Synco

Jorge Baradit · Capítulo 54 de 60

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Synco

Capítulo 52

52

—Martín, ¿cómo están nuestros milicianos en el sur de Santiago? —preguntó Altamirano, incómodo en su estrecho cubículo blindado.

—El sótano en Puente Alto trabaja protegido por un anillo de armamento pesado, señor. No tenemos información de enfrentamientos o bajas.

—¿Cuántos niños tenemos ahí abajo?

—Ochocientos rompecódigos, señor.

—¿Y en el norte?

—Doscientos psíquicos enterrados en cápsulas de loza, formando un arco de acupuntura sobre Santiago. Están confundiendo a las autoridades, generando ataques de pánico, depresión y alucinaciones.

—¿Tropas regulares?

—Pocas, no han sido tan necesarias como pensábamos. Recorren la capital en piquetes y han tenido algunos enfrentamientos menores. Pero creemos que en cualquier momento algunos regimientos leales al gobierno comenzarán a actuar más decididamente.

—¿Synco?

—Está en nuestras manos en un setenta por ciento.

—¿Nuestros vecinos?

—Nuestras señales de televisión y radio pregrabadas se están emitiendo con programación normal. En el exterior están viendo un día absolutamente normal en Chile.

—¿Las autoridades?

—Comenzamos a reemplazarlas por copias.

Altamirano suspiró satisfecho. Estaba muy adolorido y constreñido en la incomodidad del camión, un contenedor equipado como centro de control, pero lejos del confort de sus instalaciones subterráneas bajo el matadero de Lo Valledor.

—¿Podemos decir que el país está bajo control?

—Podríamos decir eso, señor.

—Dile al chofer que por favor intente esquivar los hoyos del pavimento, Martín. Y ya es tiempo de ir a hablar con nuestro amigo, ¿no crees?

Avenida Grecia es una vía extensa que cruza el sur de Santiago de mar a cordillera. Una frontera virtual que demarca el fin del centro urbano de la capital y el comienzo de la zona sur, históricamente combativa. Ahora está prácticamente vacía de tráfico; sólo un camión de enormes dimensiones avanza a toda velocidad en dirección a la cordillera. Pintado de negro, el techo erizado de antenas, platos parabólicos y altavoces, brama sobre la avenida envuelto en una humareda gris. Un enjambre de extraños motociclistas lo rodean en caravana.