Trasplante

Frank G. Slaughter · Capítulo 32 de 63

Páginas del PDF

Trasplante

Capítulo IV

–No es nada en comparación con lo que será después -le aseguró Patty-.

Actualmente, hay símbolos sexuales femeninos a granel; la industria cinematográfica los puede crear con un buen tinte rubio, unos trajes de Edith Head y suficiente relleno en el sostén. Sin embargo, un símbolo sexual masculino como Bart Bartlemy tiene que ser auténtico, y, afortunadamente para ti, Bart se aseguró de eso. ¡No me sorprendería que resultaras ser más Bart que el propio

Bart!

–¿Es malo eso? – preguntó Henry.

–Con todo el dinero que ganarás, te vas a acostumbrar tanto a esto -con un gesto señaló la escena discretamente elegante que los rodeaba-, que en un tris se convertirá en tu estilo de vida. Encontrarás que gastas más dinero del que hubieras pensado que podría existir y que ahorras menos cada vez.

¿Sabías que una editorial tuvo que crear un pie de imprenta distinto, sólo para sacar a uno de los novelistas más famosos de Norteamérica de sus apuros con Hacienda?

–Me temo que estoy enterado de…

–Barney me mataría si supiera que te digo esto, pero todavía estás a tiempo de dar marcha atrás.

–Me temo que ya no lo estoy.

–No se ha pagado nada…

–Existen otros factores, de los cuales no puedo hablar.

–Eso pensé…, según los rumores que me han llegado. Pero todo resultará bien, si mantienes la calma.

IV

Cuando vio que todavía no se firmaban los contratos, aunque ya había escrito la mitad de la obra, Henry llamó a Harry Westmore para ver en qué consistía el retraso. Las condiciones que Harry y Barney Weiss le habían dejado entrever durante la velada en el restaurante Luis XIV, le parecían todavía demasiado buenas para ser ciertas y temía que podría despertarse y enterarse de que todo había sido un sueño.

–¿Cuál es el problema? – Harry parecía feliz, como lo estaría cualquier agente con un autor que tuviera el potencial económico de su cliente.

–Me preguntaba si hay algún obstáculo para la firma del contrato.

–Todo marcha bien, hijo…, particularmente tu vida amorosa, a juzgar por lo que he estado leyendo y oyendo últimamente. Es todo un harén, ese que estás acumulando.

–Parece que me caen del cielo sin que yo haga ningún esfuerzo.

–Me da la impresión de que el caso es al revés.

–Por favor, Harry…

–Está bien, Henry. Sé que estás triste por haber perdido a Selena, pero eso también se solucionará.

–Llevo la licencia matrimonial en el bolsillo, por si cambia de parecer; pero eso no es muy probable a menos de que la pueda atrapar cuando la estén anestesiando -dijo Henry tristemente.

–Anímate, Henry; todavía eres, y con mucho, el soltero más codiciado del año, y Selena es una chica inteligente.

–¿Qué pasa con los contratos, Harry?

–Ya están redactados, pero Patty y Barney quieren hacer todo un acontecimiento de la firma…

–Es lo que me dijo Patty.

–Quieren hacer un avance espectacular de la novela y de la película ante los críticos, para incrementar el interés comercial.

–¿No temes que el interés decaiga entre ahora y la fecha de publicación, si revelan de qué se trata?

–Barney cree que también tiene eso resuelto. Va a empezar la composición de tu texto la semana próxima. Cuando escribas la última página, tendremos las galeradas de la primera mitad, como mínimo, para que las leas y las corrijas. Así podríamos tener el libro en las librerías unos sesenta días después de que pongas la palabra «fin».

–Aún no sé cómo voy a juntar a Bart y a Leonora al final… o a mí y a Selena -reconoció Henry.

–Si resuelves uno de los casos, resuelves el otro, ¿no?

–Probablemente. Pero no he resuelto ninguno de los dos.

–Siempre puedes dejar que Bart se junte con su conquista más reciente.

Así es como terminan generalmente las novelas eróticas.

–Pero yo amo a Selena y todavía me quiero casar con ella.

necesariamente el mismo camino, ¿sabes? Bennett Press recibirá uno de los primeros juegos de galeradas de Supersemental, y puedes apostar lo que