Combust
Treinta y Siete
Dylan
Ojalá me lo hubiera dicho.
Nuestra conversación telefónica se repite en mi mente mientras me dirijo al estacionamiento, yendo un poco más rápido de lo que debería.
—No quería molestarte porque sé que estás ocupada tratando de terminar las canciones, pero… ¿te importaría venir aquí un rato? — preguntó.
—¿Qué pasa? ¿Estás bien? Siempre puedes interrumpirme.
—Estoy en la sesión de fotos del calendario.
—Voy en camino.
El sonido de su voz, la incertidumbre, resuena en mis oídos mientras casi cruzo corriendo el estacionamiento a la dirección que Grady me mandó por mensaje de texto.
¿Por qué no me lo dijo de antemano para que pudiera estar aquí con él?
Porque no soy su novia.
No soy nada para él.
Soy su disfrute por el momento, por eso.
Y aunque los pensamientos punzantes están en mi cabeza, en el momento en que abro la puerta del estudio y veo a Grady, sé por qué estoy aquí. Para él. Para ayudarlo a sanar. Está paseándose de un lado a otro de la habitación. Su mano sigue yendo a su cabeza y luego se detiene cuando se da cuenta que no puede desordenar su cabello.
Otro bombero, Dixon, creo, está frente a la cámara. Sus hombros son cuadrados, su pecho está desnudo, y tiene su chaqueta de bombero enganchada con un dedo sobre su hombro. Su risa nerviosa y su posición torpe y forzada reflejan lo incómodo que se siente.
Se escucha un silbido desde un costado de la habitación que no puedo ver de quién viene, y estoy segura que es otro de los tipos molestándolo.
—Romeo, Romeo, saca tu manguera para salvarme, Romeo.
Hay risas y carcajadas, y me doy cuenta que hay un montón de tipos en un costado que están bromeando con él. Dixon levanta un dedo y se los muestra.
—Basta, basta. No podemos hacer eso en las fotos. —La fotógrafa se ríe mientras hace clic en una foto de Dixon riendo—. Bien, ya acabamos contigo.
—Gracias, Cristo. Esta mierda del modelaje es para los pájaros. Dame un fuego caliente cualquier día por encima de estas luces calientes.
—Cobarde —dice uno de los chicos.
—No te preocupes, GQ no estará tocando a tu puerta —dice otro.
Todos en la sala se ríen y se relajan, excepto Grady. Está parado en un rincón, mirando por la ventana, con los hombros como un muro de tensión.
—Grady.
Se da la vuelta cuando digo su nombre, una mezcla de alivio e inquietud fugaz atraviesan su expresión.
—Eres es el siguiente, Malone —dice la fotógrafa, con una sonrisa alentadora en los labios y un tono alegre en su voz.
El grupo del costado silba y le gritan piropos.
—Quítatelo.
—Vamos, bestia sexy.
—Déjanos a todos en vergüenza.
Grady se ríe, pero son sus ojos cuando se encuentran con los míos los que comunican cómo se siente realmente. Puede que se proclame vanidoso, pero ahora mismo su inseguridad lo posee.
¿No se cambia delante de los chicos de la estación? ¿No se da cuenta que no les importa cómo se ven sus cicatrices, así como a mí tampoco? ¿O es que tiene miedo de ser el recordatorio de lo que puede pasar en su trabajo? ¿Teme que lo rechacen para no tener que ver las consecuencias?
No estoy segura de cuál es, o si es una combinación de todo eso, pero me rompe el corazón verlo intentar poner una fachada tan fuerte cuando está luchando internamente con algo que ninguno de nosotros entiende claramente.
—Entonces, ¿qué voy a hacer contigo? —pregunta la fotógrafa mientras lo mira removerse inquieto e irradiar incomodidad. Inclina la cabeza hacia un lado—. Pantalones de bombero, tirantes, casco. —Asiente mientras el resto de los chicos vitorean.
No pueden ser ajenos a lo que le está pasando, así que solo puedo pensar que están siendo bulliciosos intencionalmente. Pero no está funcionando. Puedo verlo en su vacilación al caminar hacia donde su pila de equipo está esperando en su silla, su casco descansando sobre todo.
Sus hombros suben y bajan mientras mira fijamente su equipo con indecisión.
—¿Oigan, chicos? —pregunto mientras me acerco a ellos—. ¿Qué dirían si les dijera que quiero mi propio espectáculo privado aquí?
Bowie arquea las cejas y asiente para hacerme saber que entiende lo que estoy diciendo y que me seguirá el juego.
—Sabes que esto es un calendario para todo público, ¿verdad, McCoy? —Se ríe entre dientes y levanta la barbilla a los chicos en una directiva tácita. Si Grady ha mantenido que dormimos juntos en secreto, acabo de arruinárselo.
—Me arriesgaré, pero nunca se sabe lo que me pasará cuando Malone se ponga ese uniforme. Son conocidos por hacer que las hormonas femeninas se calienten un poco y se alteren.
