Los grandes libros misteriosos
¿Qué es un libro misterioso o maldito?
Dicho esto, entre el proceloso mar de los libros hemos querido buscar aquellos que, más que todos los demás, han ofrecido u ofrecen aún los signos del misterio o de la maldición.
Por desgracia, algunos campos nos están prohibidos. ¿Cómo saber, por ejemplo, lo que la Iglesia guarda en las reservas (los «infiernos») de la Biblioteca Vaticana y que nunca ha sido comunicado? Ningún laico penetra allí. ¿Cómo recuperar los libros y los manuscritos que debían utilizar esos viajeros occidentales que iban a asistir en la Edad Media a los cursos de la más misteriosa de las «universidades» africanas, la de Tombuctú? No queda nada de ellos. ¿Cómo descubrir los libros que imprimieron los misioneros alemanes en el Congo en pleno siglo XVI? Se han perdido. ¿Y qué decir de literaturas enteras que no han llegado hasta nosotros, o que no sabemos leer, como la literatura de los cretenses o la de los etruscos? No podemos recuperar lo que se ha perdido para siempre. Pero, fieles al principio de dar un ejemplo de todo caso posible, de todo campo afectado por lo extraño o la maldición, hemos intentado demostrar cómo ciertos manuscritos muy antiguos fueron encontrados, y arrancados a la condena de un silencio que parecía eterno.
Otro criterio de maldición nos parece que está constituido por la acogida hecha, en su misma época, a ciertos libros. Teníamos que hablar de las hogueras de la Inquisición y de las censuras. Éstas son, por lo demás, ejercidas en todas las épocas en distintas formas. Está la censura simple: un libro es condenado a no aparecer o a ser destruido. Hay también censuras más sutiles: el libro ha sido publicado, pero se hace el silencio respecto a él.
Otro problema se planteaba por lo que concierne a los innumerables libros religiosos, pero nosotros no los hemos retenido como tales. Así no trataremos, por ejemplo, del Corán, en el que sería precisa mucha perversión del alma para considerarlo un libro misterioso. Obras que plantean muchos problemas históricos, morales o etnológicos, como los cuatro grandes Vedas, los Upanishads, el Tao Te King y otros grandes monumentos del pensamiento oriental, tampoco son nuestro tema.