Trasplante
Capítulo 1
–Se podría decir que soy historiador.
–Quieres decir que haces historia.
Por primera vez desde su llegada a Springhaven, Henry se encontró riendo.
–Bart es uno de los tipos que hacen más historia -especificó Gloria.
–Sólo escribo acerca de la historia -explicó Henry.
–¿Libros de historia?
–Se podría decir qúe sí.
–Supongo que alguien tiene que escribirlos -declaró Bob-. Yo tenía una beca futbolística en la Universidad de Rutgers; así que no estudié mucha historia.
–Ni tampoco ningún otro tema -precisó Lois-. El punto fuerte de Bob consiste en hacer felices a las personas, particularmente a las mujeres, y es muy bueno haciéndolo.
Por extraño que pareciera, su voz no contenía ningún rastro de ira e incluso puso su mano sobre el hombro de su esposo con un gesto cariñoso.
En ese momento llegaron las langostas. Estaban deliciosas, como también lo estaban las patatas al horno, las puntas tiernas de espárrago envueltas en delgadas rebanadas de jamón y horneadas con salsa Mornay, además de un excelente Chablis. Henry se dio cuenta de que tenía más hambre de la que había tenido en varios días, y Gloria atacó su comida con evidente placer. Lois se limitó a juguetear con su comida, pero Bob comió a gusto.
–Esto es ciertamente mejor que el menú de entrenamiento -dijo este último al alejar su plato vacío-. ¿Te interesa el atletismo, Henry?
–Sólo como espectador. Corro en Central Park cuando el tiempo es bueno y trato de hacer ejercicio en
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la Y dos veces por semana.
–Es un lugar espléndido la Y. Sólo tiene un defecto…, no hay mujeres.
–Parece que has ido a la Y equivocada -le dijo Gloria. Bob soltó una carcajada y luego se puso serio.
–¿Os importa si os pregunto qué hay entre vosotros?
–No entiendo -manifestó Henry.
–Quiero decir: ¿estáis casados… o a punto de casaros?
–Gloria es mi secretaria -explicó Henry-. Sentimos mucho cariño el uno por el otro, pero no del
1Y: YMCA, Asociación de jóvenes
cristianos. También existe la YWCA,
la Asociación de jóvenes cristianas.
(N. de la t.)
tipo que sugieres.
–¿Cómo lográis mantener las cosas así? – preguntó Lois-. Quiero decir, sin que las cosas se echen a perder.
–Bart y yo trabajamos juntos y, cuando tenemos ganas de hacerlo, nos acostamos juntos -explicó Gloria-. Pero cada cual vive su vida por separado.
–Me parece un buen arreglo -señaló Bob.
–Entonces ¿no pensáis casaros? – insistió Lois.
–No -contestó Gloria-. Bart está enamorado de otra persona.
–¿Y tú? – preguntó Bob a Gloria.
–Soy muy feliz con las cosas como están -afirmó Gloria, encogiéndose de hombros-. El casarnos podría echar a perder lo que Bart y yo tenemos.
–¿Te importaría decirme por qué? – preguntó Lois.
Henry se dio cuenta de que la pregunta no era casual.
–Si estuviéramos casados, supongo que cualquiera de los dos podría sentirse comprometido con el otro -explicó Gloria-. Entonces no tendríamos libertad para ser individuos.
–Esa no parece ser una relación muy consistente -observó Lois con un deje dubitativo.
–Si Bart se cansa de tenerme como secretaria, puede despedirme -
precisó Gloria-. Y si yo no soy feliz con él, puedo renunciar al puesto.
–Eso es como tenerlo todo -dijo Bob-. Suena maravilloso.
–Es una relación poco común, eso sí -concedió Lois-. Pero seguramente sois personas poco comunes.
Bob repartió a partes iguales lo que quedaba de vino y alzó su copa.
–A la salud de Bart y Gloria y Bob y Lois. Como en las películas, que siempre seamos amigos.
Chocaron sus copas entre sí y bebieron.