Stalingrado
Un simple soldado: Alexander Parjomenko
No es imprescindible utilizar un fusil de francotirador. Un fusil de francotirador tiene una mira telescópica con un aumento de 4 x. Pero con un fusil corriente, doscientos metros siguen siendo tan solo doscientos metros de distancia. La precisión no es igual de buena, pero si sabes disparar, eso no importa. Yo tenía treinta francotiradores pero tan solo ocho fusiles de francotirador. El resto utilizaban fusiles corrientes. Pongamos que estás en una ciudad, dentro de un edificio, junto a una pequeña tronera. Con un rifle de mira telescópica hace falta una tronera mayor, y si la tronera es grande, el enemigo puede verte. De modo que hay veces que lo mejor es simplemente utilizar un fusil normal.
El capitán Zaitsev es felicitado por sus camaradas del ejército al recibir sus charreteras, febrero de 1943.[161]
UN SIMPLE SOLDADO: ALEXANDER PARJOMENKO
El 28 de febrero de 1943, Esfira Genkina, con la asistencia de la estenógrafa Olga Rosliakov, entrevistó a varios comandantes y soldados de la 38.ª Brigada Motorizada de Fusileros que había hecho prisionero al mariscal de campo Paulus y a su Estado Mayor el 31 de enero. Llevaron a los entrevistados al edificio de los grandes almacenes de Stalingrado para que pudieran relatar en el lugar de los hechos cómo tuvo lugar la captura (véase pp. 274-319). Estando en los grandes almacenes, Genkina se encontró con Alexander Parjomenko, un soldado que estaba acuartelado allí junto con su compañía desde principios de febrero. Parjomenko no había desempeñado ningún papel en la captura de Paulus. Da la impresión de que la entrevista con él no estaba planeada, y difiere de muchas de las demás, en la que participan soldados condecorados y funcionarios de alto rango. Por consiguiente ofrece una buena impresión de cómo hablaba y pensaba un soldado corriente del Ejército Rojo.
Los comentarios de Parjomenko van directo al grano. Evalúa los acontecimientos de la batalla dentro de su propio radio, en contraste con los amplios panoramas que ofrecen los generales y los oficiales de Estado Mayor. Y, a diferencia de Vasili Zaitsev, Parjomenko no cuenta la historia de un héroe. Por el contario, él admite que, aunque otros compañeros eran valientes, él no lo fue. Sus descripciones del miedo que tuvo que capear durante la batalla son esclarecedoras. Parjomenko habla de sus debilidades («Yo era un cobarde de pies a cabeza, pero entonces no lo sabía») en el pasado, pero dejando claro que, como buen ciudadano soviético, había aprendido a vencer sus instintos más viles. También cabe destacar su descripción del teniente «carente de experiencia» que, equipado únicamente con cócteles mólotov, atacó a varios pánzers alemanes y murió. Parjomenko no tenía una gran opinión de las misiones suicidas, que a él le parecían un medio para manifestar que uno estaba dispuesto a morir. (A principios de 1943 los agitadores comunistas no elogiaban la valentía suicida tanto como lo habían hecho durante la primera fase de la guerra, aunque seguía siendo uno de los varios modelos de conducta en la batalla más valorados.) Parjomenko era de la misma opinión que Shumilov, comandante del ejército, quien valoraba las habilidades militares y aspiraba a derrotar a su oponente por medio de la
astucia, en vez de enfrentarse con él de una forma directa.[162]
64.º EJÉRCITO
(38.ª Brigada Motorizada de Fusileros)
Alexander Ivanovich [163] PARJOMENKO
Nací en 1921 en el Extremo Oriente, en la zona del ferrocarril del Extremo Oriente. Terminé mis estudios de ingeniería en Vladivostok. Soy miembro del Komsomol desde 1942. Me alisté a la armada en septiembre de 1939. En 1941 volví a casa porque estaba enfermo, y advertí que en mi pueblo no había nadie de mi edad. Empecé a preguntar a mis familiares y amigos: «¿Dónde está todo el mundo?». Me decían que todos se habían marchado al frente. Al ver que todos los demás se habían ido, empecé a querer ir yo también. Me puse a escribir a mis comandantes. Pero no me dejaban ir: «Quédate aquí,
nosotros combatiremos desde aquí».[164] Se estaba formando una brigada de infantería de marina, y me cogieron. Eso fue el 22 de febrero de 1942. Me enviaron a la academia de tropa del regimiento en la estación de
Rozengartovka.[165] Fui alumno de la academia durante más o menos cinco meses. Me licencié con el grado de sargento primero.
