Rock Star

Jackie Collins · Capítulo 23 de 67

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Rock Star

Capítulo 23

BOBBY MONDELLA

1977

—Negro —dijo Nova Citroen—. De seda.

El sastre asintió.

—Y blanco. Todo blanco, muy ceñido.

—Comprendo.

—Una docena de camisas y una docena de pantalones. Nada de colores.

—Sí, señora Citroen.

—¡Ah! Y él carga a la derecha.

—Sí, señora Citroen.

Le indicó la salida con un gesto despectivo de la muñeca.

Cuando el sastre se fue, ella comenzó a pasearse por la sala de su ático que dominaba todo el camino hasta Catalina. Cogió un cigarrillo pero no lo encendió. Simplemente lo mantuvo entre sus dedos bien manicurados.

Hoy era el día.

Ya había esperado bastante.

 

Bobby, sudoroso, pedía clemencia.

—Ya es suficiente —rogaba.

—Más flexiones —insistía su instructor particular—. Esos brazos las necesitan.

—Ya basta —dijo Bobby, dejando las pesas y recostándose sobre su espalda.

—Mañana —dijo el instructor, un hombre bajo, con músculos formidables.

—Estoy impaciente.

«De modo, pensó Bobby, que ser el número uno es así». ¡Diablos!, él se divertía más cuando era un gordito encargado de los servicios.

En este momento la vida consistía en trabajar. Su agenda diaria incluía clases de baile, prácticas vocales y ejercicios para mantener el cuerpo en forma. Además estaban las sesiones de fotografía para publicidad, las entrevistas con peluqueros y nutricionistas y las horas de footing.

Además, estaba Nova.

Nova Citroen.

¡Qué mujer más increíble!

Cerrando los ojos, pensaba en el último año.

Había estrechado la mano del demonio y el mundo había cambiado al instante.

América no se sintió complacida en absoluto cuando supo que Bobby se iría. Se mostró ofendida y herida, pero, más que nada, le resultaba increíble.

—¿Cómo puedes hacerte esto a ti mismo? —preguntó, con el labio inferior temblando de emoción—. ¿No te sientes orgulloso de ser negro? Marcus Citroen es un criminal. Se apoderará de ti, te explotará y luego te dejará de lado.

—De ninguna manera.

—¿Qué te hace pensar que eres diferente de los demás? —dijo ella, con voz insegura—. ¿Y cómo puedes hacerme esto a mí?

—Blue Cadillac está dispuesta a pagarte una buena compensación.

—Será mejor que lo hagan —dijo ella, con un relámpago de furia.

Él no sabía ya qué decir. No podía explicarle lo de Sharleen.

—Supongo que debe de tener algo que ver con esa tramposa —dijo América fríamente, como si leyera su mente.

—Vamos —replicó Bobby, saltando en su defensa—. No insultes a Sharleen sólo porque estés furiosa conmigo.

—Mira, Bobby, ¿Por qué no admites que ella tiene tus pelotas en el bolsillo y hace lo que quiere contigo?

Él había querido tener la gentileza de comunicárselo personalmente, ahora podía irse con la conciencia tranquila.

Sharleen saltó de alegría cuando supo la noticia.

—¡Oh, Bobby! Eres maravilloso. ¡Eres el mejor! —Lo abrazó muy fuerte—. Además, también será bueno para ti. Si Marcus dice que te hará el número uno, lo hará.

—Sólo quiero estar seguro de que tú estarás bien —le dijo él muy preocupado.

Entonces, besando su mejilla, ella murmuró:

—He aprendido mi lección y no cometeré el mismo error. ¿Tendré de nuevo mi apartamento?

—¿Qué importa eso? Es mejor que te quedes aquí, donde yo pueda ayudarte.

—Tienes razón.

 

A la semana siguiente explotó la bomba. Blue Cadillac quería que él se trasladase a Los Ángeles, donde recibiría un intenso entrenamiento con vistas al estrellato.

Bobby irrumpió en la oficina de Marcus Citroen.

—¿Qué es toda esta mierda? No quiero viajar a Los Ángeles.

—Es una manera de asegurarnos.

—¿Asegurarnos de qué?

—Asegurarnos ambos —dijo Marcus—. Al igual que los boxeadores profesionales, debes recibir un entrenamiento para estar en la mejor forma. En septiembre del año próximo te presentaremos en público en un concierto en Hollywood. Serán tres días de funciones y se televisará. Todo lo que tienes que hacer es prepararte.

Marcus Citroen parecía tener todo preparado. Quería que Bobby desapareciera y que luego volviese a aparecer como un meteoro en ascenso.

—Esa misma semana saldrá tu álbum. Contendrá un sencillo que ya habrá sido un éxito.

—¿Qué álbum? —preguntó Bobby, perplejo.

—El que vas a escribir y grabar en Los Ángeles. Tienes un año para hacerlo. Y un magnífico ático en Century City esperándote.

—¿Y qué hay de Sharleen?

—Ella se queda aquí.

—¿Por qué?

—Porque quiere hacerlo.

—¿Y si no quiere?

—Nadie va a impedirle que haga lo que quiera.

—¿Es decir, que si yo la convenzo de que venga conmigo, no te opondrás?

—En absoluto.

La opción era de Sharleen. Ella había grabado un nuevo sencillo, iba a hacer un vídeo y tenía cien entrevistas en puertas. Estaba nuevamente encarrilada y se sentía feliz.

—Ten cuidado —le advertía Bobby—. Mantente alejada de Marcus Citroen.

—¿Crees tú que yo sería capaz de volverme a involucrar con él en algo personal? —preguntaba ella, indignada—. ¿Estás loco? ¿Después de lo que ha pasado? —Y añadía—. Ahora, Bobby, quiero de dejes de preocuparte por mí. Piensa en ti mismo, ¿me lo prometes?

No tenía sentido discutir. Bobby sabía que lo mejor para él era alejarse de ella. Sharleen se estaba transformando en una obsesión y ahora que él la había ayudado a encarrilar su vida, debían poner una distancia entre sus vidas. Sólo después podrían mirar la relación entre ellos desde una perspectiva adecuada.

Los Ángeles resultó una revelación. Las calles amplias y limpias. El sol brillante y las palmeras. La gente era amigable y existía un ambiente relajado en comparación con la vida agitada de Nueva York.

Cuando entró en el apartamento que Blue Cadillac había alquilado para él, no podía creer que ésa sería su casa. Después de todo, aún no había hecho nada para merecerlo, pero ya lo haría. Pagaría la confianza que habían depositado en él.

Los meses que pasó grabando el álbum con uno de los mejores productores y excelentes músicos, en un estudio de primera categoría, fueron los más emocionantes de su vida. A diferencia de todo lo que sucedía en Nueva York, no tenía que estar todo el tiempo mirando el reloj a causa de lo caro que resultaba el tiempo en el estudio. Aquí la atmósfera era tranquila y relajada, con personas que, o bien eran tranquilas por naturaleza, o bien recurrían a una tranquilidad farmacéutica. Normalmente Bobby no estaba de acuerdo con el consumo de drogas, pero, cuando debían grabar hasta muy tarde, entendía que podía ser necesario algún estimulante.

El material que él había preparado para el álbum resultó muy bueno; tanto las canciones como los arreglos funcionaron a la perfección.

En Nueva York, Marcus decidió combinar los talentos de Bobby y de Sharleen en un dúo. Bobby escribió «Baby, I Care About You» y Sharleen voló hacia Los Ángeles para grabarlo con él.

Ella estaba imponente. El éxito le daba un brillo especial. La acompañaba un guardaespaldas que no se apartaba de ella ni un minuto.

—¿Lograré verte a solas? —bromeó Bobby.

—¿Para qué, querido? —contestó ella imitando el fuerte acento sureño—. Eres tan grande y malo y apuesto que no me conviene quedarme a solas contigo.

Ella se quedó tres días y su interpretación fue extraordinaria. No tenía una gran voz, pero compensaba esa falta con un gran estilo. Luego voló nuevamente a Nueva York.

Fue entonces cuando Bobby conoció a Nova Citroen, un tipo de mujer que nunca antes había conocido.

Nova viajaba en un Rolls Royce con chófer, usaba ropa de los diseñadores más exclusivos, joyas auténticas y olía a perfume caro. Bobby estaba fascinado.

Ella fue a su apartamento una tarde, sin anunciarse, con un ejecutivo de Blue Cadillac que ejecutaba con presteza todas sus órdenes.

