El quinto evangelio
Capítulo 12
En situaciones sin salida como ésta, hay momentos en que la tensión cede sin más a una visión en la que de pronto aparece un resquicio de esperanza de resolver todos los problemas con la ayuda de una varita mágica. Así le sucedió a Anne von Seydlitz. Guthmann sabía mucho más sobre el pergamino de lo que había revelado en el encuentro del día anterior.
Mirando retrospectivamente podía incluso creer que el profesor lo sabía todo. Como el experto en el campo de la coptología, sin duda no sólo conocía el contenido, sino que estaba informado también de las connotaciones que tan valioso hacían el documento.
Anne no encontraba adecuado visitar al profesor en su instituto y hablar con él; pues si Guthmann sabía más de lo que había revelado en la primera visita, entonces no lo divulgaría fácilmente en una segunda visita. Si quería tener alguna oportunidad, Anne debería sorprender al profesor. Se propuso sobornarlo con una cantidad sustanciosa; pues a juzgar por su apariencia, Guthmann daba la impresión de necesitar dinero.
Alrededor de las 17 horas aparcó su coche frente al instituto de manera que pudiera ver la entrada. Su plan consistía en atrapar a Guthmann, rogarle que accediera a una conversación y después de cenar juntos hacerle una generosa oferta, lo bastante generosa para hacerlo hablar.
Al cabo de tres horas y media, alrededor de las ocho y media, un portero se colocó ante el portal disponiéndose a cerrar el edificio, Anne bajó del coche, cruzó la calle corriendo y preguntó si el señor Guthmann estaba aún en la casa. El contestó que no había nadie más, pero se cercioró con una llamada telefónica que quedó sin respuesta.
Al día siguiente, después de otra noche de insomnio, Anne ya estaba a las siete y media de la mañana en el lugar. También esta vez su espera fue infructuosa. Guthmann no vino. No veía ningún motivo para no visitar al