Trasplante
Capítulo III
bastante voluptuosa de Gloria Manning. Ya que el resto de su mundo se había derrumbado, quizá ella representara una roca a la cual aferrarse mientras buscaba un punto de apoyo y un camino que le permitiera liberarse de las cadenas con que Gregory Annunzio y el gran John Fortuna le habían atado.
–Te puedes quitar la ropa en el dormitorio -contestó.
III
Para sorpresa de Henry, Gloria mostró gran habilidad en el teclado del ordenador/procesador de textos. Después del primer día, dejó de escribir a mano y empezó a dictarle directamente la historia, que avanzaba con gran rapidez, a medida que se iba desarrollando en su mente, mientras ella pasaba las palabras, las frases y los párrafos al monitor, donde se podían hacer las correcciones pertinentes antes de que el texto fuera transmitido por la impresora y convertido en páginas del manuscrito. De un ritmo normal de unas dos mil palabras diarias -o sea, ocho holandesas a doble espacio-, no tardó en dictar tres mil palabras, y la narración fluía. Además, era muy cómodo tener a Gloria allí. Aparte ser una buena cocinera, siempre sugería diversiones interesantes y muy agradables, cuando la musa se rezagaba. La mayor parte de estas diversiones encontraban poco tiempo después su lugar en las hojas mecanografiadas que constituían la crónica de la carrera tempestuosa y mayormente ficticia de Bart Bartlemy, mientras buscaba a su Leonora del modo más ameno posible.
En poco más de dos semanas, Henry escribió unas treinta y cinco mil palabras, o sea, más o menos una tercera parte de la novela. Cada semana Henry enviaba a la oficina de Harry Westmore el montón de hojas del manuscrito que había terminado. No tenía noticias de Harry todavía, pero no estaba preocupado, pues, a medida que iba apareciendo en el monitor, se daba cuenta de cuán vívida era la novela y percibía su impacto dramático.
Hacia fines de la tercera semana, ya avanzada la tarde, alrededor de las cinco, hora en que normalmente dejaba de trabajar y tomaba una copa con Gloria, antes de que ésta se marchara, sonó el timbre de la puerta y Henry fue a abrir. Afuera se encontraba Barney Weiss, acompañado por una mujer diminuta pero asombrosamente simétrica, cuyo cabello plateado ocultaba con eficacia la edad.
–Andábamos por aquí, Henry -le dijo Barney- y pensé que podíamos subir para que te presentara a Patty O’Flynn.
No hacía falta que explicaran a Henry quién era su diminuta visitante.
Era un genio reconocido en la rama altamente especializada de las relaciones públicas que se refería a la promoción de libros y se vanagloriaba de que nunca había perdido a un autor, por más escandalosos que fueran los trucos que inventara para dar publicidad a los potenciales bestsellers.
–¿Cómo está usted, señorita O’Flynn? – preguntó Henry-. Por favor, pasen.
Gloria se encontraba ante el procesador de textos y vestía su uniforme preferido para trabajar: un bikini reducido al mínimo.
–Esta es la señorita Manning -añadió Henry-. La señorita O’Flynn y el señor Weiss.
–Hola -dijo Gloria, sonriendo-. En un minuto acabo y me marcho a casa.
–Después de todo lo que he oído contar de usted últimamente, señor Walters, no me diga que deja que alguien como Gloria regrese a su casa por la noche. – Las cejas de Patty O’Flynn se arquearon, hasta parecer dos signos de puntuación.
–Gloria es mi secretaria -explicó Henry-. Y muy buena, por cierto.
–Además de ser uno de los personajes de Supersemental y la modelo para la foto de la sobrecubierta -añadió Barney Weiss. No se le vaya a olvidar eso último -indicó Gloria a la vez que pulsaba el botón para que la impresora imprimiera la última página del trabajo de ese día y colocaba la hoja encima del montón en el escritorio, montón que crecía rápidamente.
–No lo olvidaré, señorita Manning -prometió Barney Weiss-. De hecho, dentro de poco enviaré a la imprenta todo el material para la sobrecubierta.
–¿A colores?
–Por supuesto. Ninguna otra cosa haría justicia a sus… cualidades. ¿No estás de acuerdo, Patty?
Patty O’Flynn examinaba a Henry de arriba abajo, con una mirada evaluadora, dándole la sensación absurda de que, para la agente de prensa, en ese momento él tenía aún menos ropa que Gloria.
