Los grandes libros misteriosos

Guy Bechtel · Capítulo 133 de 133

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Los grandes libros misteriosos

¿Era realmente una falsificación el manuscrito Shapira?

¿Era realmente una falsificación el manuscrito

Shapira?

Entre los asuntos comerciales, es preciso contar el de una supuesta falsificación, el manuscrito Shapira. Se trata del descubrimiento, hacia 1883, de dos antiguos libros hebreos del Deuteronomio, redactados en cursiva hebraico-fenicia. Un tal W. Shapira, comprometido ya en un negocio sospechoso, los traía de Palestina y aceptaba separarse de ellos por un millón de libras esterlinas.

Si la autenticidad podía ser demostrada, el descubrimiento era sensacional. En efecto, no se conoce la escritura cursiva paleohebraica más que a través de la famosa estela moabita de Messa, que data del siglo IX a. de J. C. Pero, precisamente, los dos libros, escritos sobre cintas de cuero, ¿no eran acaso falsificaciones?

Los más grandes especialistas, el francés G.-G. Ganneau y el inglés Christian Ginsburg, estudiaron la cuestión. La historia que contaba Shapira era inverosímil. ¿Cómo unos manuscritos semejantes habían podido ser encontrados, en 1878, siempre por casualidad, siempre por un camellero, en una gruta de la región oriental del mar Muerto? Todas las grutas eran consideradas muy húmedas. ¿Cómo no se habían dañado los textos en el curso de los siglos? En aquella época no se conocían evidentemente los manuscritos del mar Muerto, encontrados en condiciones idénticas mucho más tarde. Se dudó. La escritura era excepcionalmente fresca y las condiciones del descubrimiento entonces poco de fiar. El capitán Conder, ingeniero que había trabajado en Palestina, certificó que en la región considerada, no existía ninguna gruta perfectamente seca: en ellas caían 500 milímetros de lluvia al año. Ganneau y luego Ginsburg dieron su veredicto: los manuscritos del Deuteronomio eran falsificaciones. Shapira acabó suicidándose en Holanda.

Hoy, a la luz de lo que nos ha enseñado el descubrimiento de los manuscritos del mar Muerto, nos gustaría examinar nuevamente los manuscritos Shapira. Pero han desaparecido. Se sabe ahora con seguridad que existen grutas perfectamente secas en aquella región del globo y que unos manuscritos sobre piel pueden subsistir en ellas sin daño durante milenios. Antes de morir, Shapira dirigió una carta al conservador del Museo Británico para suplicarle que hiciera examinar los manuscritos de nuevo por sabios imparciales. ¿Podrá este último deseo ser realizado alguna vez? Algunos pretenden que el Museo Británico conservó los manuscritos en cuestión y que se encontrarían aún, olvidados, en alguno de sus desvanes.

Un hombre murió por ellos. ¡Qué extraño destino el de ese supuesto Deuteronomio, encontrado y perdido, del que ya no se sabe hoy si era verdaderamente una falsificación o si los sabios de la época despreciaron un excepcional descubrimiento! Misterio y maldición se vuelven a encontrar en

este asunto, que quizá no se ha terminado[12].

Cuando se toca por encima así todo lo que ha sucedido a los manuscritos antiguos, cuando se escribe la «historia de los libros», ¿hay que asombrarse finalmente más de su desaparición o de su descubrimiento? El historiador Gibbon escribió, a propósito de las desgracias ocurridas a las bibliotecas alejandrinas:

Cuando considero el paso de los siglos, los perjuicios de la ignorancia, los desastres de la guerra, no es lo que hemos perdido lo que me asombra, sino lo que hemos conservado.

Esto es olvidar un poco a la ligera que las destrucciones superan en mucho a los descubrimientos. El libro es maldito por esencia, y pocos subsisten al cabo de un solo milenio, con mayor razón de dos. ¿Y que ha ocurrido en los dos milenios desde la invención de la escritura? Civilizaciones enteras son para nosotros en parte impermeables por falta de documentos escritos. ¿Dónde están los libros púnicos que nos informarían sobre la verdadera historia de Cartago, sobre el verdadero punto de vista de Aníbal, que sólo conocemos a través de los historiadores romanos, es decir los historiadores vencedores?

¿Hay que recordar también esas literaturas que desaparecieron sin dejar rastro: la literatura de los etruscos, la literatura de los khmers y la literatura de los fenicios de Sidón? El balance de los libros malditos es mucho mayor aún que el de los libros milagrosamente protegidos.

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