Generación EGB

Javi Nieves · Capítulo 52 de 59

Páginas del PDF

Generación EGB

Nuestros libros

Mientras Clark Kent salvaba a la humanidad de su probable extinción por las fuerzas del mal, este personaje, nacido en los años setenta, hacía méritos para impresionar a su particular Lois Lane, que no era otra que… Luisa Lana. ¡Jan, qué grande eres!

TODOS LOS SUPERHÉROES

De la Patrulla X a Spiderman, del increíble Hulk a Superman, consiguieron que nos hiciéramos medio vigoréxicos. Con profecías mayas o sin ellas, el mundo no ha dejado de estar en peligro y ellos siempre lo han conjurado. Otros que no fallan.

ESTHER Y SU MUNDO

Esta muchacha de ojos azules y cabello castaño atrapó a miles de chicas adictas a sus andanzas escolares y al buen rollo que transmitía su gran amiga Rita. Seguro que a muchas no les hubiera importado perder de vista a la «odiosa» Doreen. Si hubo un príncipe azul para la generación femenina de la EGB, no fue el de la Cenicienta, ni Felipe de Borbón: fue Juanito.

CANDY CANDY

Las chicas no querían ser como ella. Querían ser ella. Estaban enamoradas de su pelo y de su ropa y de su todo. Pero ¡ozú!, que su historia de abandono, orfanato y adopciones no era precisamente para envidiarla…

CELIA

De buena familia, ni sus vestidos impecables ni las riñas de las monjas hacían mella en su carácter revolucionario. Cuando Elena Fortún le dio vida en los años veinte del pasado siglo no podían imaginar que llegaría tan lozana hasta los ojos de la generación EGB. Celia, ¡hoy más que nunca necesitamos tu desparpajo!

MAFALDA

Es fácil que todo lo que aprendiera nuestra generación EGB fuera mérito de esta niña tan ácida como políticamente incorrecta y que odiaba la sopa.

 

NUESTROS LIBROS

Algunos ya empiezan a olvidarlo, porque a los e-readers solo se les gasta la batería, pero hubo un tiempo no tan lejano en que gastábamos las hojas de los libros hasta el punto que se notaba a la legua cuáles eran nuestros preferido y cuáles habían nacido solo para carne de estantería y polvo de cajón.

EL BARCO DE VAPOR

Nos enseñaron lo emocionante que puede llegar a ser la lectura y quizá por eso son los libros más entrañables de la infancia. Hoy se siguen publicando con gran éxito, y es posible que los chicos y las chicas de ahora sientan lo mismo que nosotros a medida que van evolucionando del blanco al azul, más tarde al naranja y finalmente al casi inalcanzable rojo, esto es, los colores de sus cuatro colecciones.

Muchos han sucumbido en trasiegos y mudanzas, pero donde aún sobreviven es en la memoria. Uno de los primeros que cayó en nuestras manos fue El Pampinoplas, un extraño ser aficionado a los pequeños hurtos. Cuando subimos de nivel conocimos a fray Perico y al pirata Garrapata. El primero, un fraile bonachón que a lomos de su borrico Calcetín trastocaba el día a día de una comunidad de frailes salmantinos. El segundo, con pata de palo, garfio de acero y el hígado como una sandía por culpa del ron, era un pirata inofensivo que si de algo nos mataba era de risa.

LOS CINCO

Eran aventureros y grandes amigos. Vamos, como los de El equipo A, pero con chucho de por medio. Se llamaban Julián, Dick, Ana, Jorgina, o Jorge, y Tim. Había quien se identificaba con la audacia del primero, otros con la simpatía del segundo, mientras que las niñas se inclinaban por la feminidad de la tercera o el coraje de la cuarta. Algunos quisimos ser como Tim, por supuesto. Guau, guau.

LOS HOLLISTER

En realidad eran Los Felices Hollister, así, con adjetivo. Cinco chavales, los padres —¡él, dueño de una tienda de artículos deportivos y juguetes!: ven-ga-ya— y las mascotas. Sus aventuras los llevaban a recorrer mundo y en todas partes dejaban muestra de su sagacidad a la hora de resolver los misterios más increíbles, ya fueran en un centro comercial o en una cueva.

BIBLIOTECA DE LOS JÓVENES CASTORES

Frente a la generación Harry Potter, la de la EGB se curtió con estos manuales que ponían todos los saberes al alcance de la mano. Veinte tomos, veinte, en los que los sobrinos del Pato Donald —Juanito, Jaimito y Jorgito— nos prepararon para la vida moderna con sus famosos manuales: desde la importancia de atender a las señales de tráfico hasta la prestación de los primeros auxilios, pasando por temas no menos trascendentes como aprender a montar una tienda de campaña o la mejor manera de asar unas castañas… además de en el brasero de la mesa camilla.