Synco

Jorge Baradit · Capítulo 26 de 60

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Capítulo 24

24

El teclado Underwood de la t-Syn que manejaba Martina tenía algunas teclas borradas y otras con la letra correspondiente redibujada a mano con bolígrafo azul.

«Acuerdo de Octubre» y «Matanza de Todos los Santos», tecleó a toda velocidad. Jarpa no era tonto, pero sus argumentos eran de una debilidad espantosa. Nadie lo obligaba a refrendar ese acuerdo político, ¿o sí? Es más, la situación se veía tremendamente favorable para él y su gente, un golpe militar habría significado que ellos asumieran los cargos administrativos, las embajadas y las reparticiones públicas del nuevo régimen. Nadie lo obligaba a ese acuerdo de última hora, ¿o sí?

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Enciclopedia popular Quimantú para t-Syn, 23 de febrero de 1976 «Es el acuerdo firmado por el Presidente de la República, don Salvador Allende Gossens, y los presidentes de los partidos Demócrata Cristiano, don Patricio Aylwin, y Partido Nacional, don Sergio Onofre Jarpa. Se trata esencialmente de un marco regulatorio para las actividades gubernamentales. Políticamente se constituyó en un pacto de no agresión que permitió superar las diferencias entre comunidades políticas y garantizó la gobernabilidad del país en una época de fuerte incertidumbre tras el fallido golpe de Estado de septiembre de 1973 y los rumores de autogolpe que provenían de la oposición».

 

Enciclopedia popular Quimantú para t-Syn, 15 de febrero de 1976 «La Matanza de Todos los Santos es el nombre con que popularmente se conocen los hechos del 30 de octubre de 1973, entre las 20:00 h del día 30 hasta las 5:30 del día 1 de noviembre, según las investigaciones. Durante ese período, células del grupo terrorista Patria y Libertad habrían “ajusticiado” en sus hogares a más de dos mil doscientas personas vinculadas a aparatos y organizaciones de ultraizquierda, en la peor masacre política de la historia nacional. La operación, cuyo nombre en clave era “Bulgaria”, fue asesorada por grupos paramilitares de ultraderecha.

La operación causó una enorme conmoción pública. Los cadáveres fueron arrojados a la vía pública en diversos sectores de la capital, algunos expuestos en situaciones grotescas. Baste recordar los restos de Rodrigo Puga, veinte años, encontrado colgando desde el incensario central de la Catedral de Santiago; o los restos mutilados de la dirigente vecinal vinculada al MIR

Claudia Arangua, dieciocho años, cortada en cuarenta pedazos que aparecieron clavados en la pared norte del edificio de la Unctad formando un signo rúnico; o el cadáver de Jaime Miranda, diecinueve años, dirigente del Movimiento Obrero Campesino, que colgaba con ganchos de carnicero bajo el puente Pío Nono, cada gancho pintado de blanco, azul y rojo. O la horrible muerte de Paola Cavaletto, diecisiete años, amarrada de pies y manos y con veinticinco ratones moribundos dentro de su estómago. Todos tenían algo en común: un limpio balazo en la nuca, una bala calibre 38 con inidentificables marcas en la punta.

El propio compañero Presidente lloró ante las cámaras exclamando: “¡Esto es el fascismo, compañeros! ¡Esto es el fascismo!”. Y en una reunión con familiares de las víctimas se comprometió a disponer de toda la fuerza y capacidades del Estado en la búsqueda de los responsables de los crímenes más atroces que recuerde la historia chilena».

 

La Tercera de la Hora, 4 de noviembre de 1973 «Esta mañana, el prefecto de Investigaciones Joaquín Valdés Scheggia dio a conocer a la opinión pública que las investigaciones acerca de la Matanza de Todos los Santos han concluido en forma satisfactoria. Se habría comprobado fehacientemente que todos los asesinatos fueron cometidos con munición proveniente de una misma serie, lo que establecería que las operaciones corresponden al menos a un mismo grupo, que estaría plenamente identificado.

