Combust

K. Bromberg · Capítulo 10 de 62

Combust

Siete

Dylan

El golpe en la puerta se produce momentos antes que la manija se abra, y Grady se para en el umbral mirándome.

—¿Cómo va el día? —Su voz es tranquila, como si temiera que esté entrometiéndose.

Levanto la vista de donde estoy sentada en el piso, mi guitarra descansa en mi regazo y varias libretas de papel están frente a mí. Parece recién salido de la ducha y lleva un pantalón corto de color caqui y una camisa azul del Departamento de Bomberos de Sunnyville, lo que hace que sus ojos parezcan translúcidos.

—Ahí va. —Suspiro—. Más lento hoy que otros, pero he tenido algunas distracciones.

Como tú.

—Petunia y yo estábamos a punto de comer un sándwich de jamón, ¿quieres uno?

—Hay tantas cosas incorrectas con esa afirmación que ni siquiera sé por dónde empezar. —Me río.

—No podemos proteger a los niños de la dura realidad del mundo todo el tiempo, ¿verdad? Sería un mal para ellos. —Sacudo la cabeza todo el tiempo mientras amo el humor iluminando sus ojos—. Así que sí, no, no como nunca, todavía estoy en esa huelga de hambre… ¿entonces, si quieres?

Echando un vistazo alrededor a los pedazos de papel de cuaderno arrugados esparcidos a mi alrededor, y las páginas casi en blanco frente a mí, dejo escapar un suspiro silencioso. Si me tomo un descanso por un momento y tomo un poco de aire fresco, no es como si impidiera mi proceso creativo inexistente en este momento.

—Por supuesto.

Su sonrisa ilumina su rostro y me hace sentir bien. Al menos puedo hacer feliz a una persona.

—Te daré un minuto para que te prepares.

—¿Prepararme?

—Es jueves de Mercado de Agricultores.

¿Es jueves?

Vaya. Creo que los últimos días llenos de poco sueño y aún menos creatividad se han fusionado. Definitivamente necesito salir.

—Oh.

—Sí, y son las cuatro de la tarde. —Niega como si estuviera preocupado por mí—. Necesitas salir más.

—Supongo que sí. —Ruedo mis hombros—. ¿Y vas allí para conseguir los sándwiches?

—Sí, sí, pero Petunia no se come el sándwich. —Mira hacia donde está hurgando—. Siempre vamos cuando no estoy en turno.

—¿Tu cerda es tu cita?

—No. —Baja la voz—. Ella piensa que lo es, pero no queremos herir sus sentimientos. El tocino quemado nunca es algo bueno.

Y por suerte para los sentimientos de Petunia, no tienen tocino en el puesto de los sándwiches cuando llegamos allí, por lo que Grady y yo optamos por los perros de maíz y las papas fritas para comer mientras caminamos.

—Finalmente te saqué de la casa —dice mientras me ofrece el recipiente de papas fritas.

—He salido antes.

—¿Cuándo?

—Cuando desayunamos. Luego, el otro día, fui a la tienda, y anoche, fui a dar un paseo. Me he aventurado —digo, sintiéndome como una idiota que tiene que admitir que eso es todo lo que he hecho desde que me mudé aquí.

—Viviendo la buena vida, ¿verdad? —se burla, y la sonrisa llega fácilmente a mis labios.

Lo miro y él se encuentra con mis ojos, con una suave sonrisa en su propia cara mientras paseamos por el atestado distrito del centro de Sunnyville con una cerda caminando a regañadientes con una correa entre nosotros.

Algo se agita en mi vientre, y lo empujo lejos. El tipo de revuelo siendo partes iguales de, vertiginoso, esperanzado y lujurioso, el que sientes cuando te das cuenta que estarías más que bien si el hombre se interesara en ti.

Aquí no. Ahora no. No es un clavo para sacar otro clavo.

¿Un clavo para sacar otro clavo, Dylan? Como si él incluso estuviera ofreciéndolo.

Y si fuera así, no es como si estuviera en la mentalidad correcta para aceptarlo. Claro, su sonrisa calienta mis entrañas mientras la vista de su cuerpo calienta entre mis muslos, pero vamos, después de ver a la chica de vestido brillante, es muy dudoso que quiera tener algo que ver conmigo, la antítesis de todo lo que es.

