Los grandes libros misteriosos
Más allá de las apariencias
El autor de El General no existe quiere a continuación demostrar que la carrera magnífica y gloriosa que esperaba más tarde al general De Gaulle obedece siempre al mismo principio: es el hombre invisible. El 18 de junio de 1940, lanzando un llamamiento histórico, De Gaulle nacía seguramente a la gloria. Pero fuera de Francia. En un estudio de Radio, como una «voz». Durante los cuatro años terribles de la ocupación, habló sin que le vieran en el territorio nacional. Lo que esta voz proponía era entonces totalmente quimérico. En aquella época, nadie en Francia deseaba la victoria de Alemania, pero todo el mundo la comprobaba.
Durante aquellos cuatro años también De Gaulle viajaba. Se le señalaba en Londres, como por azar capital de la niebla, en Brazzaville, en Casablanca, en Argel, donde creaba un Gobierno llamado también provisional. Sin soporte territorial en la metrópoli, aquel general en cuya frente brillaba una estrella doble gobernaba lo que los juristas internacionales llaman en su jerga un Estado fantasma.
Pero llega la Liberación, la victoria. Francia espera ver al fin a su salvador. Extrañas escenas se producen entonces. Llega a París y visita al Soldado desconocido. Desciende por los Campos Elíseos. En el Ayuntamiento, unos tiradores aislados abren fuego. Todo el mundo se echa al suelo. De Gaulle, por su parte, permanece impasible, como invulnerable, inmaterial. ¿Le veremos al menos en los asuntos, cuando tiene una Francia para reconstruir? Apenas confirmados sus poderes, el 20 de enero de 1946, dimite, se borra, desaparece...
Transcurren doce años llamados por sus fieles «la travesía del desierto». El desierto: lugar en donde no se encuentra nadie, si no es por espejismo. Se dice que De Gaulle se ha retirado a una hacienda de provincias, en la que casi nadie es admitido, sólo los que vivieron la leyenda con él. Publica entonces libros a los que da títulos abstractos, casi religiosos, El Llamamiento, La Unidad, La Salvación, y se niega a percibir los derechos de autor que van a parar a una institución de beneficencia: un espíritu puro no cobra. Llega luego 1958, la rebelión de Argelia. Una operación aerotransportada sobre París, cuyo nombre en clave es «Resurrección» es cancelada en el último momento. De Gaulle no tiene necesidad de este apoyo material. Ha encontrado otro medio de entrar en el Elíseo. En todo caso, reaparece.