Generación EGB
Capítulo 9: Cómics y libros
Salíamos del cole, aparcábamos los libros y arrancábamos en un pispás el coche fantástico de los cómics y las novelas de aventuras. Todavía creíamos que el de superhéroe era un oficio como otro cualquiera, y, claro, había que familiarizarse con sus hazañas para aprobar con nota la oposición a Superman.
LOS MANOSEADOS CÓMICS
Ahora los coleccionamos como piezas de museo —«no nos los cambies de sitio que luego no los encontramos»—, pero antaño fueron objeto de tantos sobes y manoseos que los colores acabaron por amarillear y por demacrarse sus portadas. Daba igual. Don Miki, Copito, Pulgarcito, Mortadelo Especial, Súper Zipi y Zape, Pumby, Tío Vivo, Guay o Súper Humor —aquellas recopilaciones de tapa dura que sacó Bruguera y recuperó más tarde Ediciones B—. Con ellos nos pasaba lo mismo que con los muñecos, que cuando más viejos y mutilados estaban más los queríamos. ¿Cómo no, si nuestros amigos de dos dimensiones nunca nos fallaban?
Los devorábamos en cuanto caían en nuestro poder y, como la paga no llegaba para más, los cambiábamos por otros en las tiendas de chuches… ¡y voto a bríos que nos engañaban! O, por lo menos, siempre salíamos de allí con cara de «gato por liebre». ¡Cuántos de nuestros cómics favoritos no se perderían en esos trueques!
LOS CÓMICS DE TERROR
Los especímenes que se asomaban a las portadas de Creepy —el tebeo de terror favorito— eran al hombre del saco lo que Drácula a la Cenicienta. Todos los meses esperábamos nuestra ración de sustos de la mano del sello Toutain, un pionero de las historietas de horror patrio. Había algo prohibido en el ritual de asomarse a aquellas páginas repletas de vampiros, asesinatos y casas encantadas. ¡Menudo morbo! ¡Y qué decir cuando aparecía Vampirella! Lo mejor era leerlos por la noche, cuando aullaban los muebles de la cocina y tras una sesión doble de La profecía y Al final de la escalera.
Hubo otras experiencias con el más allá gracias a revistas como 1984 y Zona 84 —más centradas en la ciencia ficción— o Ilustración + Comix Internacional, donde leímos The Spirit. Todavía hoy se nos pone la carne de gallina cuando recordamos aquellas pesadillas de nuestra infancia…
LOS PERSONAJES FAVORITOS DE LOS CÓMICS
El botones Sacarino, Sir Tim O’Theo, la abuelita Paz, el profesor Tragacanto, Agamenón, Carpanta, doña Urraca, las hermanas Gilda, el tío Vázquez, Tete Cohete… Podríamos hablar de todos ellos, pero entonces tendríamos que dejar la radio para escribir otro libro.
MORTADELO Y FILEMÓN
Hijos de Francisco Ibáñez, en sus viñetas había más detalles y escorzos que en un cuadro barroco. Eran al espionaje lo que Pajares y Esteso al fino humor británico, y apuesto a que los disfraces de Mortadelo no se les ocurrirían ni a una reina del carnaval bajo los efectos del ácido lisérgico. En 2013 cumplen cincuenta y cinco tacos y, sin bótox ni nada, están hechos unos chavales. Ni el Súper ni el Bacterio han conseguido aún darles caza en la última viñeta.
ZIPI Y ZAPE
Aunque vieron la luz a finales de los años cuarenta de los lápices de Escobar, seguían siendo igual de capullos y traviesos cuando los conocimos. De alguna manera eran el espejo en que nos mirábamos, si bien ellos siempre nos superaban y las liaban mucho más gordas, y sí, nuestros padres eran clavaditos a don Pantuflo Zapatilla y a doña Jaimita Llobregat, y nos daban un trozo de pan con cuatro onzas de chocolate para merendar. ¡Si hasta el profesor de Lengua tenía la panza de don Minervo! Lo que es difícil de entender es por qué tenían cuatro dedos en cada mano.
ROMPETECHOS
No era precisamente un jugador de la NBA. En realidad, debía de ser más o menos de nuestra altura, y quizá por eso, y por su exacerbada miopía, nos parecía tan entrañable.
PEPE GOTERA Y OTILIO
«Chapuzas a domicilio» era su eslogan. Los bocadillos favoritos de Otilio eran los de garbanzos con nata. Muchos ven en ellos la precuela de Manos a la obra.
ANACLETO, AGENTE SECRETO
Este superagente 86 ibérico actuaba en solitario y sabía más de gadgets que el inspector homónimo y MacGyver juntos.
SUPERLÓPEZ