Lo miro mientras sonríe a un niño que se detiene para acariciar a Petunia, y niego. Alguien tendría que tener un tornillo suelto en serio para no pensar que es atractivo. No sentirse atraído por él.

Pero, de nuevo, es probable que tenga más de un tornillo suelto ya que estoy aquí, en medio de un mercado de agricultores, debatiendo si permitiría que algo entre nosotros suceda cuando ese algo no existe en primer lugar.

—¿Conoces a todos aquí? —pregunto cuando otra persona lo llama y lo saluda con la mano.

—No es difícil. Pero ayuda que sea el hijo del jefe Malone. Al crecer, todos querían conocerme porque tenían la idea de que si se metían en problemas, ser mi amigo lo habría hecho más fácil. Como si mi padre les hubiera dado un pase gratis si dijeran que me conocían. Además, no hace daño que todos amen a Petunia.

—Entonces, así es como atraes a las damas.

—Si ese fuera mi juego, definitivamente necesitaría más ayuda. —Se ríe de sí mismo y asiente saludando a otra persona que lo saluda desde lejos.

—Dudo que necesites ayuda con tu juego o con las damas.

—Oh, sí, yo y mis ocho abdominales. —Su risa se desvanece cuando su atención capta algo en la multitud adelante. No puedo ver quién o qué es, pero las líneas en su rostro se profundizan con preocupación—. ¿Puedes sostener a Petunia por un minuto? Necesito ir a hablar con alguien.

—Claro. —Lo veo correr a través de la multitud y me niego a admitir que estoy siendo curiosa cuando muevo mis pies para poder ver mejor hacia dónde se dirige.

En el momento en que tengo una línea de visión clara, Grady se está arrodillando y dejando que un niño pequeño, diría que alrededor de cuatro o cinco años; lo abrace y caen sobre el césped debajo de ellos. Grady envuelve sus brazos alrededor del niño y presiona un beso en la parte superior de su peludo cabello castaño. No puedo evitar sonreír ante la conexión entre los dos, pero luego mi mirada se dirige a la mujer que está parada allí mirando.

Es pequeña, bonita por lo que puedo decir, y está parada con los brazos cruzados sobre su pecho, casi como si se estuviera protegiendo.

Algo en mi pecho se aferra a la imagen, y mi mente comienza a girar. Un niño pequeño se emocionó al ver a Grady, la mujer con la que está, no tanto. Su expresión refleja una tristeza que es casi palpable, y me afecta a pesar de la distancia entre nosotras.

¿Grady está divorciado? ¿Es ese su hijo? ¿Es esto por lo que Grady había “pasado” y mi hermano se negó a explicar?

No sé por qué la idea de que Grady sea un padre me tiene tan confundida. ¿Es de mi incumbencia? No. ¿Debería importar? No. Tal vez es porque me duele que no me lo haya dicho.

O es que pensé mejor de él que de mi papá, el único otro bombero que he conocido, y ahora veo que no lo es. Si es padre, ¿por qué no me ha mencionado a su hijo? ¿Cómo es que tiene cero imágenes en las estanterías o en las paredes? ¿Es porque no quiere reconocer a su hijo como mi padre no quería reconocernos a nosotros? ¿Es porque es difícil seducir a una mujer cuando la llevas de regreso a tu casa y ve que tienes un niño y todo el equipaje que viene con uno?

Recuerdos, momentos, vergüenza, todos me inundan mientras observo el intercambio emocional entre los tres. El resentimiento sin fundamento brota, aún tan fuerte como siempre ha sido.

Estoy saltando a conclusiones. Estoy siendo sensible y dejando que mi pasado y mi actual agitación emocional hagan suposiciones especulativas.

Solo le preguntaré. Es fácil. Tomada la decisión, me coloco en medio del mercado de agricultores entre un puesto que vende productos orgánicos y uno que vende gafas de sol baratas y odio que Grady sea el mismo tipo de persona que tenía como padre.

Mi corazón se estremece por el niño pequeño, que está tan desesperado por la atención de Grady que tengo que distraerme para no atragantarme. Me dirijo a un quiosco de periódicos, arranco la primera revista en la que pongo la mano y comienzo a pasar las páginas. Mi mente registra que es Rolling Stone una fracción de segundo antes que Petunia tire de la correa.

