Los grandes libros misteriosos
Berbiguier pone a punto un arma contra los duendes
Berbiguier dedica páginas llenas de emoción a esta pérdida que parece haberlo trastornado profundamente. Prueba de ello es que quiso conservar el animal muerto cerca de él, después de haberlo hecho disecar.
Puse a Coco bajo un cristal. La punta de su cola, cortada por Madame Étienne Prieur a finales de 1816 está colocada entre sus dos patas traseras. Está en una posición que me recuerda sus amabilidades y sus talentos. No sé si el aspecto del cadáver de este pequeño animal es para los duendes la cabeza de Medusa. Vienen mucho menos a visitarme durante el día, pero, por el contrario están siempre encima de mí durante la noche. ¡Oh, mi querida Coco! ¡Tal vez querrían procurarme la muerte que yo te di! ¡Querrían
ahogarme, los crueles![10].
Berbiguier pone a punto un arma contra los
duendes
Uno queda sorprendido, en lo que hay que llamar claramente las alucinaciones de Berbiguier, por su voluntad de achacarlo todo siempre a sus pretendidos enemigos. Si Coco está muerto, sólo los duendes han podido matarlo y no el gesto desgraciado de su dueño. ¿Llueve? Los duendes. ¿Truena? Los duendes. ¿Le falta leche a una madre? Son de nuevo los duendes que «le aprietan la punta del seno con sus garras agudas y venenosas». ¿Una persona desprende un olor un poco fuerte? «Son los duendes también, que sin ser vistos esparcen esta infección.»
En otro lugar, Berbiguier escribe:
Cuando escuchéis el menor ruido en vuestra casa, encontréis las más insignificantes cosas fuera de sus lugares habituales, sintáis la más ligera incomodidad o la más débil contrariedad sea en el interior o en el exterior de vuestras casas, estad seguros de que todas estas cosas son obra de Belcebú.
Sin embargo, esta toma de conciencia de la omnipresencia de los duendes no lo deja impotente. Él ha calado a sus enemigos, no cae ya en sus trampas. Conoce todas sus bajezas y ésta es la primera condición para combatirlos. Su poder es inmenso y su dominio no tiene límites. Un capítulo entero nos informa sobre sus fechorías. Los duendes son embusteros, afectan una cortesía refinada, se presentan como amigos, pero siguen siendo duendes, es decir, que desunen a las familias, provocan las guerras, hacen naufragar los buques, provocan inundaciones, queman la tierra de sol e incluso «hacen aumentar los precios de los comestibles para hacer desgraciado al pueblo».