Los grandes libros misteriosos
La destrucción de los libros
Hablar de los libros misteriosos podría llevarnos millares de páginas. Como hemos visto, todo escrito es por definición extraño e incluso sospechoso, ya que aspira a distraer al hombre, a tomarlo en un mundo conocido para llevarlo a otro desconocido, o a enseñarle, es decir, a cambiar las normas que considera establecidas. Por lo demás, este misterio primordial se complica en seguida, ya que existen toda clase de libros, y éstos encierran toda clase de misterios.
Hay en primer lugar el misterio de los libros reales, aquellos que existen indiscutiblemente y que, aunque raros, pueden ser hallados en las bibliotecas: misterio de su contenido más o menos esotérico, o misterio de su autor que a veces ha querido ocultarse. De éstos hemos dado abundantes ejemplos y aún podríamos añadir muchos más. Si dispusiéramos de tiempo y de espacio podríamos demostrar también que incluso algunos textos clásicos son (o son tal vez) algo muy distinto de lo que hemos aprendido. La Ilíada y La Odisea de Homero, así como el Soneto de las vocales de Rimbaud, han sido leídos por algunos como mensajes alquímicos que cuentan simbólicamente la receta de la Gran Obra.
A propósito de la alquimia, habría que decir también que algunos autores son quizá distintos de lo que nos han enseñado. ¿Por qué no se conserva de la obra de Newton (1643-1727) más que la parte propiamente científica que se refiere al descubrimiento de la gravitación universal, a la descomposición de
la luz y al cálculo diferencial?[1] ¿Sabemos que el gran sabio nos dejó textos muy diferentes, que se sitúan en una perspectiva muy distinta? Este extraño aspecto de Newton ha sido objeto de estudio en los Estados Unidos y se ha sabido que si bien nunca publicó una línea sobre la alquimia, dejó al menos 500.000 palabras en manuscritos alquímicos que nadie ha descifrado plenamente aún y que se conservan en la biblioteca de Portsmouth. El filósofo John Maynard Keynes escribió al respecto: