Synco

Jorge Baradit · Capítulo 49 de 60

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Synco

Capítulo 47

47

—¡La ciudad está paralizada! ¡Synco no responde! ¿Todavía no tenemos noticias desde las bases en la Antártica? —pregunta el jefe de la Guarnición Militar de Santiago.

—No, se cortaron las comunicaciones hace un par de horas. No tienen idea de lo que está ocurriendo acá, señor.

—¿Y sabemos nosotros qué está ocurriendo?

—Un golpe de Estado, o una invasión extranjera… El mejor escenario sería un desperfecto en Synco, que lo impulsa a simular una emergencia militar, señor.

—¿Una máquina con alucinaciones?

—No lo sabemos. Serrano dijo que desde que pusieron a funcionar el huso central a 44 voltios, las posibilidades de que Synco comenzara a operar como un iluminado se cuadruplicaban, entonces…

—¡Me vuelves a mencionar a ese desquiciado y te tiro por la ventana!

—En todo caso, el canciller no responde. El armamento que guardaba en su bodega tampoco está. Falta uno de los Haunebu en los hangares subterráneos de Cerrillos. Creemos que va en dirección sur.

—No me interesa. ¿Pudimos restablecer contacto con el resto del país?

—Seguimos esperando que las líneas se despejen; incluso las radios de onda corta están saturadas de algo… raro.

—Algo me dice que esto me va a molestar, pero, ¿a qué se refiere con algo raro?

—El padrenuestro, señor. Todas las frecuencias rezan el padrenuestro en voces fabricadas con su propia estática… No hemos podido penetrar más allá.

—¡Por Dios!

—Estamos ciegos hace horas. Nadie sabe a quién dispararle…

—¡No hay obligación de dispararle a alguien, imbécil! —el general se restregó los ojos con el dorso de ambas manos—. Se supone que somos el enlace de comunicaciones de emergencia, ¡y ni siquiera sabemos lo que pasa a dos metros de aquí!

—Estamos todos nerviosos, señor.

—¿Hay algo en los radares kirlian? ¿Algún ser vivo o muerto circulando en la frontera de la cordillera?

—Nada.

—¿Algún mensaje desde las bases submarinas frente a Perú?

—Nada.

—¿Algún rastro de los ejércitos dormidos y enterrados en la frontera con Bolivia?

—Nada.

—¿Noticias de la Presidencia?

—Estamos completamente aislados; alguien dice que hay tropas moviéndose hacia el centro, que ha habido enfrentamientos, pero pueden ser rumores. Nadie sabe nada del compañero Presidente o de su comitiva.

—Es como haber perdido la batalla sin haber combatido. Si por lo menos apareciera alguien con un fusil y uniforme argentino, o yanqui, qué sé yo… Alguien a quién pegarle un tiro, por la cresta.

—El teléfono dice algo acerca del comandante Proxy.

El general se puso de pie, arrojó lejos el teléfono y se caló un casco militar que le quedaba grande.

—Agarra a todos tus hombres, reparte las armas y salgamos de aquí.

—Pero, adónde…

—Donde sea. Lo que sea que está ocurriendo está ocurriendo afuera y no en este hoyo. Pesca a tus hombres y vamos a dar la pelea, o me voy a pegar un tiro aquí abajo.

—Nos puede tomar horas salir a la superficie todos, recuerde que estamos a cuatro kilómetros bajo el San Cristóbal.

—El ascensor hasta la Virgen nos puede llevar de a grupos hasta la superficie. ¿Cuántos soldados tenemos?

—Hay cinco adultos. Con los niños somos veinte.

—Suficiente, muévete.