Cornelia de Gades
Agradecimientos
A Pedro Santamaría, novelista, amigo, letrado también, amante de las viejas piedras, romántico y todo un estudioso del mundo grecorromano, por su apoyo incondicional y entregado. A Bernardo Periñán, el sabio gaditano que me habló por primera vez de los Balbo, el primero al que notifiqué el fin de esta obra y que dedicó su valioso tiempo a poner muchos puntos sobre las íes desde su enfoque de experimentado romanista. A Juan Francisco Rodríguez Neila, a quien a día de hoy aún no conozco, pero que escribió una memorable obra: Confidentes de César, los Balbos de Cádiz, la cual es el humus técnico en el que se sustenta mi novela; espero no haberme desviado en demasía de su lúcida narración. Al notable equipo de lectores cero que me ha acompañado en las idas y venidas por los más de cuatro intentos realizados antes de poner, como Cervantes la palabra final, el vale. De entre ellos cabe destacar, como siempre, a los de casa, los eternos, los de cabecera, los insustituibles, los que están ahí con su apoyo y también con su crítica tantas veces feroz: Aura Tazón Cubillas, escritora, compañera e hija; a Manuel Tazón Ruescas, que lo ha leído todo en esta vida, y a Aurora Cubillas Haro, mi esposa, que tantas veces, versión a versión, ha levantado acta de los mil fallos de esta obra. Pero también he de agradecer su colaboración a Fuensanta Niñirola, que tiene el cielo ganado por leer toda mi producción, se vaya a publicar o no. Y, por supuesto, a Isabel Gutiérrez Sarabia y a Luis Espejo, lectores, solamente lectores, pero de los buenos, de los que no sé si sabrían vivir ya sin la literatura.