Salimos para el frente el 12 de junio de 1942. Llegamos allí, a Stalingrado, el 28 de junio. Completaron nuestra brigada de infantería de marina con personal adicional de infantería. Desde Stalingrado salimos directamente hacia el Don. No estábamos al tanto de la situación militar. A nosotros nos parecía espantosa. Por la noche, cuando llegaban los aviones, se elevaban las bengalas y empezaba el bombardeo —yo no podía soportarlo. Si he de decir la verdad: otros hombres son valientes, pero yo no.
Llegamos a Vertiachi [166] y tomamos posiciones. Después salimos con nuestro oficial de inteligencia. En pocas palabras, salíamos a patrullar. El oficial me ordenó explorar las fuerzas enemigas. Nos habían asignado al tercer escalón, que estaba justamente en Vertiachi. Cruzamos a la otra orilla del Don. Pues bien, realmente no estábamos familiarizados con algunos de los uniformes de la infantería, y era de noche —no se veía nada. Había un soldado patrullando frente a nosotros, no era ruso, y llevaba puesta una guerrera de un tipo extraño. Le gritamos: «¡Santo y seña!». No lo sabía. Como no lo sabía, empezamos a disparar. Y él también. La brigada enemiga avanzó, y nosotros también avanzamos para salirle al encuentro. Abrieron fuego contra nosotros. Estábamos bajo el fuego de las ametralladoras desde dos direcciones, y entonces se detuvo de repente. Llamamos por radio a nuestra brigada. En la brigada todo el mundo estaba listo, querían atacar. Habíamos leído en los periódicos que el enemigo lanzaba ataques
psicológicos, marchando en columnas.[167] Miré y pude ver una columna que se movía, no sé si acercándose o alejándose de la línea del frente. Disparamos de inmediato bengalas de señales y nos pusimos en contacto por radio. Por la radio nos dijeron que aquellos soldados eran de los nuestros.
Después de aquello estuvimos en la otra orilla del Don. Nuestra brigada pasó a la ofensiva el 15 de junio y sufrió cuantiosas bajas. Me nombraron ayudante del oficial de inteligencia. Atacamos al enemigo en la zona de las
aldeas de Tinguta y Peskovatka.[168] No teníamos ningún vehículo, de modo que tuvimos que ir a pie. Acabábamos de incorporarnos al combate y estábamos sufriendo bajas cuando nos ordenaron retirarnos. Llegaron órdenes del alto mando, de modo que fuimos hasta Tinguta y nos atrincheramos. La línea defensiva iba desde Tinguta, pasando por Peskovatka hasta Ivanovka. Todos nuestros batallones estaban allí. Estábamos en el puesto de mando con el oficial de inteligencia.
El 23 de agosto de 1942 sufrimos un intenso bombardeo aéreo. Al principio había cuatro aviones, dos bombardeaban mientras los demás recargaban munición. Y entonces el primer par se marchaba mientras los otros dos atacaban. Se levantaban nubes de polvo. Los carros de combate alemanes avanzaban a través de aquellas nubes de polvo. Los aviones estaban constantemente dando vueltas por encima de nuestras cabezas. Y usted ya sabe lo increíble que es el polvo en Stalingrado. Es increíble, y no hay agua, ni nada. […] Nos atacaron los carros de combate alemanes. El 24 de agosto llegaron carros de combate de la zona de Blinkino y se concentraron en el área de Sarepta. El oficial de inteligencia recibió la orden de determinar la fuerza del enemigo en el área de Sarepta. Fuimos a cumplir aquella orden. Ahí fue cuando el oficial de inteligencia resultó herido de bala. En calidad de ayudante, ordené que le llevaran de vuelta a la unidad, independientemente de si le habían pegado un tiro o lo habían hecho pedazos, y si eso no daba resultado, yo estaba dispuesto a entregar mi propia vida intentado salvar los valiosos documentos que el oficial llevaba encima. Agarré al oficial y los documentos y los llevé al cuartel general de la brigada. Estaba muy malherido. Tuve mucho cuidado con él. Acabábamos de llegar hasta el comandante de la brigada cuando falleció. No había nada más que hacer: tenía que volver a mi compañía y seguir adelante con nuestra tarea. Nombraron al teniente Jodnev nuevo oficial de inteligencia. Nos subimos a un vehículo blindado BOB-I y fuimos a explorar las fuerzas enemigas en la zona de la estación de Blinkino. Averiguamos lo que tenían allí y regresamos. Se había determinado la fuerza del enemigo. Tenían tres vehículos blindados. Los ocupantes de los vehículos eran exploradores, probablemente paracaidistas. Llegamos a la estación de Blinkino, nos apeamos y nos encaminamos a pie para observar en secreto los carros de combate. Sus carros de combate no estaban bien camuflados, estaban simplemente parados en lo alto de un cerro.
