Generación EGB
Los juegos de mesa
El chucho de mirada lánguida solo quería un amiguito. Nosotros lo usábamos como argumento con nuestras madres, tratando de tocar sus fibras sensibles. Pero a chantaje emocional no las ganaba nadie.
ENREDOS
Abríamos la caja y no nos imaginábamos lo que nos deparaba… Desde luego muchas risas, pero también no pocas agujetas, mientras tratábamos de acoplar las manos y los pies a los cuatro colores, rojo, amarillo, azul y verde, de la sábana de la tortura. Mantenerse en pie era a veces más difícil que resistir los cañonazos de Humor amarillo, pero hay que reconocer que la flexibilidad ganada la agradecíamos luego en clase de gimnasia.
LA BOTIBOTA
Consistía en un listón de plástico amarillo con la Botilde en un extremo y un círculo para meter un pie en el otro. Había que hacer girar a la mascota del Un, dos, tres mientras dábamos saltitos con la otra pierna. Superemocionante.
LOS CAMIONES
Soñábamos con conducir un camión de ocho ruedas como el Transinter, una leyenda hoy en día para los coleccionistas. Luego estaban los Coloso y las tanquetas de Gozan, que nos traían la guerra a casa. ¿Y qué me dices del Sansón de Rico, con su volquete basculante, su eje delantero direccionable y sus ejes traseros basculantes?
LOS JUEGOS DE MESA
En la calle éramos unos gamberros de cuidado que jugábamos con petardos y tirahuevos, y manteníamos nuestro estatus a base de peleas. En casa nos transformábamos en seres apacibles que jugaban al parchís, la oca, las damas, el ajedrez… Juegos de mesa que han traspasado generaciones, pero estos eran los de la nuestra.
LOS JUEGOS REUNIDOS GEYPER
¡Vaya lío! Podía traer entre veinticinco y sesenta juegos. El ajedrez, la oca, el parchís, la ruleta… el backgammon… Pero ¿alguien sabía jugar a eso?
EL GRAN VIAJE POR EESPAÑA
Conocíamos nuestro país como la palma de la mano gracias a este juego educativo que nos hacía saltar de pueblo en pueblo con un simple dado. La Península cabía en un tablero desplegable.
EL TRIVIAL PURSUIT
Se nos diera bien o mal, lo cierto es que nos podíamos apañar tratando de hacernos fuertes con las preguntas de nuestro color favorito: el naranja de deportes. Pero el señor del Trivial a veces nos liaba y entonces se ponía interesante la cosa, ya que una costumbre social muy arraigada en nosotros es el arte de la discusión y la cabezonería, de la que todos disfrutamos en mayor o menor medida.
EL PICTIONARY
No nos importaba dibujar cosas como árboles u oficios, pero un minuto no bastaba para la categoría de conceptos. ¿Quién era el listo que sabía pintar «cerca» o «lejos» sin la ayuda de Coco?
EL MONOPOLY
Comprábamos terrenitos, especulábamos con ellos, recalificábamos, edificábamos primero una casita, un empeño para poder comprar unos adosados… Arruinábamos al resto cobrándoles una pasta por usar sus propiedades, lo que les obligaba a hipotecar más bienes. Y si teníamos dinero salíamos de la cárcel. Todo esto nos suena.
EL PALÉ
La versión aburrida del Monopoly. Solo se arruinaban los muy cretinos, porque los precios de las calles y los peajes no iban en consonancia. La mecánica se reducía a la compra de propiedades. Era la época del primer bum inmobiliario…
EL MAD
La caja decía: «El mundo al revés. Quien pierda gana». El objetivo: despilfarrar toda la pasta antes que los demás jugadores. Fue el juego preferido de los políticos y banqueros que hoy dirigen el mundo.
SCRABBLE E INTELECT