial se negaba a desembarcar.

En vista de su negativa, nos dimos la vuelta y emprendimos el regreso.

Durante esta operación recibimos un montón de impactos de proyectiles, morteros y descargas de munición perforadora. Cuando volvimos a informar de la situación al cuartel general de la división de fusileros, no nos creyeron y culparon de todo al oficial de comunicaciones. En ese momento, la AC-23 atracó en la bahía de Shadrinski. Enviaron a la AC-23. El subcomandante Zhuravkov iba a bordo. Cuando la embarcación se aproximó a la orilla, los alemanes descargaron una lluvia de fuego. (Nosotros lo vimos.)

Sin dejar de responder al fuego, dieron la vuelta y regresaron. Al poco, vimos que el barco estaba escorando, pero consiguió llegar a la orilla este y varar en tierra. Media docena de hombres estaban heridos. El marinero Kazakov resultó muerto, el primer timonel, Vasiliev, no tardó en morir a causa de sus heridas, y el politruk Zhurakov, que había sido herido, tuvo que ser llevado al hospital por la fuerza. En cuanto pudo se escapó de allí para volver con su unidad. (Escribieron sobre ello en los periódicos.)

Piotr Nikolayevich Oleinik (Brigada, subcomandante de la patrullera blindada n.º 13): Al tercer día, la AC-11 y la AC-13 (el teniente Tseytlin estaba al mando de la AC-13; ahora comanda un destacamento de dos patrulleras) recibieron la orden de recoger a la fuerza de desembarco. Cuando nos aproximábamos a la orilla oeste, aparecieron entre trece y quince tanques. Entonces se desató el caos. Estaba oscuro, íbamos a ciegas. El fuego era tan intenso cuando llegamos que no había manera de acercarse. El jefe del destacamento nos ordenó que volviéramos. Pero no podíamos volver, porque nuestra patrullera, la AC-13, había encallado y la AC-11 estaba justo detrás. Habíamos acabado en un banco de arena. Pero no podíamos perder ni un segundo. La torreta de la ametralladora de popa había recibido un fuerte impacto. Fue la primera grieta causada por las bombas. Antes de eso nos habían hecho muchos agujeros, pero de bala. El fuego de artillería dañó la dirección del barco. El enemigo estaba a treinta metros de distancia. La AC-11 también sufrió daños. Pero nadie perdió la calma. Nuestro comandante, el teniente Vashchenko, me ordenó, como primer timonel, que pasara al segundo timón. Pero no sirvió de nada, porque la transmisión no funcionaba. Desde fuera, parecía que el barco estaba ardiendo. Las balas no dejaban de llover. Le dije al comandante que estábamos sin dirección. Loza, el ingeniero jefe, me oyó y dio «atrás toda». El barco pegó una sacudida, tiró hacia atrás y se separó de la orilla. La AC-11 se había salido justo un poco antes.

Semion Alexeyevich Solodchenko (brigada, timonel de la patrullera blindada n.º 11): Cuando llegamos al barco, vimos que tenía tres impactos de bomba y otros tres de proyectiles perforadores, además de un montón de agujeros de bala causados por las ráfagas de ametralladora.

La AC-13 también regresó junto a nosotros. Entonces, un teniente coronel de la 300.ª División de Fusileros vino y nos gritó: «¿Por qué no cumplís vuestras órdenes?». Nosotros empezábamos a andar escasos de combustible. Moroz respondió diciendo que él «no podía salir». El teniente coronel, empuñando un máuser, le gritó: «Te dispararé». Entonces Moroz dio la orden de partir. Los barcos salieron. El teniente coronel caminaba por la orilla del río con su máuser. Moroz decidió dejar la AC-11 en la bahía de Shadrinski y llevar la AC-13 a Ajtuba.

