Generación EGB

Javi Nieves · Capítulo 21 de 59

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Generación EGB

Lo conservamos desde niños

Las cintas de casete de nuestros grupos favoritos; los libros de «Elige tu propia aventura»; los Súper Humor; la medalla que conseguimos en los cursillos de natación; las cartillas con nuestras notas de sexto, séptimo y octavo de EGB; nuestro reloj agenda Casio Telememo; el título de primero de mecanografía; una carpeta forrada con fotos de Glenn Medeiros y Bon Jovi; la caja donde guardábamos las chapas y las canicas; un álbum de cromos de fútbol de la temporada 80-81 sin completar; los imanes de nevera de RAM con forma de cabeza de animales; las chapas de fútbol y las porterías que hicimos con una caja de zapatos…

 

QUÉ NOS DABAN CUANDO NOS PONÍAMOS MALOS

Somos los niños marcados por la triple vírica, la vacuna que nos protegía del sarampión, las paperas y la rubéola. La inyección debía de tener el tamaño de una banderilla porque nos dejaba un recuerdo en el hombro para toda la vida. La verdad es que molaba compararla con las de los compañeros de clase…

EL BOTIQUÍN DE NUESTRAS MADRES

En casa nunca faltaban los medicamentos «genéricos»: que nos dolía la cabeza, una aspirina; que teníamos tos, un supositorio —que por cierto, siempre nos ponían al revés—; que no se nos quitaba la tos, una inyección; que los mocos no nos dejaban respirar por la noche, Vicks VapoRub.

Si teníamos una muela picada nos echaban un líquido negro que nos dejaba un extraño sabor metálico en la boca durante el resto del día. Había un líquido para acabar con las verrugas. Para las llagas en la boca nos daban un medicamento con palo, Oralsone, que devorábamos como si fueran piruletas de Fiesta.