Los grandes libros misteriosos
La teoría de las firmas
En verdad, el hombre del siglo XVI, el hombre de los libros mágicos, vivía en un universo de la «totalidad», donde los sonidos, las formas, los olores, los colores, pero también los símbolos que encarnaban esas cualidades físicas, lo dominaban todo y se correspondían. Ese mundo de la totalidad desapareció un buen día, y, para nosotros, todo se organiza en adelante con la ayuda de la vista.
La teoría de las firmas
Junto al universo sensible, el universo inteligible estaba asimismo alejado del nuestro. Tratemos de resumirlo excusándonos por una simplificación un poco grosera. Para el occidental de la Edad Media o del Renacimiento, y también para el lector de El Pequeño Alberto en el siglo XVII, Dios creó el mundo y está presente en cada instante. Esta fe en Dios y esta existencia concreta, sensible, permanente del Creador son capitales. Detrás de cada cosa opera una fuerza divina; cada dato es la imagen, o el reflejo, o la morada del divino. En efecto, Dios ha firmado las cosas, es decir que en cada una de ellas ha depositado una marca distinta. Rozamos aquí la división en microcosmos (el hombre) y macrocosmos (el Universo), evocado ya en este libro y que está en el meollo de los libros mágicos. Cada objeto remite a otra cosa, un órgano a un planeta, a una planta, a un animal. Hay así «familias de cosas» que se pueden reconocer porque llevan la misma marca. Para limitarnos a la medicina, la enfermedad indica el medicamento a través de la firma, la cual puede ser un color, una forma, una semejanza, etc. Hay una «correspondencia» deliberada entre las cosas. El Pequeño Alberto facilita una lista completa de estas extrañas relaciones:
Algunos ejemplos explicarán esta extraña teoría, profundamente anclada en el subconsciente de cada individuo de la época. Existe, como lo demostró J. B. della Porta en su Phytognomonia (1583), una relación muy concreta entre flores y órganos del cuerpo humano. Hay flores de testículos (cebollas, bulbos), de riñones (judías) y otras que se parecen en algún sentido a «pulmones», «lenguas», «dedos», etc. Estas semejanzas tienen una gran significación, pues Dios no ha hecho nada por casualidad. Ha querido, en lo que concierne a la medicina, reflejar veneno en el medicamento. Así las plantas de bulbo serán útiles en las enfermedades del aparato genital masculino, y la digital para las afecciones de la mano.