Stalingrado

Jochen Hellbeck · Capítulo 19 de 38

Páginas del PDF

Stalingrado

Principios editoriales

 

Las transcripciones de las 215 entrevistas llevadas a cabo por la comisión de Mints en Stalingrado ocupan miles de páginas mecanografiadas. Este libro ofrece solamente una selección. Una característica única de estas transcripciones es la decisión del historiador de entrevistar a un gran número de miembros de la misma cohorte, ya se tratara de una división, regimiento o fábrica. Consideradas en su totalidad, las transcripciones ofrecen una visión detallada de una serie de acontecimientos locales vistos desde múltiples perspectivas. Pero su tridimensionalidad no se materializa cuando las entrevistas se leen seguidas una por una. Para recrear dicha visión aquí, he organizado las entrevistas de manera que puedan aunarse las experiencias comunes de cada cohorte a la vez que quedan expuestas las fisuras existentes entre ellas. Concretamente, lo que he hecho ha sido ir entretejiendo hilos de conversación a partir de las respuestas individuales y agruparlos cronológicamente y por localización.

Por ejemplo, presento las operaciones de combate de la 308.ª División de Fusileros tal y como las describen los jefes y la infantería, lo que arroja una única visión desde diversos puntos dentro de la unidad. En el caso de algunas operaciones, como la del 18 de septiembre de 1942, dirigida a tomar una importante colina, y que ocasionó graves pérdidas, la narración se vuelve más concentrada, ya que cada testigo va recordando la intensa lucha de aquel día. Otro conjunto de relatos individuales —un coro de voces formado por diversos sectores de la sociedad soviética— ofrece descripciones muy detalladas de la suerte que corrió Stalingrado y sus habitantes desde julio de 1942, cuando dio comienzo un trabajo frenético para fortificar la primera línea del frente, hasta la primavera de 1943, cuando los ingenieros retomaron el plan de reconstruir las fábricas en ruinas de la ciudad.

Este tipo de montaje narrativo recuerda al Rashomon de Akira Kurosawa. El filme trata de un juicio criminal, recordado a través de la técnica del flashback, en el que cuatro testigos suben al estrado y ofrecen sus diferentes versiones de lo ocurrido. La película emplea esta técnica para ilustrar la falta

de fiabilidad de los testimonios subjetivos.[282] Pero a diferencia del testimonio de Rashomon, las entrevistas de Stalingrado resultan insólitamente coherentes hasta el más pequeño detalle, desde las ideas de heroísmo, miedo y autorrealización hasta sus versiones del combate y el comportamiento de sus compañeros de batalla. El amplio consenso entre los encuestados indica que los hechos que describían no eran invenciones a posteriori de la propaganda soviética. Una lectura de las transcripciones de Stalingrado invalida cualquier afirmación de que las declaraciones públicas de la infantería del Ejército Rojo consistía en estereotipos soviéticos ajenos a la realidad de la guerra. Por el contrario, nos encontramos con un lenguaje compartido por los soldados y por los oficiales y conformado por las mismas ideas y horizontes de experiencia. Al mismo tiempo, queda evidente que los oficiales enfatizaban unos modelos de discurso específicos para hablar tanto de sí mismos como del enemigo. El lenguaje de las entrevistas era por tanto doble: por un lado exponía una descripción de la batalla y por otro la marca del condicionamiento ideológico.

A continuación de las conversaciones en grupo se muestran nueve

entrevistas individuales en su forma original, prácticamente íntegras.[283] La selección abarca a soldados con diferentes graduaciones y formas de expresarse. Comienza con los autocomplacientes y confiados relatos de los generales Chuikov y Rodímtsev. Incluye también el informe minuciosamente detallado del oficial de Estado Mayor Nikolái Aksionov, la dicharachera narración del francotirador y Héroe de la Unión Soviética Vasili Zaitsev (por entonces ya una leyenda), y el testimonio sin artificios del soldado raso Alexander Parjomenko. La única mujer de este grupo (la comisión entrevistó a pocas mujeres en Stalingrado) es Vera Gurova, enfermera en la división del general Rodímtsev. La última entrevista es la del capitán Piotr Zayonchkovski, quien, basándose en su trabajo sobre la propaganda enemiga, nos ofrece algunas ideas interesantes acerca de la percepción que los alemanes tenían de Stalingrado.

A continuación, el libro cambia de bando para arrojar luz sobre la perspectiva alemana. La primera parte de este capítulo contiene transcripciones de los interrogatorios a oficiales alemanes prisioneros que el capitán Zayonchkovski llevó a cabo en febrero de 1943. La segunda parte consiste en los extractos de un diario escrito por un soldado alemán en el Kessel. Para ambas partes, los materiales proceden del archivo de la Comisión Histórica. Al igual que con todas las secciones anteriores, unas breves introducciones proporcionan los antecedentes y el contexto. Puede encontrarse información adicional en las notas al final del libro. Concluyo con un capítulo sobre la suerte que corrió la comisión de Mints tras el final de la guerra y un comentario sobre por qué los documentos permanecieron guardados bajo llave varias décadas.

Las transcripciones se presentan con todas sus características estilísticas intactas, solo se han corregido los errores tipográficos obvios. Los paréntesis en el texto documental contienen observaciones hechas por el personal de la comisión; los corchetes indican comentarios y abreviaturas de los editores. Salvo cuando los caracteres latinos están escritos a mano en las transcripciones, los nombres alemanes son resultado de la traducción inversa del ruso y no siempre han podido reconstruirse con absoluta fiabilidad. Por ejemplo, el soldado al que en cirílico se hace referencia como «Geynts Khyunel» (Гейнц Хюнель) es traducido como «Heinz Hühnel» pero también podría haber aparecido escrito como «Heinz Hünel».

Dentro de las transcripciones se intercalan fotografías, panfletos y carteles que sirven como ilustración de la batalla de Stalingrado y documento de la mentalidad de sus autores en ese momento. Al igual que la forma de describir la guerra durante las entrevistas iba dibujando ideológicamente a los entrevistados, las fotografías son intervenciones, intentos conscientes de los fotógrafos para que tanto ellos mismos como el público al que iban dirigidas sintonizaran con las exigencias de la guerra. Con ciertas reservas, lo mismo puede decirse de los retratos de pequeño formato realizados por soldados del Ejército Rojo y fotógrafos del frente. Además de una impresión física de los testigos, transmiten una expresión del orgullo que sentían los soldados por cumplir con su deber en una guerra del pueblo.