Generación EGB

Javi Nieves · Capítulo 45 de 59

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Generación EGB

Los diez programas de nuestra generación

LOS QUE NOS HICIERON PASAR MIEDO

Ya hemos dicho que el doctor Jiménez del Oso nos hablaba de ovnis y de fantasmas en sus programas Más Allá y La puerta del misterio, y Chicho Ibáñez Serrador nos mandaba a la cama después de traumatizarnos con las películas de Mis terrores favoritos. ¿Cómo pudo este señor ser el padre de la Ruperta? Otras historias que nos daban mucho miedo eran las que nos contaban en La huella del crimen, porque además eran casos auténticos.

EL PRIMER PROGRAMA DE SEXO

Las primeras charlas subidas de tono las tuvimos con ella, qué se le va a hacer. En Hablemos de sexo, la doctora Ochoa —Anchoa para Martes y Trece— apareció en Televisión Española para eso, y ese mismo año Ángel Casas cerraba sus programas semanales con uno de los primeros estriptis que se recuerdan en la cadena pública: Un día es un día…

 

LOS DIEZ PROGRAMAS DE NUESTRA GENERACIÓN

LA BOLA DE CRISTAL

¿Te imaginas cómo habría sido la EGB sin Maese Sonoro, la Bruja Truca, Maese Cámara o el Hada Vídeo luchando contra la pobreza, la guerra y el capitalismo? ¿Cómo sería nuestro mundo ahora sin la Bruja Avería? Es preferible no pensarlo. Ellos nos enseñaron que solos no podemos, con amigos sí, y nos recordaron que hay que desenseñar a desaprender cómo se deshacen las cosas. Todo lo demás nos importa un vatio.

BARRIO SÉSAMO

La gallina Caponata y el caracol Perejil le compraban también las chuches a Julián, pero no tardaron en marcharse a otro barrio —seguro que no mejor—. Entonces apareció un puercoespín gordo y rosado con cara de despistado que ocupó un pequeño chiscón abandonado… y ahí se quedó unos cuantos añitos, lo que duró buena parte de nuestra EGB.

Enseguida se hizo amigo del panadero, de sus vecinos, los hermanos Ruth y Roberto, de una tal Ana que un día pasaba por allí… y de Don Pimpón. ¿Qué demonios era Don Pimpón? El caso es que se lo pasaban en grande, todo el día pintando sin parar, «brochazo hacia arriba, brochazo hacia abajo» y «vuelta a empezar». Sin necesidad de tirahuevos ni otros juguetes similares. Aquel erizo es hoy un must de nuestra generación.

UN GLOBO, DOS GLOBOS, TRES GLOBOS

La bola de cristal salió de la imaginación de Lolo Rico, pero antes había sido la guionista de Un globo, dos globos, tres globos. Cada tarde llegábamos a casa con la lengua fuera para subirnos a ellos y dejarnos llevar muy alto, lejos de las clases, como si fuera el helicóptero de Tulipán. Entre cuentos, poesías de Gloria Fuertes, dibujos y concursos en blanco y negro María Luisa Seco nos presentaba, en la sección «Ábrete Sésamo», a unos tipos de trapo que se nos pegarían como a un velcro el resto de nuestra infancia. Ah, y también aprendimos a decir «Cantidubi dubi dubi, cantidubi dubi da» con el monstruo de Sanzchezstein.

EL GRAN CIRCO DE TVE

Nos abrieron las puertas de su loco mundo desde principios de los setenta hasta 1983, saludándonos al ya eterno grito de «¿Cómo están ustedes?»… «¡Bieeennnnnnn!», respondía España con entusiasmo desde el sofá, dispuesta a disfrutar con los disparatados sketchs de cuatro tipos medio divinos y totalmente chiflados: Miliki, Gabi, que era el que ponía el contrapunto de cordura, Fofito y Fofó, que se nos quedó en el camino y fue la primera vez que no lloramos de risa con ellos.

A Miliki, que también nos dejó hace poco, pudimos volver a verle a principios de los noventa con su hija Rita Irasema en La merienda, La guardería y Superguay, en Telecinco, y después, en una nueva edición de El gran circo de TVE.