Serguéi Ignatievich Barbotko (Teniente, comandante de la patrullera blindada n.º 41): Perdimos la AC-34 a la mañana siguiente. Lisenko, el laureado y valiente jefe del Grupo Norte, iba a bordo, y murió como un héroe. Las circunstancias de su muerte fueron estas: aquel día el coronel Afonin dijo que lo que quedaba de la fuerza de desembarco debía ser informada de que estaba siendo retirada. La AC-34 y la AC-381 partieron para recoger a las tropas restantes. Lisenko trató de explicar que el destacamento de desembarco no estaba allí y que los barcos se estaban yendo sin motivo. Entonces Afonin acusó a Lisenko de cobardía. No queriendo traicionar el uniforme de un oficial naval, el propio Lisenko partió en la AC-34. Una bomba cayó sobre la patrullera, destruyendo la cadena de guardín. Sin control del timón, la embarcación encalló a unos cien o 120 metros de distancia del enemigo. Los alemanes empezaron a lanzarles directamente proyectiles incendiarios. La AC-41, que les estaba dando cobertura, disparó seis descargas, lanzando 96 proyectiles sobre las posiciones de fuego del enemigo. Sacaron un mortero de

seis bocas (un Vaniusha)[134] e instalaron varias posiciones de artillería.

Pese a todo, los tanques enemigos siguieron disparando sobre la patrullera. Los soldados que habían sido hechos prisioneros durante la operación de desembarco habían dado a los alemanes las posiciones de nuestras patrulleras blindadas. Al día siguiente, la aviación alemana lanzó un ataque sobre estas posiciones, en las que se hallaban localizadas patrulleras, municiones, combustible, así como el cañonero Usiskin. Un cazabombardero atacó la AC-41. Varias bombas explotaron a entre quince y veinte metros de distancia. Murieron tres hombres (un operador de radio y dos artilleros). Estas fueron las pérdidas que sufrimos durante el periodo de las operaciones de combate en Stalingrado. El fuego de la artillería alemana era muy impreciso y por eso no causó ningún daño. El fuego de mortero era más preciso. Por ejemplo, los morteros alemanes prendieron fuego a la AC-74 mientras se aproximaba a la orilla.

Yuri Valerievich Liubimov (Teniente, oficial de derrota para un destacamento de patrulleras blindadas, oficial de comunicaciones para el Grupo Norte, Flotilla Militar del Volga): Un reducido número de soldados consiguió escapar y abrirse camino hasta la brigada de Gorojov, que tampoco había iniciado aún las acciones ofensivas en apoyo del desembarco. Los grupos del contingente de desembarco lucharon por separado y con toda determinación contra el enemigo.

La lucha continuó durante los días 1 y 2 de noviembre. Durante la operación de desembarco, había barcos del Grupo Norte preparados para prestar apoyo de artillería a las tropas. Estaban esperando que una bengala les diera la señal. Pero no hubo ninguna bengala, de modo que no abrieron fuego aquella noche. Por la mañana, cuando vimos refuerzos alemanes camino de Latoshinka, les disparamos con Katiushas desde las patrulleras armadas y con la artillería de los cañoneros. La 300.ª División de Fusileros también nos proporcionó apoyo de artillería, no aquella noche, sino durante el día, cuando los destacamentos de desembarco estaban a la defensiva.

Aquellas tropas no estaban en realidad entrenadas (estaban integradas en su mayoría por minorías nacionales, personas que no sabían manejar un arma y carecían de disciplina).

[…] El capitán Tsibulski, jefe de Estado Mayor de la 1.ª Brigada, llegó al cuartel general del Grupo Norte el 2 de noviembre. Ordenó que dos patrulleras blindadas fueran a la zona de desembarco a las diez de la noche a recoger lo que quedara del destacamento de desembarco, dado que su presencia continuada allí no tenía sentido. A medianoche, dos patrulleras blindadas salieron de la bahía de Shadrinski: la AC-34 (teniente Glomazdin) y la AC-387 (teniente Lukin). El comandante de división, el capitán Lisenko, y el jefe del destacamento, el teniente Moroz, iban a bordo de la AC-34. Los barcos fueron detectados en medio del río por los reflectores alemanes y el enemigo abrió fuego de inmediato. Concentraron toda su potencia de fuego en los barcos: no solo la de la artillería, ametralladoras y morteros, sino también la de los tanques. Todos les disparaban directamente a ellos. Además de los mandos que ya he mencionado y sus tripulaciones, en cada barco iban cinco marineros con fusiles automáticos. No había manera de sofocar el fuego enemigo. Aunque las patrulleras recibieron apoyo de los cañoneros del Grupo Norte y del regimiento de artillería de la 300.ª División de Fusileros, nada surtió el efecto deseado porque disparaban sin hacer ningún ajuste, basándose solo en los fogonazos de los alemanes.