—Lo siento. —La voz de Grady invade mis pensamientos y al mismo tiempo golpea un nervio.

—¿Quién era ese? —pregunto, tratando de sonar casual.

—¿Quién? —Mira por encima del hombro donde estaban la mujer y su hijito y se vuelve hacia mí con una expresión de dolor en su rostro—. No era nadie —dice y rompe efectivamente la idea de que él es un buen tipo. Es exactamente como mi padre.

A pesar que no es de mi incumbencia, cada parte de mí se hunde en la decepción, y tengo que tomarme un minuto para aceptar los sentimientos desenfrenados e infundados que rebotan dentro de mí.

Por supuesto, recordar a un hombre que me lastimó no es suficiente, porque la vida decide abofetearme con otro.

Allí a todo color entre las páginas de Rolling Stone está Jett. El chico malo del rock está en una camisa de vestir, corbata, chaleco y pantalones, y parece ser cada parte de todo lo que no es. Su hermoso rostro me devuelve la mirada, luciendo esa sonrisa arrogante de él y la expresión de soy-un-dios-del-rock.

Me duele el corazón.

Sé que debo cerrar la revista, devolverla y alejarme, pero mis ojos vagan y deambulan por la entrevista. Revisando las preguntas sobre su próximo álbum. Sobre su vida hogareña y su novia desde hace mucho tiempo. Dónde encaja en su vida diaria, y cómo lo consigue cuando parece que nadie más lo hace. Acerca de cómo ve algo bueno en su novia y nunca lo arruinaría a propósito, aunque sin querer lo haya hecho muchas veces antes. Escaneo sus respuestas y luego las leo de nuevo, más despacio esta vez.

Está hablándome directamente. La dicotomía de todo esto hace girar mi cabeza. Por un lado, está en Rolling Stone disculpándose conmigo, y por otro lado, está diciendo todo lo que necesitaba escuchar antes. Todo lo que se negó a pronunciar cuando se folló a Tara-tetas-perfectas.

—¿Dylan? ¿Todo bien?

Escucho su pregunta, pero cuando sus palabras se registran, ya está tomando la revista de mi mano.

—Cristo —murmura mientras escanea el artículo antes de mirar hacia arriba para encontrar mis ojos. Hay preocupación en su mirada, compasión, y la visión de un hombre con el que estoy actualmente enojada me tiene luchando contra las lágrimas—. Lo siento. Justo cuando necesitas que alguien no esté en ninguna parte, está en todas partes. Vamos a salir de aquí. Necesitamos dejar a Petunia en casa, y luego sé el lugar perfecto para ir.

 

—¿Por qué estamos aquí bebiendo de nuevo? —Me río mientras le doy un golpecito a su vaso por lo que se siente como la vigésima vez.

—Porque tu novio es un imbécil y porque yo… porque yo también lo necesito.

Lo miro mientras bebe del líquido ámbar, y las vistas y los sonidos del bar zumban a nuestro alrededor. No me da más que eso, y lo acepto sin preguntar más.

—¿Quieres decirme por qué Jett hablaba de ti como si todavía estuvieran juntos?

Suspiro y termino mi bebida.

—Nuestro agente quiere que mantengamos nuestra separación en secreto.

—¿Tienen el mismo agente?

—Sí. —Resoplé. Sonó bien en su momento tener el mismo. Solo puedo esperar que ese sea el caso una vez que se termine este proyecto.

—¿Por qué querrían que te mantengas callada? —Se ve tan confundido como me sentía cuando Ava hizo la solicitud.

—Si bien la reputación de chico malo de Jett puede jugar bien con su público, la disquera no es demasiado aficionada de eso.

—¿Por qué les importa mientras venda discos?

—Vender discos es una cosa. Ser manejable es un asunto completamente distinto. Jett está lejos de ser manejable. Cuando un artista tiene dificultades para grabar un álbum, y mucho más para promocionarlo, porque sus travesuras se interponen en el camino, es un problema. — Suspiro—. Hay rabietas en las que ha destrozado el estudio cuando una canción no funciona. Negarse a aparecer y grabar una canción porque no estoy en la ciudad para estar allí. Es solo que…

—Suena como un verdadero ganador, Dylan.