UN, DOS, TRES

Los viernes no hacía falta ni que nos gritaran nuestras madres desde el balcón para que subiéramos a cenar. La Ruperta, la Botilde, el Chollo y el Antichollo, el Boom y el Crack. Kiko Ledgard y Mayra, según la época, fueron los conductores del programa, y don Cicuta y las Tacañonas, el lado oscuro.

A un lado, la azafatas y Kim, siempre Kim. Al otro, los concursantes, amigos y residentes en… Las preguntas y, «por veinticinco pesetas», las respuestas, la eliminatoria, el juego de consolación, la subasta… Ah, y los sufridores. Para entretenernos, Bigote Arrocet —«piticlín, piticlín»—, el Dúo Sacapuntas —«¿que cómo estaba la plaza? Abarrotá»—, la Bombi —«y eso duele»… «¿por qué será?»—, Beatriz Carvajal —alias la Pelos y Gafancia—, Eugenio… ¡Ozores! —«¡no, hijo, no!»—. Y hasta aquí puedo leer.

CAJÓN DESASTRE

Se acabó La bola de cristal. ¡No sin mis electroduendes! Eran lentejas, así que nos tuvimos que enganchar a los dibujos de Duckula, a la serie Alf y al humor absurdo de dos tarados que nos recordaban a Tip y Coll con hombreras: Faemino y Cansado, que ya habían debutado en el Un, dos, tres con un memorable chiste sobre un saltador de trampolín, un águila y unas uñas de los pies. Las pruebas de habilidad sobre patines las presentaba Miriam Díaz-Aroca embutida en ceñidas mallas o trajes de fiesta, a lo chica Martini. Aquello terminó por convencernos.

SABADABADÁ

A alguien se le pasaron las ganas de amargarnos el fin de semana con Pista libre y llegó Sabadabadá con Mayra Gómez-Kemp, Torrebruno y sus tigres y leones, la tía Josefina, que comía los filetes con cuchara, la marioneta Horacio Pinchadiscos… Después lo pasaron a los jueves por la tarde y se llamó Dabadabadá, y más tarde El Kiosko. Lo presentaba Verónica Mengod y Paco Micro, antes Horacio. Se pasaba el programa intentando ligar con la «pelipequirroja» presentadora.

EUROVISIÓN

A través de la caja tonta hemos vivido la boda de lady Di, la explosión del Challenger, el debut de Paquirrín sobre las tablas junto a la Pantoja, el «Yo te pego, leche» de Ruiz-Mateos… Pero si había un acontecimiento que reunía a toda la familia en torno a la Telefunken, ese era Eurovisión. No el festival de la OTI, no, ese era como de segunda división. Nos referimos al de José Luis Uribarri.

Sí, solo existía Televisión Española, no nos quedaba otra, pero aquel talent show se convirtió en casi una cuestión de Estado. Que no nos votara Francia era previsible después de volcar nuestros camiones de tomates en la frontera, pero que no lo hiciera Portugal era una afrenta, y nuestros padres cancelaban los planes de veranear en el Algarve. Para una vez que íbamos a salir de España…

LAS NOCHEVIEJAS

Después de asistir al estreno de la última superproducción publicitaria de Freixenet, antes de las campanadas, y después de resolver la incógnita de cuál sería el primer anuncio del nuevo año, que también era un acontecimiento, daba comienzo una bacanal de matasuegras, confeti y lentejuelas. Nosotros, que aún no estábamos para cotillones, arrampábamos con la bandeja de turrón y nos pegábamos a la pantalla, porque en los programas especiales de Nochevieja siempre pasaba algo de lo que todo el mundo hablaría el resto del año. Como cuando una tal Sabrina debutó en nuestras vidas con aquel «desbordante» tema: Boys, boys, boys. Nuestras madres nos miraron de reojo, confiando en que no nos hubiéramos dado cuenta del pequeño descuido de aquella señorita. Ingenuas… ¡Si hasta se nos había atragantado el mazapán!