Lerna
Epílogo. Axis mundi
Epílogo
Axis mundi
Y el resto es leyenda.
Cernunnos se convirtió en el señor de los rebaños de Lerna. Allá donde iba, grandes manadas de ciervos lo seguían y le rendían pleitesía. Bajaban la cabeza ante su poderío, pues reconocían en su sangre el legado del minotauro fundido con la esencia de la isla, Tara.
Fue feliz durante todo ese tiempo, al menos hasta que la historia se repitió de nuevo: los nemedianos, a los que contempló y guio desde la distancia, también perecieron presa del orgullo. La gran música lo llamó de regreso a la Colina de los Reyes. Y mientras su carne cambiaba por segunda vez, cantó:
El tiempo del rey de los Ciervos ha pasado;
de trote rápido y seguro, de cornamenta invencible en los combates; mi bramido ha resonado en Lerna, brillante sentencia lanzada al
viento.
Pero vuelvo a ser viejo, incapaz de disputar las hembras a los
jóvenes.
Es la hora, pues, de morir y nacer de nuevo.
Y se convirtió en jabalí. El señor de los Jabalíes. Robusto y negro, y al igual que antes, caudillo de un nuevo pueblo.
El ciclo se repitió una y otra vez, coincidiendo con la llegada de nuevos conquistadores. Los cambios siempre tuvieron lugar en la Colina de los Reyes. Así, pues, el hijo de Lerna fue jabalí con la llegada de los Fir Bolg, halcón con los feéricos Tuatha De Danann —quienes trajeron la piedra del destino que Starn vislumbrara en la Colina de los Reyes— y, al fin, salmón, cuando arribaron los orgullosos hijos de Mil desde la tierra que algún día sería conocida como Galicia. Los descendientes del pequeño Brath de Cilen.
Quedaba, aun así, un último paso para cerrar el ciclo de ciclos. Durante siglos, el amo de los ríos nadó a su antojo entre las aguas cantarínas de aquella isla que ya se llamaba Irlanda. Saltaba las cascadas con un vigor sin igual, más sabio de lo que jamás había sido. Pues ese es el poder de los salmones, y él, sin duda, era el más majestuoso de todos. Pero también se hizo viejo y llegó un día en el que no pudo escapar de la trampa de un pescador. Tan hermoso le pareció a este que no dudó en entregárselo como ofrenda al cocinero del mismísimo rey del Ulster para que creara el manjar más delicioso que pudiera imaginarse.
De este modo, el señor Cairill, vástago de Muiredaig, agasajó a su esposa Dil con el salmón. Y cuando la mujer lo comió se llevó a su interior el espíritu del Hijo de Lerna. El alma reposó en letargo hasta que el noble la dejó encinta y la esencia adquirida se volcó en la nueva carne.
Ciclos. Caminos formando círculos que jamás tienen fin y quizá tampoco un principio. Senderos que en ocasiones se enredan creando laberintos, pero que siempre encuentran una salida, pues no existe un final, solo el siguiente cambio.
Al igual que aquel espíritu errante surgió de la unión de Lerna y Starn, germinó en el vientre de Aidne y renació en la tierra, de nuevo volvía a pasar lo mismo con Dil.
Fue una criatura sana, que recibió los dones de todas sus vidas anteriores. Sensible, fuerte, creativo y sabio. Fue en todo un mac Cairill, con sangre de reyes, pero el nombre que le pusieron pronto quedó atrás. Cuando pudo pronunciar sus primeras palabras, él mismo se impuso otro.
—Soy, y siempre seré, Tuan.
La voz de los suyos.