Los grandes libros misteriosos
Los escritos de Hermes Trimegisto
Todo empieza con el Libro de Tot, dios de la mitología egipcia, que lo habría inventado casi todo y, en particular, la escritura. Según la tradición, un día quiso dar a los hombres los conocimientos secretos necesarios para el dominio de la Naturaleza y los resumió en un papiro, recopilación de todos los conocimientos y todas las recetas, que posteriormente se habría transmitido entre sacerdotes e iniciados durante siglos.
¿De cuándo dataría este papiro y en qué época habría vivido Tot? Nadie, por supuesto, sabe nada al respecto. Algunos de los que más tarde pretendieron haber poseído este papiro lo hacen remontar a 10.000, incluso hasta 20.000 años. Los dioses no tienen una cronología segura...
El asunto se complica debido a que la egiptología es un coto cerrado en el que, desde hace mucho tiempo, se enfrentan sabios oficiales, soñadores, místicos, charlatanes, poetas y seres originales. El combate resultó especialmente vivo en el siglo XIX y en el primer cuarto del siglo XX, cuando Egipto parecía aún la cuna de todas las civilizaciones, es decir antes de que se efectuaran los grandes descubrimientos arqueológicos de la región de Ur, de Assur y, actualmente, de Turquía. Antes de saber —hace menos de diez años — que ya habían existido grandes sociedades urbanas en el sexto milenio antes de Jesucristo, muchos pensadores estudiaban el «milagro» egipcio. ¿Cómo pudo una civilización de este tipo nacer a comienzos del tercer milenio y llegar a realizaciones considerables?
Los egiptólogos clásicos advertían la clara diferencia existente entre la sociedad neolítica y la sociedad egipcia, pero creían que el paso se había efectuado insensiblemente, gradualmente. Los investigadores más independientes, a los que Jacques Bergier llama «románticos», se inclinaban más bien por la hipótesis de Tot, es decir por una especie de revelación hecha a los hombres en un cierto momento, una revelación venida del exterior, por supuesto, y que les habría abierto las puertas del saber. A esta última escuela de pensamiento hay que vincular a René Schwaller de Lubicz y C. Daly