Un teniente sin experiencia de otra unidad también intentaba averiguar cuántos carros de combate tenía el enemigo. Querían prenderle fuego a aquellos tanques. Alguien dijo: «¡Agachaos!». Lanzaron cócteles mólotov contra los carros de combate, y estos se giraron y dispararon contra ellos —y se acabó, liquidaron a todo el pelotón. Pero el teniente saltó dentro de una trinchera cuando empezaron a llegar los carros de combate. Uno de los tanques se acercó hasta allí, pasó por encima cinco veces para aplastarle. De eso se informó al mando cuando los carros de combate se marcharon. El oficial de inteligencia era el teniente Kuzin, que también resultó muerto.
A finales de agosto llegamos a Stalingrado y tomamos posiciones defensivas a orillas del Volga. Se suponía que la brigada tenía que estar en contacto con el flanco izquierdo. Fuimos a una misión de reconocimiento en un vehículo blindado. Eso fue el 27 de agosto. Para entonces el enemigo ya estaba en la fábrica de tractores, y disparaba contra el Volga con ametralladoras. Mientras estábamos por ahí, fui presa del pánico y perdí el control. Yo era un cobarde de pies a cabeza, pero entonces no lo sabía. Quince bombarderos atacaban en picado nuestro vehículo. Me daba cuenta de que si uno de ellos lanzaba una bomba, era mi fin. De modo que les ordené parar el vehículo para que pudiéramos huir y refugiarnos en un barranco. Uno de los aviones hizo un picado, y me alcanzaron en la mano izquierda y en ambas piernas. El conductor estaba sano y salvo. Subí a la torreta y él me llevó de vuelta a nuestra unidad. Conseguimos llegar, pero yo no podía salir. Me enviaron a Beketovka. Allí había un hospital de campaña. Estuve allí hasta el anochecer. Después me trasladaron a la isla, y desde allí al Hospital de Campaña n.º 2209 en Shchuchi. Estuve cinco días. Después me enviaron a Leninsk. Se suponía que desde Leninsk iban a evacuarme al fondo de la retaguardia. Empezaron a subirme a bordo de un vagón. Pero en cuanto estuve en el tren llegaron los aviones enemigos y lo bombardearon y lo incendiaron casi todo. Me enviaron a Kapustin Yar. Estuve ingresado allí desde el 27 de agosto hasta el 26 de octubre. El 26 de octubre me enviaron al 178.º Regimiento de Reserva en Solianka. Ese mismo día me asignaron a la 38.ª Brigada. Volvieron a enviarme a inteligencia. Era subcomandante de inteligencia. El 3 de noviembre fuimos al frente. Mis piernas estaban débiles, no podía seguir el paso. En vista de ello, el comandante Beliayev me nombró jefe del depósito de intendencia. Estuve dirigiendo el depósito de intendencia y enviando munición desde la orilla oriental a la orilla occidental. Estuvimos suministrando munición durante todo el mes de noviembre. Nuestro depósito de munición también admitía armamento aprehendido. Desde allí fuimos directamente a Beketovka. En Beketovka me enviaron en misiones de reconocimiento por delante de nuestras unidades avanzadas.
[…] Nos marchamos de allí el 28 y pasamos a la ofensiva en las inmediaciones de Stalingrado. Fui con Sharin, Kiseliov y Klimov a explorar todo el flanco izquierdo. El 2.º Batallón del 57.º Ejército operaba en esa zona. Golpeamos al enemigo frontalmente. Después pasamos a la defensiva. ¿Qué hacíamos cuando estábamos a la defensiva? Había aviones alemanes sobrevolándonos, y empezamos a lanzarles bengalas. Empezaron a lanzar cosas sobre nuestras posiciones: termos con chocolate, pan, munición. Nos lanzaban todo tipo de comida, lanzaron víveres sobre Beketovka muchas veces. Siempre recibíamos cosas de su bando.