Los grandes libros misteriosos

Guy Bechtel · Capítulo 92 de 133

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Los grandes libros misteriosos

Paracelso, un auténtico genio

Y en los mismos versos hallamos la palabra cap (¿Capeto?), la idea de una elección (¿el rey elegido?), la guillotina (corta). Son demasiadas coincidencias...

Las famosas cuartetas auténticas y habitualmente atribuidas a Napoleón son asimismo inquietantes:

Un emperador nacerá cerca de Italia.

Que el Imperio se venderá muy caro.

Dirán con qué gentes se une

Que será considerado menos príncipe que carnicero [17].

De soldado simple llegará al Imperio.

De túnica corta llegará a la larga;

Valiente en las armas, en la Iglesia donde peor.

Vejar a los sacerdotes, como el agua hace la esponja [18].

Hay que reconocer que estas cuartetas cien veces citadas conservan un cierto poder de persuasión. Ciertamente, han nacido varios emperadores cerca de Italia. Pero pocos han sido responsables de carnicerías comparables a las que se vieron en el primer Imperio. Entre tales emperadores, muy pocos también empezaron su carrera como simple soldado. Aquí también coincidencias... Entonces, ¿qué conclusión sacar?

¿Fue Nostradamus un verdadero adivino cuyas predicciones se realizaron? Digamos que su caso, muy complejo, exigiría información adicional, y si ello no es posible, un sobreseimiento. En cualquier caso, sigue siendo un poeta seductor. Mientras tantas profecías resultan pesadas de leer, las suyas, por su misma oscuridad, se hacen especialmente sensibles a ciertas sonoridades, a ciertas imágenes incongruentes. Por esto es preciso también leerlo sin preocuparse demasiado de lo que es verdadero o falso para placer del oído y por la belleza de la poesía.

 

Paracelso, un auténtico genio

Muy diferente de Nostradamus, fue Paracelso. Este médico alemán (1493-1541) se preocupó muy poco de la adivinación, concerniendo lo esencial de su obra, por otra parte, de una importancia considerable en la historia de las ciencias, a la medicina y la química. Se cree que fue el primero en relacionar estos dos campos, preconizando por primera vez una verdadera yatroquímica,

es decir, una medicina química[19].

Su obra, extremadamente variada y tupida, no se limitó a eso. Profesor de medicina, cirujano itinerante, Paracelso se interesaba por todo, y, en las aproximadamente cuatrocientas obras o tratados que compuso, descubrimos referencias a todas las disciplinas: la alquimia, la balneoterapia, la mineralogía, la psiquiatría, el magnetismo, la magia, la astrología, la homeopatía. No nos asombraremos, por tanto, de saber que esta mente universal, por otra parte imbuido de la teoría de las correspondencias, y para quien, por lo tanto, «todo tiene relación con todo», publicara también dos obras de predicciones.

Poco diremos de la primera, muy corta y de escaso interés. Se titulaba Tratado sobre el cometa y data de 1531. Descubrimos en ella el anuncio de guerras, de batallas sangrientas, de muertes súbitas. En aquellos años de discordia religiosa, no había que ser un gran astrólogo para predecir tales acontecimientos.

Mucho más extraordinario parece el Pronóstico para los veinticuatro años futuros, ofrecido por Paracelso en Augsburgo en 1536. Este libro, que sería

reeditado varias veces[20], sorprende ante todo por su belleza. Se compone de treinta y dos láminas finamente grabadas y acompañadas de un breve texto (una decena de líneas por lámina). Además, es una obra cautivadora porque, a diferencia de las cuartetas de Nostradamus, el autor se expresa con claridad. No encontramos ninguna mezcla de lenguas, ningún anagrama, ninguna frase oscura. Toda la predicción es inmediatamente legible, cuando no inteligible, y si bien no anuncia hechos concretos como la caída de Luis XVI o el advenimiento de Napoleón, las generalidades que anuncia nos parecen por sí solas fantásticas. En efecto, en 1536. Paracelso afirma tranquilamente que las monarquías están condenadas y les sucederá la democracia.

En esa época reinan Carlos V en el Imperio germánico y Francisco I en Francia. No se trata de soberanos borrosos que podrían dejar entrever el fin de las dinastías y el nacimiento de las repúblicas. Paracelso es verdaderamente profético, tanto más cuanto que proporciona todos los detalles deseables. Uno de los grabados del Pronóstico representa, por ejemplo, un zarzal muerto portando tres ramas con tres flores de lis. Algunos años más tarde, la dinastía francesa de los Valois-Angulema se extinguía con el reinado de tres hermanos. Paracelso no piensa, por otra parte, sin duda únicamente en la realeza francesa, evocada tan claramente por estas flores de lis. Parece que apunta a todas las realezas, y más adelante escribe —en 1536—, repitámoslo: «Muchos son los presagios de que el régimen monárquico debe desaparecer.»