Las patrulleras no podían llegar hasta la orilla. No podían acercarse a más de quince metros, por lo que se vieron obligadas a volver. Por el camino, la AC-34 perdió el control porque la cadena de guardín del barco resultó dañada y encallaron. Al verlo, el enemigo intensificó su fuego. La patrullera quedó bajo un fuego directo desde escasa distancia. La segunda patrullera (AC-387) trató de sacar a la primera de la orilla, pero sin éxito. Estaba encallada. Debido al intenso fuego enemigo, casi todos los que estaban a bordo murieron o resultaron heridos. El capitán Lisenko —herido y desangrándose (había sido alcanzado en ambos muslos)— ordenó que la AC-387 siguiera donde estaba, incluso cuando la lluvia de fuego fue aumentando más y más. El comandante y parte de la tripulación de la AC-387 subieron a bordo de la AC-34 para tratar de rescatar a los que sufrían hemorragias más severas. El comandante del destacamento, Moroz, había sido gravemente herido por un proyectil incendiario que le estaba haciendo arder vivo. El comandante de la AC-34 también resultó herido grave. Ambos estaban desangrándose, pero no había nadie ni nada para vendarles. Moroz se hizo un torniquete con un cable de teléfono. El otro extremo seguía aún conectado al circuito. Mientras su comandante y algunos miembros de la tripulación estaban a bordo de la AC-34, el resto de los tripulantes de la AC-387 pusieron en marcha el motor, retrocedieron y se marcharon, abandonando a su cruel suerte a su comandante y a sus camaradas. Sobre las cuatro de la madrugada del 3 de noviembre, Tsibulski me ordenó llevar una motora hasta nuestros agonizantes camaradas de la AC-34, recoger a los heridos y a los supervivientes, y trasladarles a la

orilla. El [135] politruk Lemeshko y el teniente Perishkin (comandante del 2.º

Destacamento de Patrulleras Blindadas)[136] vinieron conmigo. El bombardeo era incesante. Cuando llegamos a la patrullera atacada, nos encontramos ante un desolador panorama de muerte y destrucción. Casi todos los que estaban a bordo habían muerto o estaban heridos, entre charcos de sangre. Algunos ardían envueltos en llamas azules, se estaban quemando vivos a causa de las bombas incendiarias. Lisenko y Moroz seguían vivos, pero habían perdido mucha sangre. Los llevamos junto con otros heridos a nuestra motora, y allí les prestamos los primeros auxilios. En lugar de seis, conforme a lo recomendado, éramos catorce en la motora. Seguíamos atrapados en el cauce del río, tratando de avanzar hacia la orilla oeste, bajo un fuego constante. Prometimos a los que allí quedaron que pronto volveríamos a ayudarles o que enviaríamos a otros a hacerlo. Mientras trasladábamos a los heridos de la patrullera a nuestra lancha, fui alcanzado por tres fragmentos de proyectil en el brazo y la pierna izquierdos.

Los camaradas que dejamos en la AC-34 no llegaron nunca a recibir esa ayuda. A la noche siguiente tres marineros fueron hasta la patrullera en un bote salvavidas. Durante algunas noches más, el bote volvió varias veces. Consiguieron rescatar al operador de radio Reshetniak, que seguía vivo y que tomó consigo algunos documentos con información sensible, así como el instrumental de más valor. […]

El heroico Reshetniak fue el único superviviente de la AC-34. Pasó el día del 3 de noviembre en la sala de radio y, pese al devastador fuego enemigo y los reiterados bombardeos aéreos, actuó con una valentía extraordinaria. Continuó manteniendo comunicación por radio con su puesto de mando, rodeado de cadáveres y de aquel panorama de absoluta destrucción. Reshetniak fue nominado para el título de Héroe de la Unión Soviética, pero recibió la Orden de Lenin. Los marineros Beliayev y Zayats, que fueron los que llevaron un bote salvavidas hasta la destruida patrullera, también fueron condecorados: el primero con la Orden de la Bandera Roja, y el segundo con la Medalla al Valor. El capitán Lisenko fue conducido a un búnker de la bahía de Shadrinski, donde murió una hora después, al parecer por la pérdida de sangre. Moroz murió en un hospital dos semanas más tarde.

