Los grandes libros misteriosos
Viaje al mundo de lo imaginario
Newton no fue el primero de los racionalistas. Fue el último de los magos, el último superviviente de la época de Sumer y Babilonia, el último gran espíritu que contempló el mundo invisible y visible con los mismos ojos que comenzaron a reunir nuestra herencia intelectual hace un poco menos de 10.000 años. ¿Por qué le he llamado «mago»? Porque veía el Universo entero como un enigma, como un secreto que puede ser comprendido aplicando el pensamiento puro a ciertas pruebas. Él cree que los indicios que pueden conducir a la solución del enigma se encuentran parcialmente en el cielo, así como en la constitución de los elementos (por ello, se lo toma equivocadamente por un experimentador científico), pero también en ciertos documentos y tradiciones que han recorrido el curso de los tiempos sin interrupción, como una cadena que jamás fue rota desde las primeras
revelaciones enigmáticas ocurridas en Babilonia[2].
¿Cuánta gloria no echaríamos abajo o, más bien, cuántos retratos de autores y sabios clásicos enriqueceríamos llevando un poco el estudio hasta sus libros más desconocidos? La literatura y la ciencia oficiales no son más que pedazos escogidos. Han tomado de ciertas mentes lo que querían conservar, rechazando el resto con peligro de grandes contrasentidos.
Viaje al mundo de lo imaginario
Entre los libros misteriosos, ¿no habría que citar acaso los que no existen, todas esas obras más o menos imaginarias que contendrían inmensos secretos y que nadie ha leído nunca? Así, por ejemplo, el famoso Necronomicón, atribuido al árabe demente Abdul al Azred, que no existió más que en la mente de aquel autor fantástico que fue Lovecraft. Citemos también las Estancias de Dzyan, que Madame Blavatsky (1831-1891), una de las fundadoras del movimiento teosófico, pretendió primero poder «consultar a través de la clarividencia» (sic) y del cual habría recibido posteriormente un
ejemplar en la India[3]. Nadie excepto ella tuvo nunca en sus manos el original de esta extraordinaria obra en la que, al parecer, se albergaban verdades tan profundas que conferían poderes mágicos a los hombres...
Madame Blavatsky no fue la única en imaginar así una «biblia» irreal y prodigiosa. El famoso Mathers, uno de los fundadores de la sociedad secreta inglesa llamada Order of the Golden Dawn, a finales del siglo pasado, sostuvo también que poseía un ritual secreto, llamado «manuscrito Mathers» por los especialistas, en el cual estaría resumido el modo de empleo de