—Soy la señora Citroen —dijo ella con un ligero acento extranjero—. Espero que esté cómodo en este apartamento. Lo elegí entre muchos. Hubiese querido visitarlo antes, pero acabo de regresar de Europa.

—¿Usted buscó este apartamento para mí? —preguntó él, sorprendido.

Ella sonrió suavemente.

—El apartamento, el entrenador, la nutricionista, todo. Espero que esté haciendo un buen trabajo. Sí… —dijo entrecerrando sus asombrosos ojos color violeta—. Veo que están haciendo un trabajo excelente, señor Mondella, ¿o puedo llamarte Bobby?

Pese a sus nueve años de obsesión con Sharleen, él no era precisamente un inexperto en lo que a mujeres se refería. Ellas lo buscaban permanentemente y él sabía cómo manejar estas situaciones.

Esta vez era diferente. Se trataba de una dama. Además era la esposa de Marcus Citroen y, por lo tanto, intocable. Pese a ello, la encontraba tremendamente atractiva.

—Por favor, hágalo —respondió él, mirándola a los ojos.

—Gracias —dijo ella, divertida.

El ejecutivo de Blue Cadillac intervino entonces.

—La señora Citroen estaba ansiosa por conocerlo. A todos en Nueva York nos gustó mucho el material de su álbum. ¿Está terminándolo ya?

—Todavía falta.

—Entonces quizá pueda ir al estudio —dijo Nova—. Siempre me ha gustado contemplar el trabajo creativo.

Él disfrutaba mirándola, con el cabello rubio tirante y la figura delgada. Nova Citroen era una mujer de mucha categoría.

—El trabajo en el estudio es un poco pesado —dijo Bobby.

—¿De verdad? —preguntó ella mirándole fijamente—. Bueno, si se pone demasiado pesado tendré que irme, ¿no es cierto?

Ella fue al estudio las dos noches siguientes, cada vez con un acompañante diferente. Se quedó quince minutos observándole a través del vidrio, y se fue antes de que él se tomase un descanso.

Eso le resultó molesto. Hubiese querido hablar con ella, saber algo más acerca de la misteriosa señora Citroen. Era realmente misteriosa, nadie sabía nada acerca de ella, excepto que se movía en círculos sociales muy altos y que llevaba muchos años casada con Marcus Citroen.

Pero a partir de ese momento ella desapareció, para reaparecer sólo seis semanas antes de su presentación en Hollywood. Para entonces el dúo con Sharleen era el número uno entre los souls y seguía ascendiendo en las listas de ventas. Todo iba tal como estaba previsto.

Él no podía evitar estar transpirando de los nervios, pese a que nunca había cantado mejor ni había tenido mejor aspecto. El concierto de Hollywood era decisivo. Sabía que podía manejarse bien en una grabación, pero una actuación en directo era algo completamente distinto.

Nadie podía decir que no estuviese preparado. Estaba bien entrenado y listo para la actuación.

Una mañana Nova se presentó en su apartamento, de nuevo sin anunciarse, pero esta vez sola. Llevaba un traje de seda blanco, una blusa verde y accesorios de cuero de cocodrilo.

—¿Qué ropa piensas ponerte? —preguntó.

—¿Cuándo?

—En el concierto.

—¡Ah! El sastre ha seleccionado una serie de trajes de cuero para mí.

—¿Cuero? —preguntó ella enarcando una ceja.

—Es sexy —rió Bobby—, o al menos eso dicen.

—Es caluroso.

—Es lo que voy a llevar —respondió él.

—No lo creo —replicó ella con una leve sonrisa.

 

Bobby se sentó. Los ejercicios eran duros, pero la recompensa valía la pena. Había trabajado mucho todo el año pero había logrado muchas cosas. Ahora mismo, el sastre personal de Nova le estaba tomando medidas.

Él iba a ponerse lo que ella quisiera. Instintivamente sabía que la elección que ella hiciese sería la adecuada.

El sastre entró en el gimnasio con una cinta métrica en la mano y expresión decidida.

—La señora Citroen sabe exactamente lo que usted quiere —dijo desenrollando la cinta métrica.

—Sí —respondió Bobby—. Ella sabe perfectamente lo que ella quiere.