Mala suerte

Juan Aparicio-Belmonte · Capítulo 40 de 77

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Mala suerte

Capítulo 39

 

—¿Cuándo vas a terminar el cuadro?

—No lo sé —dijo Layla sin desviar la vista del lienzo.

—¿Estás enfadada? —preguntó Esteban.

—No lo sé.

—No me gusta la comisario. Que te quede claro.

—Antes no la soportabas y ahora no paras de hablar de ella.

—No exageres, no hablo tanto de ella.

—Yo creo que hablas demasiado de ella.

—¿Sabes lo que me ha ocurrido hoy durante el sicoanálisis? —⁠No.

—Nada, que he preferido tomar una copa con la comisario.

—¿Qué?

—Es broma.

Layla sacudió el pincel en la dirección de Esteban y una ráfaga de pintura alcanzó su jersey.

—¡Qué haces!

—Por listo.

—Esto no se quita —se levantó Esteban de la mecedora.

—Sí se quita.

—No se quita.

—¿Ha ocurrido algo o no ha ocurrido algo?

—Sí. Cuando me despedía de don Femando, cuando ya salía por la puerta de la consulta, me ha ocurrido algo increíble.

—¿Qué?

—Me he topado de pronto con un hombre calvo, bigotudo y bajito y una mujer mayor…

—¿Y?

—Debían de ser madre e hijo. Él, casi cuarentón, estaba avergonzado como un niño al que llevan de la mano en su primer día de colegio.

—¿Y?

—Pues que nada más verme el tío se ha puesto pálido y ha huido a toda prisa en dirección al cuarto de baño tosiendo como si hubiera visto un fantasma. Y su madre ha salido detrás dando voces como otra histérica. «¿Ves cómo te decía yo que teníamos que venir al doctor?», decía. No te puedes imaginar la reacción del tío… «¿Tan feo soy?», le he preguntado al siquiatra. Y don Femando me ha dicho que es un nuevo paciente, un caso complicado. ¡Y tan complicado! Ese bigotes es un emisario de la Mala Suerte, seguro. Tiene que serlo. Ha tenido la típica reacción que presagia la Mala Suerte.

—Venga. No digas tonterías y echa a lavar el jersey.