El quinto evangelio
Capítulo 5
–Me parece bastante posible -interrumpió Donat- que los órficos, que naturalmente creían que su marido tenía todavía el pergamino, le colocasen un pájaro seductor, una mujer que debía guiñarle el ojo y así conseguir apoderarse del pergamino y quién sabe… -Donat interrumpió su verbosidad.
–Puede decir tranquilamente lo que piensa -tomó la palabra Anne-, quién sabe si el hombre sólo buscaba una aventura. Tal vez. Pero luego ocurrió el terrible accidente.
Donat asintió.
–¿Y Vossius? – preguntó Anne, a quien de repente le pasaban mil ideas por la cabeza-. ¿Quién tiene al profesor Vossius sobre su conciencia?
–Vossius no luchaba solo. Era uno de los órficos. Si murió de muerte violenta, huelga la pregunta sobre sus asesinos.
–Entiendo -respondió Anne, reflexiva-, sólo una cosa sigo sin comprender.
Islamistas, órficos y la curia se ocupan durante tres años de traducir el quinto evangelio. ¿Por qué precisamente es tan importante este pequeño fragmento, que para conseguirlo se mate a personas y se despliegue medios enormes, por qué?
5
Hanna Donat hizo una seña a su marido y él empujó la silla de ruedas hasta el lugar en el que sobre la mesa estaba pegada la fotocopia del pequeño trozo de pergamino. Casi devotamente miró los caracteres ilegibles y dijo:
–Creo que tiene derecho a saber de qué se trata. Al fin y al cabo, aunque no disponga de él, es usted todavía la propietaria legal. – Luego divagó informando sobre los cuatro evangelios, que fueron escritos a una distancia de entre cincuenta y noventa años de la fecha en que ocurrieron los hechos por personas que no conocían la figura del protagonista y se copiaban unos a otros como alumnos desvergonzados. Junto a ellos existe una serie de apócrifos, evangelios cuyo interés histórico es todavía mucho menos importante que los propios evangelios. En otras palabras, la tradición cristiana del Nuevo Testamento se sostiene sobre pies de barro. Por el contrario la autenticidad del quinto evangelio fue confirmada incluso por los científicos naturalistas. El método de la termoluminiscencia ha probado que este pergamino fue escrito exactamente en la época que describe su autor, en todo caso antes que los otros cuatro evangelios, y este evangelio da una versión muy distinta de la vida de Jesús de Nazaret.
Anne objetó que la Iglesia conseguiría también en este caso interpretar las cosas satisfactoriamente para ella.
Entonces la mujer en la silla de ruedas meneó la cabeza.
–Esto sería posible en un pasaje u otro, pero no en éste. Se lo reproduzco textualmente: «… EL QUE ESCRIBIÓ ESTO / LLEVA EL NOMBRE DE
BARABBAS / Y SABED QUE BARABBAS ES EL HIJO DE JESÚS DE
NAZARET / SU MADRE SE LLAMA MARÍA MAGDALENA / JESÚS, MI PADRE, ERA UN PROFETA / PERO COMO CONVIRTIÓ EL AGUA EN VINO E HIZO ANDAR A LOS COJOS COMO LOS MAGOS
EGIPCIOS / ALGUNOS GRITARON QUE ERA UN DIOS / SIN
EMBARGO ESTO OCURRIÓ CONTRA SU VOLUNTAD…».
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Tardó un buen rato Anne von Seydlitz en comprender la trascendencia de estas palabras. Permaneció largo tiempo pensando; no era una persona muy creyente y mucho menos devota, pero lo que había escuchado la llenó de inquietud porque una idea se imponía sobre todas las demás: el conocimiento de este escueto texto traería consecuencias devastadoras si se publicaba. La vida devota de miles de millones de personas desde hace dos mil años, la institución de la Iglesia, el Vaticano… todo ruido y humo.
–¿Entiende usted ahora -se dirigió Donat a la visitante-por qué nosotros, los órficos y el Vaticano lo hemos intentado todo para conseguir apoderarnos de este trozo de pergamino?
Anne asintió muda.
–Por lo demás estoy autorizado a ofrecerle como indemnización la suma de un millón de dólares. ¿Está de acuerdo?
Anne von Seydlitz sólo asintió. Había comprendido muy bien que los islamitas con este pergamino tenían el poder en sus manos para cambiar el mundo; y lo harían, no lo dudaba.
Anne comprendía ahora mucho de lo que había ocurrido en las pasadas semanas y meses, y le parecía casi ridículo cómo el azar le atribuyó el papel clave en un fragmento de la historia mundial. Una y otra vez sus ojos se posaban sobre los caracteres del escrito que no podía leer y eran tan importantes, y de repente tuvo miedo, miedo de este secreto y preguntó:
–¿El original… dónde se halla el pergamino ahora?
La mujer en la silla de ruedas miró a Donat, que dirigió la vista a Anne y respondió:
–Seguramente no espera usted que se lo diga; pero el pergamino se encuentra en un lugar donde está seguro de un golpe inesperado de los demás.