Trasplante

Frank G. Slaughter · Capítulo 16 de 63

Páginas del PDF

Trasplante

1Stinger, whisky con cointreau. (N. de la t.)

pasando por alto las trémulas objeciones, como Lanzarote cuando, enfundado en su armadura, galopaba al rescate de Ginebra.

–Estás hermosa -fue el saludo de Henry mientras tomaba a Selena por el codo y la llevaba suavemente en dirección al maître, que los esperaba con deferencia.

–Hola, Henry. – Selena parecía desanimada.

–¿Qué ocurre? – preguntó Henry una vez sentados a la mesa en el rincón que había reservado.

–Todo. Necesito un trago.

–Por supuesto. ¿Qué te apetece?

–Lo que vayas a tomar tú. Sabes que no bebo mucho.

–Un stinger 1, es delicioso y suave -mintió noblemente Henry, y, acto seguido, le pidió dos a un camarero que revoloteaba a su lado.

–No sabía que éste era uno de los lugares que frecuentas -observó Selena, paseando la mirada a su alrededor, mientras esperaban sus bebidas.

–Vengo aquí de vez en cuando…, para cambiar.

–Eso es lo que yo necesito…, un cambio.

–¿Cuál es el problema?

–Algo que sucedió en la oficina. Te lo contaré después de cenar.

–¿Puedo repetir que estás particularmente hermosa esta noche?

–Más vale que no me mires así, Henry. Quiero decir en tu situación.

–Tu amigo, el doctor Schwartz, lo arregló todo -le aseguró Henry.

–¿Con una sola consulta? Apenas lo puedo creer.

–Es algo casi increíble, pero soy un hombre nuevo.

–Ciertamente, has cambiado -manifestó Selena-. Tienes un aire de seguridad…, casi como si estuvieras seguro de conseguir el éxito…, un aire que no tenías

1 Stinger, whisky con cointreau. (N.

de la t.)

antes.

–¿Cuál prefieres?

–En este momento estás actuando como Bart Bartlemy y me parece que prefiero al viejo Henry.

–Tú eres la responsable del nuevo -le recordó Henry-. Bueno, por supuesto, el doctor Schwartz también lo es.

–Supongo que eso es lo que me está molestando. En alguna parte leí que en el Lejano Oriente, si un hombre le salva la vida a otro, se hace responsable por siempre de la vida que salvó.

–¡Excelente idea! Puedes empezar a responsabilizarte de mí en este preciso instante.

–Ya lo hago, como tu editor.

editor. Cásate conmigo y deja que te aleje de todo esto.

Selena arqueó las cejas.

–Por lo que tú llamas esto, la mayor parte de las chicas darían un ojo de la cara.

–Eso no es lo que quiero de ti -señaló Henry cuando el camarero hubo colocado las bebidas enfrente de ellos.

–Lo que quieres es bastante obvio por tu mirada -le aseguró Selena al alzar su copa-. ¡Salud!

–¡Salud! – exclamó Henry y se sorprendió cuando Selena se tomó la fuerte bebida casi tan rápidamente como Gloria se había tomado su whisky la noche anterior.

No me refiero sólo a tu responsabilidad

como -

Me parece que la investigación que estás llevando a cabo acerca de la vida de Bart Bartlemy ya está afectándote -indicó Selena al colocar su copa en la mesa.

–Cásate conmigo y no tiene por qué ir más allá…, como investigación, quiero decir.

–¿Qué tan lejos ha ido ya?

–¡Oh! Ya sabes… -Henry presentía que ése no era el momento adecuado para contar a Selena lo de Gloria Manning…, si es que tal momento existía-. He estado indagando sobre la vida sexual de Bart, sus primeras aventuras amorosas, cosas así.

–¿Quién fue la primera?

–Una compañera de colegio de segunda enseñanza; no querrás oír los sórdidos detalles.

Henry empezaba a sudar, aunque no había tan poca probabilidad de que la temperatura del Peacock Alley variara de más de un grado de una

estación a otra, que la de que el Sol se detuviera. Entonces le llegó una inspiración.