Yakov Vasilievich Nebolsin (Teniente, artillero del buque insignia, brigada de barcos fluviales, Flotilla Militar del Volga): Mientras nos aproximábamos al lugar, desde la bahía de Shadrinski, la AC-34 encalló, lo que hizo que pudiera ser atacada desde muy corta distancia por una batería de artillería de Latoshinka. El capitán Lisenko, comandante de la división, y el teniente Moroz, al mando del destacamento, estaban a bordo. Toda la tripulación, incluidos los jefes de división y del destacamento resultaron heridos, y algunos muertos. Todos, excepto el operador de radio Reshetniak. Cuando la lancha motora llegó para sacar a la tripulación de la patrullera, el capitán Lisenko, que había sido herido por una bomba termita, les dijo «no os llevaréis a ninguno de nosotros, vamos a luchar hasta la muerte». Cuando perdió el conocimiento, el capitán Lisenko fue trasladado al batallón médico de la 300.ª División, donde murió siete horas después a causa de las heridas.

Ivan Kuzmich Reshetniak (Brigada, oficial de transmisiones de la patrullera blindada n.º 34): Durante la operación de desembarco en Latoshinka del 3 de noviembre de 1942, nuestra patrullera blindada recibió la orden de ir en misión de reconocimiento a la orilla y ver qué estaban haciendo los destacamentos de desembarco. En esta operación participaban la AC-34 y la AC-379. A bordo de la AC-34 iban el jefe del destacamento Moroz y el capitán Lisenko. El capitán Tsibulski, jefe de Estado Mayor de la 1.ª Brigada de Barcos Fluviales, también había llegado al lugar objetivo de reconocimiento. Él tenía su propia radio y su operador. Nos dijeron que mantuviéramos contacto con esta radio, y así lo hice durante toda la operación.

A medianoche salimos de la bahía de Shadrinski y pusimos rumbo a la orilla del río, que estaba bajo el control del enemigo. Cuando nos aproximábamos a la orilla, la artillería enemiga abrió fuego. El teniente Glomozdin estaba al mando de nuestra patrullera. Era exigente y muy valiente. Nunca daba marcha atrás en una misión. No había fuego de artillería bastante para hacerle recular en su decisión. Glomozdin decidió desembarcar en otro punto. Mientras nos acercábamos a la orilla, una bomba incendiaria cayó sobre la torre de mando, que era donde se encontraban los jefes de la división y del destacamento. Volkov, el timonel, y Tropanov, el operador de radio, también estaban allí. Aquella bomba hirió al capitán Lisenko, al teniente Moroz y al teniente Glomozdin. También dejó inutilizado el mecanismo de dirección del barco. Perdimos el control de la patrullera y encallamos en la arena. Yo me mantenía en constante contacto por radio con Tsibulski, pero cuando nos quedamos varados el jefe del destacamento me ordenó transmitir al mando de la brigada que habíamos encallado y que necesitábamos ayuda para evacuar a los heridos. El mensaje fue transmitido al jefe de Estado Mayor de la brigada. Al mismo tiempo, envié un mensaje al AC-379 (antes AC-44): «Vengan a sacar a la AC-34 del banco de arena y llevarla a la bahía de Shadrinski».

La AC-379 recibió el mensaje y se dispuso a cumplir las órdenes. Trataron de remolcar la AC-34, pero la embarcación estaba tan encallada que el cable de acero que estaban usando se partió en dos. Lo intentaron con un segundo cable, pero este también se rompió. Durante el tercer intento por sacar a la patrullera de la arena, la AC-379 sufrió un fallo mecánico. El capitán Lisenko me ordenó que informara al jefe de Estado Mayor de la brigada de los problemas mecánicos de la AC-379. Nos respondieron diciendo que se había enviado una motora para los heridos. Una vez volvió a funcionar el motor, la AC-379 se colocó al lado de la AC-34, invitando a su tripulación a subir a bordo. Pero la tripulación decidió no abandonar el barco. El brigada Mujin había tomado el mando […].