Al mediodía, y tras ser informados del fin de las investigaciones, un grupo de delegados de todos los partidos del espectro político chileno se dio cita en La Moneda para entregarle sus condolencias al Presidente de la República».

 

La Tercera de la Hora, 5 de noviembre de 1973. «En un enfrentamiento en calle Condell, en el sector de Providencia, cayeron abatidos doce integrantes del grupo terrorista Patria y Libertad, aparentemente vinculados al asesinato de militantes de izquierda en el hecho conocido como Matanza de Todos los Santos. Esta acción se suma a otros crudos enfrentamientos entre integrantes de la agrupación clandestina y fuerzas policiales acaecidos durante horas de la madrugada. El estado de excepción que rige en el país permite el enjuiciamiento sumario de los acusados. Fue el caso de Roberto Thieme y otras quince personas, todas buscadas por asesinato con alevosía, quienes fueron ejecutadas sumariamente en la misma casa de seguridad donde se escondían, ubicada en la calle Carlos Ossandón con avenida Príncipe de Gales, comuna de La Reina.

La ciudadanía se encuentra muy conmocionada y muestras espontáneas de apoyo al gobierno se suscitaron hoy frente a La Moneda, donde los transeúntes exclamaban a viva voz “¡Mano dura, Salvador!”».

 

La Tercera de la Hora, 6 de noviembre de 1973 «A trescientos cincuenta se eleva el conteo de ejecuciones sumarias realizadas por las Fuerzas Armadas y de Orden, que en rápidos operativos dieron cuenta de los asesinos que el pasado 31 de octubre masacraron sin contemplaciones a 2200 luchadores por los derechos del pueblo.

Se investigan conexiones con elementos golpistas en servicio en la Armada».

 

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Martina se reclinó sobre la silla y suspiró. Caminó hacia la cama y miró de reojo el papel que yacía abandonado sobre su velador. El rostro del operario de Synco volvió a aparecer frente a ella. «Cuéntele al mundo la mentira de Allende».

¡Cuál mentira, por la cresta! Todos admiraban al Chile de Allende. El compañero Presidente sacó a un país completo del abismo, le quitó la pistola de la mano a todo un territorio. ¿La mentira de Allende? Pendejo huevón, de qué mentira estaba hablando. Todos querían un Allende para sus propios países. Estúpida ella, por prestar oídos a un niño imbécil. Quizá ese día lo castigaron o encontraron faltas en su desempeño y quiso vengarse.

Meneó la cabeza como buscando deshacerse de sus pensamientos. Miró hacia fuera y vio la gran antena negra con forma de serpiente emergiendo desde la cúspide de la cúpula acristalada sobre el Patio de los Naranjos. Las tropas realizaban el cambio de guardia y preparaban las rutinas del día siguiente, en que resguardarían las instalaciones durante el gran desfile de celebración. Los militares se veían nerviosos. Todos parecían nerviosos.

La curiosidad es más grande. De todas maneras quería saber qué significaba ese papel: prestarle algo de atención no significaba nada, no significaba que le creyera y no le quitaba tiempo a su investigación. Estiró la mano, cogió el papel arrugado y se acercó al teléfono.

—Aló, pana. Sí, yo. Necesito que me consigas un experto en informática que pueda aclararme algunas dudas… No, no me estoy metiendo en problemas, mi negro, era sólo una visita de cortesía para investigar el tema de mi informe. Tranquilo, chico, que sé que es de la oposición y no estoy ofendiendo a nadie…, ehhhhh…, ¿puedes conseguirme ese dato o no? Okey, te espero —la mujer suspiró y miró hacia la cordillera. Por el rabillo del ojo creyó ver algo extraño en el edificio de enfrente: unas gafas oscuras que reverberaban al sol—. Aló, pana, aquí estoy. Espérame para anotar. Perfecto…, te debo otra querido, si sigo así solo podré pagarte con mi cuerpo, ja, ja, ja… Pero, hombre, qué mal humor. Tranquilo, que no haré nada fuera de lugar. Adiós.

Luego pensó en un buen lugar para ocultar la nota.