Cornelia de Gades
Capítulo 35
35
Por fin el río ve llegar la sed de los legionarios de Roma. Es el río de los negros, el Dasibali. Los centuriones han de aplicarse a fondo para mantener la disciplina. Sería cómico que fueran masacrados en un ataque sorpresa, tras tanta penalidad, tras haber llegado más lejos que ningún viajero de su raza. La disciplina se impone al fin y los equipos de zapadores levantan un campamento junto al río, antes de permitir que sus hombres chapoteen en las aguas. Cuentan que alguno de ellos murió ahogado por sus ansias.
Los guías que han atravesado el río informan a Balbo de que en la otra parte se ha refugiado el rey de los garamantes, Abdelo, con sus últimas pertenencias. Minor decide no descansar hasta haberlo capturado él en persona. Junto con media cohorte, atraviesa el río por la noche y cae sobre el campamento del reyezuelo, que es apresado. El aspecto fiero del gaditano, con su cabeza leonada, podría aterrorizar al mismo Caronte, como sucediera cuando en la última prueba Hércules venció al Cancerbero que guardaba las puertas del Hades. Hasta Abdelo ya capturado, empapada su ropa y sus largos cabellos recogidos en mil trenzas, se asemejaba a aquel perro de tres cabezas al que venciera el patrón de Gades.
El regreso a la costa, hasta Sabrata, no resulta un paseo. Muchos son los que perecen aún por el camino, tributo humano inevitable que hay que abonar al Sol por atravesar sus tierras, pero la victoria acompaña al general romano que ha llegado hasta el final del desierto africano, que se ha bañado en el Dasibali, el río de los negros, que ha logrado el más grande tesoro de que se tenga noticia en Roma. ¡Salve, nuevo Hércules! ¡Salve, Lucio Cornelio Balbo Minor!
Hasta aquí, la Ephémeris de Maior completada por Cornelia.