Lo miro fijamente, sintiéndome como si me estuvieran juzgando mientras justifico en mi mente que no conoce a Jett como lo hago yo. No lo entiende. Y luego pongo los ojos en blanco. ¿Qué tan estúpido suena eso?

—Hay una parte de él que es solo imagen. Luego está el tipo que era antes de conseguirlo en grande.

—Ajá. —No parece convencido—. Entonces, ¿dónde encajas en todo esto? ¿Por qué tu agente necesita que mantengas la farsa?

—Porque me dijeron que “ablandaba” su imagen. Soy la única que lo tranquiliza. La disquera sabe que cumpliré. El productor trabajará conmigo, no con Jett. Ava teme que si saben que nos hemos separado, van a retrasar o no sacar el álbum como amenazaron desde el principio.

—Así que deja que no saquen el álbum. Tal vez merece que se le enseñe una lección —dice Grady, dando el comentario más lógico.

—No estoy segura que algo lo cambie. Es obvio que no ha aprendido de ninguna de las repercusiones que ha enfrentado antes, pero cuando es castigado, yo soy castigada. No sacar el álbum también dañaría mi carrera y mi sustento.

—¿Cómo es eso? No es tu culpa que sea inmanejable.

Pienso en el contrato que Ava me recuerda constantemente. Pienso en el resumen de facturación en mi bandeja de entrada del centro de rehabilitación. Pienso en el estallido de esta burbuja surrealistas que realmente he conseguido en este negocio cuando Jett lo arruine y el álbum no se entregue a tiempo.

Pero no digo ninguna de esas cosas. En cambio, juego con el borde de mi servilleta de cóctel y me niego a mirar sus ojos.

—Sabes que no le debes nada después de lo que te hizo, ¿verdad?

—Tienes razón. No le debo nada. —Mentalmente me sacudo de mis pensamientos—. Parezco un tapete pisoteado que está de acuerdo con la solicitud de nuestra agente, pero te aseguro que no.

—Eres lo más alejado de ser un tapete, y aun así… —Levanta las cejas como si estuviera decepcionado de mí. Es una mirada muy parecida a la que me daría mi hermano y me hace enderezarme.

—Mira, no estoy orgullosa de haberlo juzgado mal. No estoy orgullosa de haber aceptado fingir que todavía estoy con él. —Tomo un sorbo de agua antes de mirar hacia arriba para verlo a los ojos—. Lo que me enorgullece es que soy una compositora muy buena y que tengo una reputación igual de buena. Me enorgullece que el sello sepa que puede depender de mí para entregar las canciones que solicita, canciones de calidad, así como canciones para sus otros artistas. Lo último que quiero hacer es poner en peligro esa relación debido a Jett. Estoy entre la espada y la pared, y la única manera de sobrevivir es tratar de escalar usando la única mano que se me extiende. Tragarme el orgullo y fingir por un rato, así que al final, soy la que gana. Salgo con canciones que me darán regalías, y puedo mantener la puerta abierta para que mi carrera vaya más allá de él.

Me mira por un momento, y la intensidad de esos ojos agua observándome hace que me remueva en mi asiento.

—Terminas el álbum con Jett, ¿y luego qué?

—¿A largo plazo? Vendo canciones a otros cantantes. Me hago un nombre más allá de ser la compositora de Jett. —Me encojo de hombros—. Pero por ahora necesito superar este lío actual.

—¿Y crees que puedes hacer eso y salir ilesa del otro lado?

Inclino mi cabeza y lo miro fijamente, odiando que me cuestionen, pero sabiendo que es un punto válido.

—Puedo jugar el juego que debe ser jugado y al mismo tiempo proteger mi corazón. Pero no hace que sea más fácil ver las cosas que dijo en esa entrevista. Todas las cosas que nunca me dijo a mi cara, pero que necesitaba escuchar.

—Estoy seguro que es brutal.

—Es difícil no sentirse una cobarde por huir, pero no podía quedarme.