–Hasta podríamos utilizar al señor Walters -empezó a decir la publicista, pero Henry la interrumpió con un firme:
–¡No!
–Con eso podríamos lograr que se prohibiera su libro en Boston -
protestó la señorita O’Flynn.
–Y no digamos que lo podrían boicotear en la biblioteca pública de Keokuk -añadió Barney Weiss.
–Estoy seguro de que Gloria es lo suficiente decorativa para la sobrecubierta -declaró con firmeza Henry.
–Si se va ahora, señorita Manning, me gustaría llevarla a donde vaya -
ofreció Barney a Gloria que ya se dirigía hacia el dormitorio-. Henry y la señorita O’Flynn necesitan examinar los planes para la promoción inicial.
–Es muy amable de su parte, señor Weiss. – La sonrisa de Gloria era cálida-. Sólo tardaré un segundo. No se vaya.
–¡Ni soñarlo! – exclamó Barney.
Gloria salió del dormitorio al cabo de unos minutos, ya vestida para salir.
–Nos veremos por la mañana, Henry -dijo y tomó el brazo que Barney Weiss le ofrecía.
Cuando Henry regresó, después de cerrar la puerta tras ellos, encontró que Patty O’Flynn estaba al lado de la mesa de juegos en la que Gloria había amontonado las hojas del manuscrito y leía la hoja de arriba.
–¿Sabes, verdad, que vas a conseguir una fortuna con ese libro, Henry?
– manifestó la publicista.
–Eso espero, te lo aseguro.
–¿Por qué no vamos a algún lugar a tomar unas copas y quizá a cenar, mientras hablamos de la promoción?
–Me parece muy bien.
–Ya que Barney va a pagar la factura, podríamos ir a un lugar agradable y tranquilo…, como el Four Seasons.
Henry no había entrado sino rara vez en el restaurante más caro de Nueva York, pero si sus futuros ingresos iban a ser los que Harry Westmore y Barney Weiss parecían confiar que serían, decidió que más valía que se acostumbrara a lo grande.
–Dame un minuto para cambiarme -dijo-. ¿Te apetece tomar una copa entretanto?
–Comencemos en igualdad de condiciones en el Four Seasons. Tómate tu tiempo; echaré un vistazo a esta última parte del manuscrito, mientras te cambias. Esto es realmente tórrido, Henry -declaró la publicista mientras se
encaminaban hacia la puerta-. Tienes el don de la palabra… y de las mujeres. ¿Es todo cierto,
realmente, como lo asegura Barney?
–Cada palabra.
–Has vivido mucho en la última semana.
–Las cosas ocurrieron así, nada más.
–Dejar que la naturaleza siga su curso siempre es lo mejor…, con un poco de ayuda en el momento adecuado, por supuesto.
–Me parece que así es como debemos hacer el lanzamiento -dijo Patty O’Flynn unas horas más tarde, mientras tomaban café y brandy en una mesa tenuemente iluminada del Four Seasons-. Daremos una conferencia de prensa inicial cuando firmes los contratos para la publicación. Barney ha hecho fotocopiar lo que has escrito hasta ahora, junto con un breve resumen del libro. Lo ha enviado a las distintas editoriales de libros de bolsillo y las ofertas no deben tardar en llegarle.
–¿Crees que comprarán el libro sin haber visto siquiera la versión final?
Harold Robbins vende el paquete entero ofreciendo sólo uno o dos renglones que explican el tema del libro. Esas primeras escenas de tu libro deberían convencer a cualquiera de que va a salir proyectado como un cohete.
–Eso es como para dejarte sin aliento. – Si no me equivoco, éste será uno de los «paquetes» de ficción más valiosos que se hayan vendido como una unidad. Harry Westmore ha estado hablando con Gregory Annunzio y estarán en condiciones de anunciar los planes para filmar Supersemental cuando llegue el momento de convocar la conferencia de prensa. Podremos anunciar la filmación al mismo tiempo y, a partir de entonces, el público estará expectante hasta que el libro salga a la venta.
–¿Cuándo piensas organizar el lanzamiento, como lo llamas?
–En unas cuantas semanas, cuando lleguen las ofertas para la publicación en libro de bolsillo y para la filmación. – Patty cubrió la mano de Henry con la suya y se la apretó-. Espero que todo esto no te haga cambiar, Henry.
–No… no sé a qué te refieres.
–Es obvio que eres un tipo fenomenal, pero si este libro resulta ser lo que estamos casi seguros que será, va a cambiar todo tu estilo de vida.
–Ya ha cambiado.