Generación EGB
Los pósteres de nuestro cuarto
Caían en nuestras manos y a los cinco minutos ya estaban colgados en la pared con una chincheta que bien podría servir para hacer un butrón a un banco. A nuestras madres, normal, aquello no les hacía ni pizca de gracia. No había manera de hacerles entender que el celofán no valía para ciertos menesteres: se despegaba y el póster caía a la leonera hecho un gurruño.
Una novedad de las buenas fue el Blue-Tack, una masilla pegajosa que al principio fue solo azul, y luego de varios colores. Tenía sus ventajas y sus inconvenientes. La ventaja: que no hacía agujero, claro, con lo cual ellas encantadas. El inconveniente: que dejaba mancha. Pero tenía su gracia manipular ese pegote que parecía el moco de un elefante —ojo: ¡no confundir el Blue-Tack con el auténtico y genuino moco de elefante!—.
La estética y los caretos de los pósteres fueron cambiando con los años. A los setenteros de la EGB les gustaban las pintas de John Travolta en Grease y Fiebre del sábado noche, Han Solo y su inseparable Chewbacca y, por supuesto, el siniestro Darth Vader.
En los ochenta triunfaron, sobre todo, los culturistas como Chuck Norris y Stallone, los guaperas estilo Rob Lowe y Tom Cruise —¡ese chaval sí que sabía hacer cócteles!— o los adolescentes como nosotros, véase Michael J. Fox.
A su vez los noventa fue la década de los dinosaurios de Parque Jurásico —la mayoría, por cierto, bastante más expresivos que los actores con los que trabajaban —, de los pijos de Sensación de vivir y Melrose Place y de los chicos de Salvados por la campana.
Nuestros mayores surtidores eran las revistas Tele Indiscreta —¿quién no coleccionaba sus míticos pósteres de V?— y Súper Pop. De Madonna a Eros Ramazzoti, pasando por Glenn Medeiros, Mecano y Alaska, todas las estrellas musicales del momento fueron desfilando por nuestro cuarto.
Los mensuales de cine también nos seducían con los pósteres de su interior. Ir al quiosco, pedir Fotogramas o Acción Cine-Vídeo, y manosear sus páginas durante tardes enteras era todo un ritual.
¿Quién no se ha acostado en algún momento de su vida bajo la atenta mirada de Michael Jackson en Thriller, Sabrina y Samantha Fox en una de las suyas, o Xuxa? Xu, Xu, Xu, Xa, Xa, Xa… ¡Y, por supuesto, larga vida a New Kids on the Block!
El pop hispano pegaba fuerte, y entre la chispeante Década prodigiosa y la chisposa Christina Rosenvinge —que cuando hacíamos «chas» nunca aparecía a nuestro lado— llenábamos los huecos libres. Fueron también los años de Freddie Mercury, y, que Dios nos perdone por ponerlos en la misma frase, que no en el mismo saco, Rick Astley. Los de Leif Garret nos daban grimilla…