Synco

Jorge Baradit · Capítulo 37 de 60

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Synco

Capítulo 35

35

Domingo 9 de septiembre de 1979

8:10 a.m.

 

A pocas calles de allí, los primeros rayos del sol se descolgaban desde las cumbres cordilleranas bañando de jirones luminosos la habitación de Martina. Decorados de luz y sombra trepaban por el cuerpo de la mujer como caricias en medio del silencio. El ruido del teléfono hizo trizas el momento y Martina atrapó el auricular con el corazón tropezándole en el pecho.

—Hola, ¿Arsenio? —gritó, no muy segura de no seguir dentro de una pesadilla—. Pero, chico, qué voz es ésa… ¿Qué ocurre? Por qué me hablas de esa manera, somos amigos… ¿Es algún tipo de broma?, porque tuve pesadillas toda la noche, pana, y tengo cosas que contarte que no son ningún chiste. Okey, okey, no te cuento nada entonces, pero…, okey, después del desfile vengo al hotel y me estará esperando un taxi que me llevará al aeropuerto… con custodia policial… y tomaré el avión a Caracas a las once de la noche. ¿Hay un vuelo a Caracas a esa hora, chico? Lo habrá, okey. Pero, Arsenio, te juro que no he hostigado al gobierno de Chile, no… Okey, nos vemos en el desfile. Segunda galería de la derecha. Arsenio…

Martina se quedó con la frase en la boca; el frío comunicado había llegado a su término. Debía alistarse para el gran evento, pero no entendía, o no quería entender, el trato distante y molesto de su amigo.

Es 9 de septiembre de 1979, y todo Chile se prepara para celebrar el gran acontecimiento político de las últimas décadas: un Presidente socialista, electo por vía democrática, celebra su segundo período en medio del más grande de los éxitos económicos y sociales. Todo el mundo estará presente; han viajado mandatarios y representantes de las cuatro esquinas del planeta para celebrar el triunfo de esta particular «tercera vía». Un mundo agobiado por la Guerra Fría ve con esperanza la posibilidad de otro camino para la paz y la prosperidad, alejado de la frialdad del capital y de la dureza de la dictadura del proletariado.

Pero Martina ya no está tan segura de lo que ha visto, ni le parece tan prístino el panorama. Hay algo más que turbio en el proceso de «estabilización» del país. ¿Fueron los militares? ¿Fue la producción económica potenciada por Synco? ¿Fue el acuerdo con la derecha política? Los extremismos se habían tomado las calles. Los tiroteos y escaramuzas de violentistas y los discursos llamando a la subversión, a la lucha armada o a la acción contra el gobierno eran pan de cada día. ¿Cómo pacificar el corazón caldeado de una nación dispuesta a tirotearse entre sí? ¿Cómo enfriar una caldera a punto de reventar, un país azuzado por lado y lado para morderse como perros de pelea? Algo faltaba, algo que comenzaba a parecerse más a un secreto que a una pieza suelta del rompecabezas.

Se puso de pie y se refregó los ojos buscando despejarse. Miró por última vez los preparativos del desfile por la ventana —no había ningún GAP a la vista— y se dirigió al baño dejando un reguero de prendas en el camino.