Rock Star
Capítulo 47
BOBBY MONDELLA
1983
Estaban sentados en la oficina de Nichols Kline. Bobby se levantó y se sirvió otro vaso de bourbon.
—Estás bebiendo demasiado —le dijo Nichols.
Él era el único que se atrevía a hablarle de esa manera. Todos los demás le besaban el trasero.
—Demándame —respondió Bobby con sarcasmo.
—Mírate al espejo. Tienes debajo de los ojos unas bolsas en las que podría acampar un grupo de boy scouts.
—Muy gracioso.
—Además, pareces un esqueleto.
—¡Al diablo! ¿Quién dice que debo ser perfecto?
Nichols se recostó en su sillón de cuero.
—Para la sesión de fotos de Leibovitz tienes que serlo. La portada del Rolling Stone significa mucho. No debes olvidarlo.
—¿Sí? ¿Dónde está escrito eso? —desafió Bobby.
—En letra pequeña. En tu trasero.
—¿Eres un cómico ahora?
—Puede ser. Y tú eres un desastre.
Bobby no estaba dispuesto a recibir este tipo de trato de nadie. Ya tenía bastante con lo que Nova le hacía. ¿Por qué permitir que Nichols le menospreciase?
—Escucha —dijo amenazante—. Si lo que quieres es que deje Hit City, sigue tratándome así. Puedo irme a la compañía que desee: a Warners, a Motown, adonde quiera. Ellos se ponen de rodillas donde yo vaya.
—¿De veras?
—Más vale que lo creas.
—No puedes irte, Bobby —dijo Nichols en tono amenazante—. Perteneces a Hit City, y no puedes irte a ninguna parte. —Hizo una pausa para luego dejar caer las palabras—: Carmino viene a la ciudad para los veintiún años de su hija. Quiere que tú cantes en la fiesta.
—¿De qué estás hablando? —preguntó Bobby, frunciendo el entrecejo.
—Cantar. Amenizar la reunión. Entretener a sus amigos.
—¿Me estás jodiendo? Hace mucho ya que no amenizo bodas y bar mitzvahs.
—Se trata de un favor. Un favor personal a Carmino. Ya sabes que él es el dueño de la parte mayoritaria de la compañía. Te sugiero que lo tomes en serio.
Bobby caminó hacia la ventana y contempló la vista que desde allí se apreciaba. Podía ver el edificio donde antes vivía… el apartamento en el que tuvo su primer encuentro con Nova.
—¿Y a qué se debe esto? —preguntó, sin un verdadero interés en la respuesta, ya que no pensaba cantar en ningún cumpleaños.
—¿Alguna vez has estudiado tu contrato? Quiero decir si alguna vez has leído la letra pequeña. Supongo que te habrás dado cuenta de que cuando te saqué de Blue Cadillac, contrajiste otras obligaciones, ¿verdad?
Bobby asintió.
—Un contrato que contemplaba todos tus deseos —continuó Nichols.
—¿Qué es esto? ¿Un recorrido histórico?
—No. Es sólo una advertencia. Hit City pertenece a Arnie Torterelli, a Carmino Sicily y a un consorcio de inversores. Por supuesto, yo tengo algo que ver allí.
—¿Adónde quieres llegar? Dilo de una vez.
—A que si Carmino o Arnie no quieren que tú trabajes durante los próximos diez años no podrás hacer nada al respecto porque el contrato es indisoluble. No hay modo de que te vayas, salvo que nosotros así lo queramos. —Y, tras una pausa, añadió—: Lo que quiero decir es que no debes hacer enojar a Carmino. Mantén las cosas en calma. —Bobby trató de decidir si ese hijo de perra le estaba amenazando. No, no lo hacía. Él era demasiado importante como para que nadie lo amenazase.
—La fiesta es el próximo sábado —dijo Nichols suavemente—. ¿Qué te parece?
Comenzó siendo sólo una fiesta de cumpleaños para la hija de Carmino Sicily. Un favor. Lo hizo, ¿por qué no? era mejor que meterse en líos.
Luego fue la fiesta del aniversario de bodas de los padres de Arnie Torterrelli en Florida. Se lo pusieron todo muy fácil. Un avión privado y todo lo que él pidió.
Pero luego se trató de una semana de concierto en el Hotel Mirage de Las Vegas. Él no estuvo de acuerdo.
—Yo no soy un cantante para Las Vegas —insistió—; que consigan a Lionel Richie o a Jefferson Lionacre.
—Te quieren a ti —insistió Nichols—. Pagarán lo que les pidamos. —Y luego profirió la amenaza—: Es un favor para Carmino. Él ha prometido que lo harías. No puedes hacerle quedar mal.
Bobby sentía que estaba viviendo dos vidas. Por una parte era una superestrella. Por otra, cada vez que se mencionaba la palabra favor, se esperaba que él lo hiciera de inmediato.
Nichols Kline tenía razón. El contrato era indisoluble. Profesionalmente estaba totalmente en sus manos. Consultó a un prestigioso abogado independiente, que le dijo:
—Sólo hay una manera de romper ese contrato: mátese.
Muy gracioso.
Estaba furioso consigo mismo por haber sido tan estúpido. El dinero y el control artístico lo habían llevado a la mayor trampa de su vida. La trampa de los favores. Era una superestrella, pero debía amenizar bodas, cumpleaños y aniversarios.
Hacía meses que no veía a Nova y la echaba de menos. A ella no le importaba. De haberle importado se habría puesto en contacto con él. Cuando él le dijo adiós en la última cita, ella tomó sus palabras al pie de la letra. Como compensación él llevó a Zella Raven a vivir a su casa. Zella, la amazona. Era mejor que dormir con una mujer diferente cada noche, mejor que estar solo.
Él era una estrella. Nada importaba mientras tuviese mucho dinero para derrochar, un séquito de obsequiosos, mucha bebida y un poco de cocaína.
Bobby Mondella era una superestrella. Estaba en primera línea. Eso era lo que importaba.