La desconocida
Hanne
Así imagino la eternidad.
Todo es blanco, silencioso y sin contornos. El frío, omnipresente, ni siquiera te molesta. Simplemente está ahí, como el mar, las aves y la diosa Sedna, criando en las profundidades de color negro azulado.
El cementerio de Kulusuk se extiende delante de mí y, al otro lado de esas sencillas cruces de madera blancas, se impone el mar. Casado con el cielo del horizonte. Las montañas se reflejan en las aguas calmas del sonido Torsuut Tunoq y unos grandes bloques de hielo de color turquesa flotan en su superficie.
Las cruces de los inuit son anónimas.
Cuando alguien muere, su nombre pasa a un recién nacido y la vida continúa. Me gusta. Yo también quiero una cruz de madera blanca anónima un día, en vez de una voluminosa piedra de granito con una inscripción dorada. Tal vez me entierren aquí, en esta colina, donde el permahielo nunca se derrite y hay que tallar la tierra para que te acepte.
Peter está a mi lado. Me rodea la cintura con el brazo y me mira a través del sonido. Siento un escalofrío de felicidad: me ha seguido hasta aquí, ha cruzado medio mundo para visitar la tierra con la que yo llevaba tanto tiempo soñando.
La profunda herida de las tijeras en el estómago se ha curado, pero los médicos dicen que tuve suerte. Una suerte incomprensible. De no haber llevado la libreta en el bolsillo, que bloqueó parcialmente las tijeras, probablemente hoy no estaría viva. El corte fue profundo, y el hígado, que sobrevivió por un margen de milímetros, es un órgano sensible.
Me salvó mi propio sentido del orden y el miedo a perder el control. Es casi gracioso.
Conseguí el tiempo justo para que Peter, que salió corriendo del bar, domeñara a Emma y pidiera ayuda.
Peter fue a ver a Albin esa noche, una vez detenida Emma y cuando Wilma estaba en un lugar seguro. Sin embargo, sigue sin contarme por qué la relación con su hijo es así. Es algo que debo aceptar. Aprender a sobrellevarlo. Igual que él tiene que sobrellevar mi enfermedad.
Lo miro a los ojos. Tal vez esté sonriendo un poco, no lo sé. O a lo mejor solo intenta ver con la intensa luz clara.
Sé que espera que yo mejore. No quiere perderme por la enfermedad. Sin embargo, también sé que las cosas no funcionan así. Un día caeré en el olvido y me convertiré exactamente en lo que él teme.
Pero no hoy.
De hecho, ¿no es eso lo único que importa?
Terminaste La desconocida
Camilla Grebe
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