–Por supuesto, el tipo de lenguaje y de escritura que hará de Supersemental un éxito implica que tengo que aprender un idioma que es nuevo para un antiguo profesor de literatura inglesa -sostuvo.

–Supongo que sí.

Para sorpresa de Henry, Selena aceptó un segundo trago antes de pedir la comida. Pensaba retrasar tanto como pudiera el momento de decírtelo, pero más vale que te lo diga de una vez -le informó Selena cuando ya habían tomado la mitad del segundo trago-. Lo siento, Henry, pero ya no tienes que continuar con la investigación.

–¿Por qué?

–El señor Bennett asistió a la reunión de la sección de libros de ficción esta tarde. – El segundo trago había añadido un leve toque sonrojado a la perfección alabastrina de la tez de Selena, y Henry le encargó subrepticiamente al camarero otra ronda-. Más vale que te lo diga ahora. No le gusta la idea de Supersemental.

–¡Diablos! No es posible. Pero ¿no le gustó a Nick Darby el proyecto cuando se lo resumiste?

–Nick se volvió loco cuando le hablé al respecto antes de la reunión -

Selena miró con suspicacia el tercer vaso que el camarero acababa de colocar frente a ella-. ¿Qué estás intentando hacer, Henry? ¿Quieres hacerme pescar una para poder atraerme a tu guarida?

–Esa es la mejor idea que he oído hoy, pero recuerda que ofrecí legalizarlo.

–La reacción de Abner Bennett ante tu esbozo me trastornó tanto que perdí la calma y le hablé muy bruscamente.

–Mejor tu virtud que tu calma.

–¿Quién dijo eso?

–Va a ser una de las respuestas de Supersemental.

–¡No me digas que ya comenzaste a escribir!

–Sólo las primeras líneas. ¿Quieres oírlas?

Antes de que Selena pudiera contestar, Henry empezó a declamar con una voz un tanto más alta que la normal, gracias al alcohol que ya circulaba en su sangre:

Estaba ahí en la puerta, soñolienta, y parecía no darse cuenta de que estaba desnuda.

-¿Quién eres? – preguntó.

-Me llamo Bart y tengo hambre.

Anoche también tenías hambre. ¿O no son éstas las marcas de tus dientes en mí…?

Se acercó más a Bart mientras hablaba.

-¿Las ves?

-No son mías -dijo Bart-. Yo prefiero los mordiscos pequeños.

-Bueno. quienquiera que seas, maestro, estás a tiempo para el desayuno.

–¡Henry! ¡Para! – exclamó Selena.

–Lo siento, cariño, el autor en mí se enardeció.

–Por la expresión que tenías me parece que alguien más se estaba enardeciendo y durante un momento me temí que sería yo.

–Bien: ésa es una buena idea -le dijo Henry con entusiasmo-. Termina tu bebida y vámonos a casa, donde puedo prepararte una de esas tortillas que tanto te gustan.

–No tengo mucho apetito, y con esas tres bebidas que tomé quizá me desmaye aquí mismo y te haga pasar vergüenza, por lo que tal vez sea una buena idea -contestó Selena-. ¿Estás seguro que toda esta investigación de la que me hablabas la llevas a cabo en tu casa?

–Absolutamente toda, con excepción, por supuesto, del placer que me proporciona mirarte.

–Pero te defraudé -gimió Selena-. Creí estar haciendo lo más adecuado para ti, pero ahora…

Henry alcanzó su mano del otro lado de la mesa.

–No podrías hacer nada malo, cariño…, nunca.

–¡Estoy tratando de decirte que Bennett Press no va a publicar Supersemental!

–¡Qué!

–Bueno: supongo que no son los de Bennett Press, es él -reconoció Selena.

–En el imperio editorial Bennett, sólo un hombre era siempre él -a sus espaldas, por supuesto-. A su cara siempre le decían: «Si,señor Bennett. No, señor Bennett. Por supuesto, señor Bennett.»