Generación EGB

Javi Nieves · Capítulo 50 de 59

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Generación EGB

Los anuncios que recordaremos siempre

Sigue suscitando acalorados debates entre los que ahora rondan los cuarenta años. Por ejemplo, en un hipotético duelo, ¿quién ganaría, Mazinger Z o Godzilla? Y otra cuestión de alcance. ¿Es cierto que Afrodita, su amiga robot, dijo alguna vez aquello de «Pechos fuera»? No hay una respuesta concluyente, pero al parecer se trata de una leyenda urbana. Lo que está claro es que a Mazinger le faltaba tiempo para sacar a pasear sus puños. Y cualquiera le tosía, con sus casi veinte metros de altura y sus ojos con rayos láser.

BOLA DE DRAGÓN

Como Dinastía, pero en dibus: infinita. Son Goku, en su búsqueda de las siete bolas de dragón, se enfrenta a todos los megamonstruos posibles por ser el más fuerte. Lo curioso es que los villanos más terribles, cuyas peleas duraban más que un partido de Campeones, poco después eran ninguneados por cualquiera, como Vegeta y Piccolo. Si tratábamos de evitar que el abusón del cole nos robara el bocadillo con la técnica de la onda vital, acabábamos perdiendo también los gusanitos y los cromos, y nos íbamos a casa con un nuevo mote: el friqui.

 

LOS ANUNCIOS QUE RECORDAREMOS SIEMPRE

El hombre de la tónica Schweppe, el mayordomo de Tenn… Vinieron para quedarse, como todos los anuncios que permanecerán para siempre en nuestra memoria más profunda. Apenas rascamos un poco, aparece un señor con traje que aseguraba ser director general de Camp y estar muy orgulloso de Colón fórmula extra, y hasta se permitía el lujo de darnos un consejo para movernos en la vida. Sí, ese de «Busque, compare, y si encuentra algo mejor…».

Y es que aprendimos mucho durante los intermedios. Por ejemplo, a compartir: «tú el Pronto y yo el paño». También que «en las distancias cortas es donde un hombre se la juega», y que para enamorar a la chica del cole que nos gustaba lo mejor era un diamante, que es para siempre. Pero no nos llegaba la paga y como mucho podíamos ofrecerle una Chiquilín, que era nuestro particular estudias o trabajas. O regalarle su primera colonia, Chispas. O sorprenderla con ese juego de manos que no dejábamos de practicar frente al espejo: «¿Qué-es-eso? Eso-es-queso».

En las distancias cortas es donde un hombre se la juega, pero no eras precisamente el primo de Zumosol, y si nos rechazaba corríamos el riesgo de quedar como unos payasos de Micolor. No importaba. Si la chica nos daba calabazas, nuestra autoestima no se vería lastimada, porque alguna vez habíamos escuchado eso de que «el hombre y el oso…».

Nos íbamos haciendo mayores, y cambiaban los gustos. En la carta de los Reyes ya no cabía el Scalextric: queríamos ser Jacks, el más buscado. Y cuando soñábamos con una chica siempre era rubia, montaba a caballo y olía a limones del Caribe, como el desodorante Fa que se usaba en casa. La chispa de la vida, que no había hecho más que comenzar…