Generación EGB

Javi Nieves · Capítulo 11 de 59

Páginas del PDF

Generación EGB

Forrábamos nuestras carpetas con…

Urkel —Jaleel White siempre será Urkel, no tenemos culpa— llegó a morir hasta veintitrés veces. Una cada seis meses, aproximadamente, y siempre de sobredosis. Con Google en nuestras vidas eso no hubiera pasado… o sí, porque algunas leyendas urbanas son eternas. Por ejemplo, la de Ricky Martin y su incidente con un perro y un bote de mermelada en el programa Sorpresa, sorpresa. Y aún muchos estamos convencidos de que Marilyn Manson era el niño con gafapasta que salía en Aquellos maravillosos años… Hasta que no venga el señor Manson a decirnos lo contrario…

También existía la creencia de que por el plástico de las cajetillas de tabaco pagaban millonadas, o de que si comíamos tiza nos subía la fiebre y nos podíamos librar así de un examen. Aunque una de las mejores era la de aterrizaje en el colegio de un helicóptero de Tulipán. Durante bastante tiempo no dejábamos de escudriñar el cielo durante los recreos. Aquello se nos pasó cuando nos recuperamos de la tortícolis.

 

FORRÁBAMOS NUESTRAS CARPETAS CON…

Nos encantaba «tunear» nuestras carpetas con las pegatinas coleccionables de la Tele Indiscreta. Por un lado estaban las de las series de televisión: las más cotizadas eran las de V, El coche fantástico, El equipo A y MacGyver, aunque también nos gustaban las de El inspector Gadget, La pequeña Lulú, Fama, Mike Hammer… Las de actores y música eran más para las chicas: Rob Lowe, el madurito Richard Chamberlain, Leif Garret, Glenn Medeiros, Ralph Macchio… Los chicos completábamos nuestro collage con fotos de Michael Jordan, Sabrina, Maradona, Samantha Fox, Butragueño, Marta Sánchez…

Cuando llegó el bum de los tois —aquellas pegatinas que venían con el Bollycao —, nuestras carpetas eran lo más parecido a las actualizaciones de estado del Facebook: «toi cansao», «toi colgao», «toi aburrido», «no toi»… Después llegó la moda de la música acid house y tuvimos que comprar otra carpeta para lucir aquellos smiles amarillos.

LAS DEDICATORIAS

Las escribíamos —sobre todo las chicas— en los pocos huecos libres que quedaban entre tanta pegatina. Muchas se han transmitido de carpeta en carpeta a varias generaciones. Las hay para todos… y de todos los gustos: «Si el amor es un flechazo… ¡que vivan los indios!», «Si te vas y me dejas… dime adiós con las orejas», «Puedes no ser alguien en el mundo…, pero eres un mundo para alguien», «Amor… Amor… ¡A-morcilla hueles!», «Quien pudiera ser pijama para meterme contigo en la cama», «Tus ojos son dos luceros que alumbran mi camino, un día los cerraste y me choqué contra un pino», «Si el mundo fuera un pañuelo, tú serías mi moco favorito», «La sabiduría me persigue…, pero yo corro más»…