El secreto de Pandora
Agradecimientos
Al menos 75 000 palabras de esta novela se escribieron durante la pandemia de COVID de 2020. Aunque este período fue extremadamente sombrío para muchas personas, a mí me dio el tiempo libre que muchos escritores necesitan para ponerse a escribir, así que en ese sentido estoy agradecida a esos extraños y a menudo, para mí, solitarios meses. Esa época me enseñó otra clase de disciplina: escribía de modo diferente, investigaba de modo diferente y me extrañaría que Pandora se hubiera convertido en novela de no haber sido por esas diferencias. A pesar de todo, no podría haberla escrito sin el apoyo de muchas personas, así que haré una lista lo mejor que pueda, aunque si me dejo a alguien en el tintero, lo único que se me ocurre es disculparme y responsabilizar a una mente tensa y agitada tras la vorágine de la publicación.
Gracias a Michael Fardell de la Historical Diving Society por sus consejos sobre naufragios durante la primera parte de mi investigación, y a Kate Bagnall y Dunia Garcia-Ontiveros, de la Sociedad de Anticuarios, por responder a muchas preguntas difíciles sobre varios procedimientos concretos de la Sociedad.
A mis primeros lectores, William Gallagher, Mike Jennings y los miembros de mi Grupo de Escritores de Leamington, que me ayudaron a decidir si continuar o no, así como a mis espléndidos betas Hayley Clarke, Heddwen Creaney, Sarah Penner y Carly Stevensson, por sus comentarios, que fueron de increíble ayuda, sobre el primer borrador; gracias a ellos salió el segundo.
Gracias también a Elizabeth Macneal por su paciencia y generosidad cuando le pedí consejo, así como a Jonathan Davidson, Emma Boniwell y Olivia Chapman, de Writing West Midlands, por sus incesantes ánimos y orientaciones.
A los jueces del Lucy Cavendish Fiction Prize y de Bath Novel Award por ver el potencial de Pandora; me siento muy agradecida por el apoyo
que recibí y, sin esos premios, no me cabe duda de que la historia de Dora y Edward habría tardado mucho más tiempo en encontrar el hogar perfecto.
A mi maravillosa agente Julier Mushens, sin cuyo incansable entusiasmo, visión y brío profesional, nada de esto habría sido posible. Por todo lo que has hecho por mí y por lo que harás por mí en el futuro, tienes mi gratitud más sincera, y seguiré estando abrumada por ello. Qué afortunada soy por tenerte de mi parte.
A mi también maravillosa editoria Liz Foley, que a menudo parecía entender los matices de la novela mucho mejor que yo y por tanto hizo que fuera mucho mejor que si solo hubiera dispuesto de mis propios recursos.
Mi agradecimiento igualmente para Mikaela Pedlow y Mary Chamberlain, por su ojo de lince, a Suzanne Dean por diseñar los maravillosos dibujos interiores de estilo georgiano que tan bellamente encajan en la novela, y al resto del increíble equipo de Harvill Secker y Vintage, por convertir Pandora en un libro físico con una fenomenal campaña de marketing que superó todo lo que pudiera haber esperado. Gracias también a Micaela Alcaino por crear una portada tan asombrosa. Qué forma tan brillante de lanzar al mundo a una principiante.
Mi más profundo agradecimiento a Barry Lambe, que me animó desde el principio y me empujaba siempre que empezaba a flaquear, y a Jean Grant, una señora encantadora cuya pasión por las antigüedades me inspiró en parte la idea, aunque me entristece decir que no podrá leer la novela que le he dedicado.
A Richard, siempre.
Y finalmente a mi madre, Sally, que nunca, jamás, dejó de creer en mí.
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