Mala suerte
Capítulo 65
La gente me mira como si tuviera monos en la cara. Ese guardia jurado también me mira. Ahora se hace el tonto. Me ha descubierto. Se va a chivar a la policía. Es un chivato.
Todos los guardias jurados son maderos frustrados. Todos son chivatos. Les gusta quedar bien con los maderos. Son todos hijos de obreros que se creen importantes solo porque se ponen un uniforme. También hay muchos hijos de obreros que se creen alguien solo porque trabajan en un banco con chaqueta y corbata.
Tengo que irme de aquí. Este no es un lugar seguro. Ese guardia jurado me ha vuelto a mirar de reojo. Tengo que irme a otro sitio. Nunca debí venir aquí. Has sido tú, Fabio. Me has metido esta idea loca en la cabeza para que me cacen. La idea loca de venir a El Corte Inglés de Princesa, barrio de ricos. Ahora me doy cuenta de lo ingenuo que he sido. Tú querías que viniera aquí para que me cazaran.
Tengo que meterme en el metro. Yo conozco mejor que nadie el metro. Los de la margen izquierda somos los únicos que de verdad utilizamos el metro… Dios mío, me han reconocido. Ese maldito guardia jurado. Yo no le he hecho nada. Que me deje en paz. Yo solo estoy mirando los ordenadores. No puedo robar un ordenador. No me cabe en el bolsillo, ¿no se da cuenta?
Ha ido a avisar a la policía. Seguro. Yo no estoy haciendo nada. Solo quería mirar los ordenadores. Yo solo he venido a mirar y a comprar soldados. Saben que soy pobre. Solo por eso me consideran sospechoso de robar o de hacer algo malo. Cree el ladrón que todos son de su condición.
Yo soy más listo que ellos. Dios mío: sirenas. Fuera de aquí, rápido. Por la otra puerta. Rápido, rápido.
Lo conseguí.
Rápido, rápido, al metro.
No hay que correr. Hay que andar. Andar. Andar rápido para que nadie sospeche. La gente es muy desconfiada. Yo siempre he confiado en la gente. Me han hecho faenas por confiar demasiado. Ahora ya sé que no puedo confiar ni en mi madre.
Qué iglesia más bonita hay allí. Parece un triángulo gigante. Es muy bonita. Es gris. Me gustaría entrar pero no tengo tiempo. Los ricos saben construir iglesias. Es bonita esta iglesia. Es moderna.
Mucha gente se mete con la Iglesia, igual que se mete con la Legión, por ignorancia. Yo también estoy de acuerdo con que muchos curas no son trigo limpio. Pero la mayoría son hijos de obreros, como los legionarios.
Mi madre me llevaba a misa cuando yo era pequeño. La buena mujer (mi padre y ese siquiatra le han sorbido el coco) quería que yo hiciera la confirmación. Yo la hice, pero no por ella, aunque ella piense que sí. Lo hice porque me llevaba muy bien con el padre Matías. El padre Matías también era muy buena persona.
El padre Matías me invitaba a helados de fresa. Yo tenía 16 años. Hablaba con él. Él me escuchaba. Me hacía caso. Me daba buenos consejos. Yo le decía lo que me pasaba en casa con mi padre. Él me abrazaba para consolarme. Me daba besos también. Mi padre se quejaba de que yo estuviera siempre con el padre Matías. Tenía envidia de que yo me llevara bien con él. Le daba envidia que tuviera un amigo de verdad. Él nunca ha tenido un amigo de verdad. El padre Matías era cariñoso conmigo. Todos los chavales necesitan cariño.
El padre Matías era bueno. Luego se enfadó conmigo no sé por qué (yo no robé el aguinaldo, yo no lo robé). Pero durante un tiempo me llevé muy bien con él. Era muy bueno conmigo, el padre Matías. No sé por qué me abandonó. Estábamos en Siruela y de pronto… Se fue. Traidor.