Trasplante

Frank G. Slaughter · Capítulo 34 de 63

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Trasplante

Capítulo VI

detuvo en la puerta trasera, frente a un policía. Gloria se acurrucó en sus brazos, temblando, atemorizada.

–Lo siento, Henry – susurró mientras él, rodeándola con su brazo, la defendía ante la ley-. Cuando vi llegar por el pasillo a esos policías, recordé que una vez estaba posando en un club de fotos cuando allanaron el local.

No… no soporto estar encerrada en una cárcel.

–No te encerrarán -le aseguró Henry con más confianza de la que sentía en ese momento-. Al menos, no durante mucho tiempo.

–Estaba maldiciendo mi suerte porque me mandaron a la puerta de atrás, pero todo salió bien, después de todo -dijo el policía que los impidió escapar-. Vamos: ustedes dos, síganme.

–¿Dónde vamos, agente? – preguntó Henry.

–A la cárcel. ¿Adónde, si no?

–¿Con qué cargos?

–Para comenzar, por exhibicionismo y por

organizar un espectáculo de striptease sin permiso; ya encontraremos más de camino. Media docena de mujeres se están manifestando delante del hotel con pancartas en las que le dicen de todo, señor, por lo que no será un problema lograr que se acepten los cargos.

¿Qué hace usted, por cierto…, aparte perseguir mujeres desnudas?

–Es escritor -declaró Gloria con orgullo-, y acaba de firmar unos contratos por valor de varios millones de dólares.

–Cualquiera que gane tanto dinero tiene que ser un timador -señaló el agente-. Y usted, tía, ¿qué pinta en todo esto?

–Soy su secretaria y su modelo.

–Algunas personas tienen toda la suerte. Vamos, que el coche celular espera afuera.

VI

Henry utilizó la única llamada que le era permitida para tratar de comunicarse con Gregory Annunzio, pero no tuvo suerte. Sin embargo, dos horas más tarde, mientras Gloria y Henry aún se encontraban tras las rejas, el abogado se presentó en la comisaría. Estaba, como siempre, impecablemente vestido y parecía que el aroma de la comisaría ofendía su olfato, algo que también le sucedía a Henry.

–¿Quién le mandó llamar? – preguntó Henry.