Los grandes libros misteriosos

Guy Bechtel · Capítulo 124 de 133

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Los grandes libros misteriosos

Primera cronología de la vida de Fulcanelli

Los prefacios de las segunda (1957) y tercera (1964) ediciones de El misterio

de las catedrales[10] nos aportan algunas informaciones adicionales. Entre otras cosas, descubrimos en ellos que la obra fue escrita en 1922 y que en esa fecha, con una proximidad de unos meses, Fulcanelli no había logrado todavía la Gran Obra. Quiso, sin embargo, a partir de ese momento conservar el anonimato, ya que «estaba cerca de la Iluminación». Ello vendría a confirmar nuestras hipótesis precedentes, según las cuales Fulcanelli no debía desaparecer y no desapareció más que a partir del momento del triunfo. Nos enteramos también de que el maestro de Fulcanelli, su maestro no sólo primero sino verdadero, fue Basilio Valentín, otro alquimista del siglo XIV o

XV [11] , que usó también un seudónimo. Finalmente, se dice que Fulcanelli conoció al dibujante Julien Champagne en 1905 y a Canseliet en 1915. Escasas informaciones, pero las recogemos a falta de algo mejor con la esperanza de reconstruir la biografía del misterioso alquimista.

Los prefacios de Las moradas filosofales, a pesar de sus indiscutibles cualidades, son para nosotros más avaros aún. Sobre el propio Fulcanelli, no descubriremos más que una frase, escrita en 1958 para la segunda edición, en la que se nos dice que Fulcanelli «empleó más de veinticinco años buscando ese Oro de los Sabios que tenía en todo momento cerca de él». Simple notación, esta vez, pero que nos permite poco a poco trazar el cuadro cronológico de una vida.

En Alquimia, estudios diversos de simbolismo hermético y de práctica filosofal, publicada en Pauvert en 1964, Eugène Canseliet deja escapar una información más. Nos dice que Fulcanelli realizó una «experiencia feliz», entiéndase la transmutación, en una fábrica de gas y ante tres testigos «de los que sólo uno ha muerto». He aquí que acaba de dar una indicación sobre las actividades del alquimista, que disponía sin duda de un laboratorio en el organismo de fabricación y distribución que precedió al Gas de Francia y que

se llamaba entonces Gas de París[12].

Nosotros podemos, sobre este episodio de la transmutación de la fábrica de gas, facilitar informaciones hasta ahora desconocidas. He aquí la identidad de las tres personas, que, además de Fulcanelli, asistieron a la experiencia: Julien Champagne, el pintor; Gaston Sauvage, ingeniero químico de Poulenc, y el propio Canseliet. Fue este último quien (él nos lo ha contado) procedió a la transmutación siguiendo las instrucciones y bajo la dirección de Fulcanelli. Éste le habría entregado previamente tres fragmentos de la «piedra de transmutación»: uno del tamaño de una gruesa cabeza de alfiler, y los otros dos, más pequeños.

Finalmente, prosiguiendo nuestra investigación a través de todas las obras del discípulo, llegamos a La Alquimia explicada sobre textos clásicos (Pauvert, 1972), por lo que nos enteramos de que Eugène Canseliet... estuvo trabajando durante siete años en una fábrica de gas, la de Sarcelles. No deducimos de ello la identidad de los dos hombres, pero al menos empezamos a concebir cómo pudieron encontrarse. En el mismo estudio, nos enteramos de que Fulcanelli adoraba los juegos de palabras, lo que sabíamos ya por la lectura de sus libros, y que fue en la fábrica de gas perteneciente a la «Compañía Georgi» donde se efectuó «la transmutación famosa, hace ahora justo medio siglo». Esta transmutación, que se remontaría pues a 1922, no podía haber sido realizada por Canseliet solo, ya que en esa época él reconoce que no estaba aún tan adelantado. Por último nos dicen para la pequeña historia que Fulcanelli conoció muy bien a Pierre Curie (1859-1906), y después a su mujer

Marie Sklodowska[13].

¿Podremos con esos pocos elementos comenzar a reconstruir la biografía de Fulcanelli? Lo que sí podemos al menos es tratar de deducir algunas indicaciones, a condición de comenzar al revés.

? Muerte de Fulcanelli. 1930 Publicación de Las moradas filosofales. 1926 Publicación de El misterio de las catedrales.

Fulcanelli traza el borrador de El misterio de las catedrales.

1922 Poco después, es introducido (o trabaja) en la compañía del gas

de Sarcelles, donde consigue la Gran Obra.

1922 Fulcanelli hace investigaciones.

Se encuentra con Canseliet, que trabaja en la fábrica de

1915

Sarcelles.

1905 Conoce a Julien Champagne.

Por último, considerando el hecho de que era «un hombre viejo» en 1925, fórmula que corresponde a un hombre de sesenta años como mínimo, se podría dar una indicación sobre la fecha de nacimiento de Fulcanelli, fijándola en 1865 como máximo. Aparece entonces una posibilidad. Dado que el alquimista estaba unido a Pierre Curie, ¿no tenía quizás una edad semejante? Eso permitiría adelantar aún más su fecha de nacimiento, y fijarla en 1860.

Sobre la edad de Fulcanelli, tenemos también otra fuente de información. Eugène Canseliet nos ha contado que en 1919 llevaba luto por su abuela que acababa de morir a los ochenta años. Fulcanelli le habría dicho: «Toma, ésta es precisamente mi edad.» El alquimista habría nacido, por lo tanto, en 1839, y tendría ochenta y cuatro años en 1922, en el momento de la transmutación de Sarcelles.

Hemos interrogado a Canseliet sobre la apariencia de Fulcanelli en esa época:

«Aparentaba su edad. Era un anciano de 1,72 m. de estatura aproximadamente y con una hermosa barba sedosa.»

A falta de indicaciones más precisas, resaltemos que parecen surgir dos polos en la vida de Fulcanelli: el mundo de la fábrica de gas y un pequeño círculo esotérico.

El mundo de la fábrica de gas, hemos mostrado ya cómo aparece. Fulcanelli, igual que Canseliet, ha formado parte de él o ha podido frecuentarlo. Es probable que el primero, cuya cultura no necesita demostración, hubiera realizado estudios avanzados. Podemos imaginar, pues, que si pertenecía a la fábrica ocupaba en ella un puesto importante, quizás el de un ingeniero. ¿No es posible acaso encontrar una relación del personal de la fábrica de gas en 1922? Habría muchas posibilidades de leer en ella el verdadero nombre de Fulcanelli, a menos que hubiera prestado sus servicios allí sólo como invitado, que se hubiera puesto a su disposición un laboratorio sin que perteneciera al personal.

El mundo del esoterismo es, asimismo, uno de los marcos de la vida de Fulcanelli. Sin querer minimizar la importancia de la investigación personal y el aspecto de toda personalidad, apenas podemos imaginar que un hombre se lance a la conquista del Mercurio de los filósofos sin leer, sin hablar a su alrededor, sin buscar contactos. Antes de ser adepto, se es neófito; antes de encontrar, se busca. El pequeño círculo al que debió, si no pertenecer, al menos participar Fulcanelli, fue sin duda el de Pierre Dujols.