La motora partió llevándose a algunos de los heridos. La AC-379 también salió una vez consiguieron arreglarle el motor. La tripulación de la AC-34 permaneció en sus puestos. También había allí dos soldados y un sargento del grupo de reconocimiento. El siguiente proyectil mató a los dos soldados y al sargento.

Seguimos tratando de salir del banco de arena. Los reflectores alemanes estaban buscando nuestro barco. Al final lograron localizarnos. Entonces empezaron a descargar sobre nosotros un fuego muy intenso. Los U-2 soviéticos, que estaban atacando las instalaciones de los reflectores, habían reducido la precisión de la artillería alemana.

En la patrullera todavía quedábamos vivos diez de nosotros (de trece que éramos). Nos metimos en el agua para intentar salir de allí, pero sin resultado. El camarada Mujin —un brigada y secretario del destacamento de la organización Komsomol— tomó el mando en sustitución de Krasavin y ordenó que todo el mundo volviera a subir a bordo del barco. Entonces yo me puse en contacto con el jefe de Estado Mayor Tsibulski, que me hizo contactar con la AC-12 y la AC-36, que iban a venir en nuestra ayuda. Establecí comunicación con ellas. Estas patrulleras se pusieron en marcha, pero estaban a unos doce o quince kilómetros de nosotros, y hacia el amanecer fueron sometidas a un fuerte bombardeo enemigo. Les ordenaron retirarse. Antes del alba, Mujin reunió al equipo de ingenieros y les dijo que se quedaran donde estaban hasta el anochecer. Entonces podrían tenerlo todo listo para que nos pusiéramos en marcha. Con ayuda, podríamos regresar a la base. Todos los marineros apoyaron esta decisión.

Yo estaba en la torre, todavía en contacto con Tsibulski, quien nos envió un mensaje diciéndonos que no nos viniéramos abajo. En el diario de radio a bordo consta el registro exacto de su mensaje, pero no sé dónde se encuentra.

Sin que supiéramos muy bien por qué, desde el amanecer, aproximadamente desde las seis de la madrugada hasta la 1.00 de la tarde, el fuego enemigo fue muy escaso (en torno a las diez hubo bastante niebla). A las doce y media del 4 de noviembre el enemigo empezó a apuntar directamente a la patrullera. A la una comenzaron a infligirnos daños muy graves. Los alemanes contaban con cuatro cañones de 76 mm. Nos disparaban directamente. Cada minuto caían dos o tres proyectiles. A la una y media uno de ellos impactó en la sala de máquinas, por debajo de la línea de flotación. Nos hizo una grieta enorme y dañó la carcasa del motor derecho.

El brigada Mujin dio órdenes de cerrar la grieta. Cuando quedó claro que esto era imposible, la tripulación se trasladó a la torreta de la ametralladora de popa. Había unos ocho hombres allí. A las dos y media, un proyectil impactó en la torre y explotó dentro. El marinero Volkov y el brigada Svergunov quedaron heridos. Otro suboficial cuyo nombre no recuerdo resultó gravemente herido, y el marinero Vetrov y el brigada Shevirda, muertos. La grieta de la torre era muy grande y el agua empezó a entrar. El brigada Mujin, el timonel Voljov, un cabo mayor y un brigada del cuerpo de ingenieros decidieron que, dado que la situación parecía desesperada, iban a intentar llegar a nado a nuestro lado del río. Salieron por la cubierta superior, cogieron algunos salvavidas y se dispusieron a saltar del barco. La sala de radio no había sufrido daños, de modo que les pregunté si querían entrar. Ninguno aceptó mi invitación salvo el timonel Voljov, que seguía todavía en cubierta. Los demás saltaron por la borda. Un Messerschmitt alemán nos estaba sobrevolando y cuando se dio cuenta de que había gente en cubierta, bajó en picado y empezó a ametrallar el barco y a los nadadores. Volkov resultó herido por segunda vez y saltó por la borda. El avión regresó y volvió a disparar a los marineros que estaban en el agua. Nunca volví a ver a mis camaradas. Todos murieron.