—No. Lo entiendo. Vas a la comodidad. A lo que es familiar… incluso cuando eso que es familiar te ha hecho mal y ahora está diciendo todo lo correcto.

—Mmm. Cierto.

—¿Temías volver a estar con él si te quedabas? —Grady hace la pregunta que me he hecho un millón de veces. Cuando Jett llama. Cuando escribe. Cuando se menciona en la radio.

Porque lo he aceptado de vuelta antes. Aunque no por engañarme… esta vez fue la primera. Que yo sepa.

—No es algo que admita porque las feministas harían un alboroto… pero sí.

—Al menos eres honesta. Mucha gente dice que no lo tolerarían, pero luego terminan por volver con la persona. Demonios, yo lo he hecho.

Su admisión me toma por sorpresa, pero aprecio que esté tratando de tranquilizarme con mis decisiones.

—Sabes cuál es la mejor manera de superar a alguien, ¿verdad?

—¿Beber? —pregunto y me río mientras sostengo mi vaso vacío.

—Eso es un comienzo, pero no. —Una sonrisa pícara curva las comisuras de sus labios y sus ojos se llenan de diversión—. Dormir con alguien más.

Sus ojos sostienen los míos mientras mi mente gira. ¿Está ofreciendo ser ese alguien? ¿Se siente bien? Está… santa mierda

—¿Qu-qué? —tartamudeo la palabra cuando la vergüenza inunda mis mejillas—. ¿Estás…?

—Hay muchos hombres aquí que no dudarían en pasar la noche contigo.

Gracias a Dios que me interrumpió. Gracias a Dios, me salvó la vergüenza de preguntar si se estaba ofreciendo.

Tiene que ser el alcohol haciendo mi cerebro borroso.

—Vamos, Dyl. ¿Qué mal haría? Te diviertes un poco, despejas tu mente un poco y te das cuenta que hay otros tipos, además de Jett Kroger, que te quieren y creen que eres atractiva.

—Estamos en un bar con una docena de hombres borrachos. No creo que mi aspecto influya en nada después de haber consumido cierta cantidad de bebidas. —Pero de todos modos me río de la idea—. Además, estás loco si crees que voy a escoger un tipo al azar y me lo llevaré a casa conmigo. Como si eso fuera seguro.

—Primero que nada, es mi casa, así que no tienes que preocuparte por tu seguridad. ¿Recuerdas? El hijo del jefe Malone está aquí. Y en segundo lugar, no sería un tipo al azar. Conozco a todos por aquí, así que me aseguraré que se adapte bien.

—¿Que se adapte bien? —Me río.

—Sí. Alguien que no sea pegajoso. Que no sea un imbécil…

—Esto suena muy prometedor ya.

—Un chico por el que no tenga que preocuparme que sea…

—En realidad estás hablando en serio, ¿verdad? —le pregunto mientras se levanta un poco de su asiento y levanta su cuello para observar a los clientes del bar.

—Nunca bromeo sobre tener sexo. —Se ríe mientras que todo lo que quiero hacer es encogerme en mi asiento y desaparecer.

—Tengo que seguir fingiendo que Jett y yo…

—Al diablo con Jett. —Rueda sus hombros—. Esta es una ciudad pequeña. Nadie está hablando de que Jett esté aquí, así que eso significa que mantiene un perfil bajo. Y su bajo perfil significa que nadie ha conectado los puntos en que ambos están juntos. O mejor dicho, no juntos.

—Esta es una mala idea —gemí.

—No dijiste que no. —Me mira fijamente, con los ojos vivos.

—Bien.

—¿Bien? —pregunta mientras escanea a la multitud.

—Nada de bomberos —le digo, incitándolo a que gire su cabeza en mi dirección.

—¿Qué pasa con los bomberos? —pregunta. Si pudiera patearme debajo de la mesa lo haría.

Es una aventura de una noche, Dylan. Una. Noche. No es como si tuviera que preocuparme por que se queden a largo plazo. No es como si tuviera que preocuparme por que se vayan como mi papá.

Sus ojos se estrechan, y la mirada que me da exige una respuesta.

—Nada de bomberos —respondo y levanto las cejas como para decir que esa es la única explicación que le voy a dar—. ¿Estás loco, lo sabes?

—Y tú vas a tener sexo.

 

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