Mala suerte

Juan Aparicio-Belmonte · Capítulo 71 de 77

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Mala suerte

Capítulo 70

 

No, Sarita. En efecto el mundo no es un pañuelo, es mucho más pequeño que un pañuelo; el mundo es un lunar de un pañuelo de esos que tú te colocas muy coqueta en el cuello para ir a comprar al supermercado los sábados o visitar una joyería robada los lunes.

Al parecer, el padre de Pichón fue durante muchos años portero de la casa donde vivía don Fernando, hasta que el pobre hombre murió atropellado por un coche que se dio a la fuga. El hombre salía de una panadería con su niña de doce años, a la que acababa de comprar un bollo, y aquella tragedia conmocionó al barrio.

Así te lo cuenta la hija del siquiatra. De manera que estos últimos días, Esteban Gómez, Rafael Pichón y tú compartíais siquiatra. Increíble, pero cierto.

La hija del siquiatra está preocupada sobre todo por el destino de su padre y se siente culpable de no haber tenido reflejos para cerrar la puerta al ver a Pichón, de quien ya sabía por don Fernando que estaba huido y era el sospechoso de al menos un crimen. Tú intentas tranquilizarla, a ella y a su madre; estáis sentadas a la mesa de una cafetería cercana a la consulta, y les repites que el edificio ya está rodeado por los Geo, que en seguida intervendrán y sacarán sano y salvo a don Femando.

Pero todo el barrio ha escuchado los disparos, uno y en seguida el otro, y es cuestión de tiempo que el lugar comience a llenarse de periodistas y que la hipótesis que manejáis en la policía tome cuerpo de noticia y empeore la angustia de las mujeres: don Femando está muerto.

Hay que dejar una puerta abierta a la esperanza y tú te empeñas en creer que está vivo, y lo cierto es que todo es un rumor, el germen de varias conjeturas muy verosímiles, sí; pero conjeturas.