El puente quedó destruido por este ataque, y la antena dañada. La patrullera estaba incomunicada. Pero yo estaba decidido a permanecer allí hasta mi último aliento. El enemigo continuó con su incesante fuego de artillería hasta las tres y media. En ese momento debieron de pensar que la patrullera estaba completamente destruida y dejaron de disparar. Pero cuando el humo se disipó vieron que seguía allí y enviaron cuatro aviones a rematarla. Después de doce pasadas, en las que los aviones alemanes dejaron caer una docena de bombas, empezaron a dispararnos desde los aviones y desde tierra. Seis o siete bombas dieron en el blanco. Una explotó en los camarotes de la tripulación, otra en estribor, frente al tanque de combustible, una tercera en la sala de máquinas, otra en cubierta y la otra en la sala de radio. Pero no causaron daños graves. El área más afectada fue la de las dependencias de la tripulación, el tanque de combustible y la cocina. A las cinco y media, dispararon cincuenta proyectiles, pero no acertaron a dar a nada debido a su mala puntería.

A las seis los alemanes cesaron el fuego. Cuando oscureció, salí a cubierta. Primero bajé a la sala de máquinas y grité: «¿Hay alguien vivo?». No hubo respuesta. En la torreta de la ametralladora había dos hombres gravemente heridos, Svergunov y Komarov. Les saqué de la torreta. Estaban empapados y temblando de frío. Les llevé a rastras hasta la sala de radio y arropé a Komarov con un abrigo de piel de oveja. Hice jirones una sábana para vendarles las heridas. Empezamos a hablar de qué hacer a continuación. Tras valorar la situación, decidimos esperar a que llegara ayuda de las otras patrulleras. A las nueve de la noche estaba en cubierta, mirando al agua, esperando a que aparecieran los alemanes. Nuestra patrullera estaba a 200-250 metros de la margen del río ocupada por los alemanes. Yo tenía tres granadas, un subfusil y un revólver. Le di el subfusil al marinero Komarov y le pedí que abriera fuego si asomaban los alemanes.

Aparte de esto, tenía que atender a mis camaradas heridos, darles agua, vendarles las heridas. Komarov empezó a sentirse peor. Una vez perdidas las esperanzas de recibir ayuda de otras patrulleras, y teniendo en cuenta que los heridos iban empeorando cada vez más, decidí nadar hasta la orilla este, coger un bote salvavidas, y volver por mis camaradas. Le dije a Komarov que si se acercaban alemanes les disparara con el subfusil. Al mismo tiempo les puse los salvavidas. Yo estaba ya listo para marchar, cuando de repente vi un punto negro aproximándose desde cierta distancia. Informé a Komarov, advirtiéndole de que estuviera preparado para un probable encuentro con el enemigo. Me escondí dentro de la torreta de la ametralladora. Cogí mis granadas y empuñé mi subfusil. Aquel punto negro resultó ser una pequeña embarcación. Supusimos que sería alemana y decidimos dejar que se aproximara a unos diez metros antes de disparar. Cuando el bote salvavidas estuvo a esa distancia, grité: «¿Quién va?». Entonces escuché la familiar voz de mis camaradas de la AC-11 y de la AC-379. A continuación trasladamos al brigada Svergunov y al otro herido al bote. Yo cogí el equipo de radio y todos los documentos de carácter delicado y envié a los heridos al hospital de la bahía de Shadrinski. En la bahía de Shadrinski nos encontramos con el comandante del otro destacamento, el teniente Perishkin, que era el que había mandado el bote salvavidas a la patrullera. Los heridos fueron trasladados al hospital en otro bote salvavidas. Cuando el capitán Tsibulski llegó, le informé sobre el estado de la patrullera y los daños que había sufrido. Le dije que no tenía sentido tratar de recuperar la AC-34, dado que ello podría muy probablemente significar la pérdida de otro barco. Tsibulski dio la orden de sacar todo lo que se pudiera de la patrullera. Sus hombres fueron a la patrullera aquella noche y a la siguiente, y consiguieron llevarse piezas y equipos suficientes para que la embarcación quedara inutilizada por completo. También sacaron los pernos de los cañones.

Por esta operación, me concedieron la Orden de Lenin, por decreto de la Presidencia del Consejo Supremo de la URSS, el 31 de mayo de 1943. Y por decreto de la Presidencia del Sóviet Supremo de la URSS, me otorgaron también la Medalla por la Defensa de Stalingrado el 1 de julio de 1943.