Los grandes libros misteriosos

Guy Bechtel · Capítulo 67 de 133

Páginas del PDF

Los grandes libros misteriosos

¿Podemos dar una definición global de la enfermedad?

En nuestra hipótesis en la que la enfermedad —y, se comprende, tal vez todas las cosas— sería en definitiva un hecho cultural, podríamos finalmente comprender de una manera lógica semejantes fenómenos que hasta el momento no entran en nuestros marcos demasiado estrechos porque son demasiado físicos. La comprobación de la no-repetición a voluntad de un experimento permitiría quizás admitir que los alquimistas se situaban o se encontraban situados en condiciones culturales tales que la transmutación se hacía posible, no ya por una acción sobre los núcleos, como hacemos nosotros en las pilas atómicas, sino simplemente por un procedimiento químico particular situado al nivel periférico, el de los electrones.

 

¿Podemos dar una definición global de la

enfermedad?

Nuestra reflexión sobre los libros mágicos invitaría también a plantearse la cuestión de si, en medicina, no se ha hecho necesaria una nueva concepción de la enfermedad. ¿Qué es lo que explica una enfermedad, qué es lo que la produce, qué desencadena su evolución en un cierto momento, qué es lo que, por ejemplo, convierte en nocivo uno de los microbios con los que nos tropezamos a diario? En verdad, no carecemos de definiciones, atribuyendo unas la enfermedad a un agente, otras a un medio, otras al debilitamiento de los mecanismos de defensa, etc. Pero no se descubre en definitiva unidad en esas respuestas. Únicamente se ha esquivado la dificultad, describiendo causas particulares, quizás incluso simples «ocasiones», en tanto que la enfermedad, sea cuales fueren sus formas y sus orígenes, es con toda probabilidad un elemento entero, global, en la vida humana. En cualquier caso, es vivido como tal.

Tal vez, buscando en esta vía, descubriríamos que la enfermedad no aparece más que en ciertas condiciones de «desculturización». Así como el medicamento sólo puede actuar perfectamente en una cultura aceptada y auténticamente vivida, el agente de la enfermedad no podría revelarse más que cuando esta cultura sufre un fallo de gravedad. En apoyo de esta hipótesis, podemos evocar el caso de los indios de América a finales del siglo XIX. Su desaparición se explica seguramente por las matanzas de «pieles rojas» que se produjeron. Pero es asimismo claro que después de su derrota, los indios empezaron a morir por millares en su semicautividad. Se acusa generalmente al alcoholismo de haber hecho estragos entre ellos. El problema debe ser en realidad más complejo.