Trasplante

Frank G. Slaughter · Capítulo 29 de 63

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Trasplante

Libro Tres

–A primera hora de la mañana pídele a tu secretaria que avise a Bennett Press que Selena está enferma. Si lo hiciera yo es probable que hubiera chismorreo.

–Por cierto, ¿qué piensa ella de todo esto?

–Todavía está dormida, y supongo que se pondrá furiosa cuando se despierte y le diga que primero voy a

escribir Supersemental.

–¿Y que lo haces para protegerla?

–No. Lo único que lograría sería que tomara la oficina de Annunzio por asalto… o la de Fortuna… y echara a perder el trato. Buena suerte, Henry.

Tengo la impresión de que la necesitaremos antes de que todo este asunto termine.

El único número de Gregory Annunzio en el listín telefónico era obviamente el de una oficina, lo que significaba que el teléfono del domicilio era reservado. Cuando Henry llamó al número que tenía, una voz femenina contestó, después de dejar que sonara unas cuantas veces.

–Servicio del contestador del señor Annunzio. ¿Qué se le ofrece?

–¿Puede usted hacerle llegar un mensaje de mi parte al señor Annunzio?

–Por supuesto, señor. Generalmente llama varias veces por la noche.

–Sólo dígale que llamó el señor Walters.

–¿Podría deletrear el nombre, por favor?

Henry lo hizo.

–¿Y cuál es el mensaje, señor?

–Diga al señor Annunzio que recibí su mensaje.

–¿Sólo eso, señor: «Recibí el mensaje»?

–Sí. Él comprenderá.

–Gracias, señor Walters. El señor Annunzio recibirá su mensaje.

LIBRO TRES

Patty

I

Henry se despertó en el sofá al son de un tarareo en la cocina y al olor de bacón frito y de café. Permaneció acostado un rato, saboreando el placer del momento, no quería destruirlo con la inevitable discusión que se armaría seguramente cuando le mencionara a Selena lo que había decidido la noche anterior.

–¿Vas a dormir todo el día?

Henry se volvió y vio a Selena de pie en la puerta del dormitorio. Estaba totalmente vestida, llevaba un delantal de encajes y no mostraba ningún efecto negativo debido al accidente de la noche anterior, a excepción de unos cuantos parches de tela adhesiva.

que hacerlo -añadió Selena.

–No te esperan -le dijo Henry-. Le pedí a Harry Westmore que su secretaria llamara a tu oficina para

no tengas tú tengo que ir a la oficina, aunque Yo -

decirles que sufriste un accidente.

–No creas que voy a dejar que unas cuantas magulladuras me impidan ir a la oficina, ¿verdad?

–Fueron más que unas cuantas magulladuras.

–Y tú no desaprovechaste nada tampoco, ¿verdad? – manifestó Selena, pero sin mostrar rencor-. ¿Tuviste que desnudarme y ponerme el pijama?

–Tenias una mancha de sangre en la combinación, por lo que tuve que descubrir de dónde venía. Por cierto, sería bueno que te hicieras quitar esa marca de nacimiento color fresa que tienes en el trasero. Aparentemente, se raspó cuando el hombre del metro te subió al andén, porque estaba sangrando un poco cuando te quité los pantys.

–Esa marca de nacimiento es una característica de mi familia; es hereditaria. ¿Cómo te gustan los huevos?

–Fritos.

–Estarán listos en cinco minutos, lo que apenas te da tiempo para lavarte.

Cuando Henry salió del cuarto de baño, Selena estaba sacando los huevos de la sartén y colocándolos en un plato que ya contenía bacon y pan tostado.

–¿Encontraste el vestido de boda ayer por la tarde? – preguntó Henry mientras se servía café.

–No. Me acordé que tenía que preparar los contratos para tu nueva novela histórica con el fin de dárselos a Harry, así que regresé a la oficina.

Por eso estaba en el metro.