—Creo que esa es nuestra señal para desalojar el lugar —dice Dixon —. ¿Vas a estar bien con ella aquí, Malone? Quiero decir, ¿necesitas refuerzos en caso que no pueda controlarse y te salte en el acto?
—Te aseguro que es un incendio que sé cómo apagar. —Grady se ríe y recoge su equipo para ir al vestuario.
Los chicos recogen sus cosas y empiezan a salir del estudio. Bowie se queda atrás, esperando a que los chicos salgan antes de volverse hacia mí.
—Gracias por venir. Me preocupaba cómo le iba a ir con esto… pero sé que estará bien ahora que estás aquí.
Abro la boca para hablar, pero solo sacude la cabeza como para decirme que no es necesario decir nada más antes de darme una palmadita en el hombro y salir.
—Marcy Holden. —Miro hacia donde la fotógrafa tiene la mano extendida y la curiosidad grabada en las líneas de su rostro.
—Dylan McCoy. Encantada de conocerte. —Le doy la mano.
—¿Hay algo que nadie me está diciendo aquí? —pregunta en voz baja.
Lucho una guerra mental entre dar información privada sobre Grady y luego me doy cuenta que este es una ciudad pequeña. Si Marcy está tomando fotos para el calendario a beneficio del fondo de viudas, sabe lo que pasó. Y si sabe lo que pasó, puedo llegar a la conclusión que está al tanto que otro bombero fue herido, así que le doy suficiente información para no sentir que estoy traicionando y humillando a Grady.
—Él es quien resultó herido en el incendio.
—Oh. —Sus ojos se abren de par en par y el sonido sale en un jadeo de sorpresa—. ¿Cómo es que no sumé dos más dos? Eso me pasa por ser nueva en la ciudad. Lo siento. ¿Hay algo que se supone que no deba hacer o…?
—¿Dónde me quieres?
No estoy segura de cuánto tiempo lleva Grady ahí parado, pero ambas nos volvemos para enfrentarnos a él al mismo tiempo, preocupadas porque nos escuchara por casualidad. Lo miro fijamente, se me hace agua la boca, y el murmurado zumbido de aprobación que Marcy emite en voz baja es equivalente al golpe de lujuria que me asalta cuando lo veo en su uniforme.
Su uniforme de servicio es sexy. Su uniforme de diario es sexy. Pero esto, su atuendo amarillo con cinta reflectante, tirantes rojos, y sin camiseta debajo son todo y algo más.
Perfección con un toque agregado adicional.
Cualquier mujer que diga que un bombero en su equipo no es sexy está mintiendo porque maldita sea… esa es la única expresión que puedo formar.
Grady está de pie ante nosotras con sus tirantes rojos en un hombro, el otro enganchado, pero colgando. Los pantalones de su uniforma cuelgan bajos de sus caderas, de modo que se pueden ver todos los abdominales perfectos.
Me toma un segundo salir de la lujuria que nubla mis pensamientos y darme cuenta que ambas lo estamos mirando de una manera que sumará a sus inseguridades o las exacerbará.
—Correcto. Sí. ¿Cómo te quiero? —pregunta Marcy con un movimiento de cabeza mientras camina hacia él, se recupera y de repente es todo negocios. Coloca una mano en su hombro para dirigirlo. Es un toque inocente, pero veo que Grady se tensa por eso y camina de lado para mantener su espalda alejada de la línea de visión—. ¿Has hecho algo así antes?
—No. —Su voz es entrecortada y sus ojos se dirigen a los míos.
—Bien, estoy pensando… —Da un paso atrás e inclina su cabeza hacia un lado mientras lo mira fijamente antes de acercarse y agarrar un abrigo amarillo y luego sostenerlo hacia él—. Estoy pensando que sostienes esto sobre tu hombro. Empezaremos por ahí. Tu definición va a jugar bien con esta iluminación.
—Claro. Sí. —Grady se mueve hacia donde ella lo dirige frente al telón de fondo. Su cuerpo está rígido, su sonrisa forzada. La fluidez de sus movimientos, que suele ser tan natural, ha desaparecido.
Durante los siguientes treinta minutos, Marcy lo fotografía mientras yo me siento silenciosamente en un costado. Ella lucha por conseguir una foto que refleje al hombre que vemos en el momento en que la cámara está alejada de él y su cuerpo no está siendo observado.
¿Cambiará esto alguna vez para él? ¿Alguna vez se sentirá cómodo en esta nueva piel que se le ha dado y esta nueva oportunidad en la vida?
—Bien, sacude los hombros, Grady. Te ves rígido.
Grady le dispara una mirada con una sonrisa amable, pero veo mucho detrás de esos ojos. Desearía poder hacer cualquier cosa para quitarle su discordia. Para quitarle su inseguridad. Para mostrarle lo hermoso que es, incluso con sus cicatrices.
—Tuve a Brody aquí antes —dice Marcy en voz baja—. Es el niño más dulce. Habló mucho de ti, ¿sabes? No sumé dos más dos hasta que fuiste a cambiarte.
Los hombros de Grady caen un poco, pero su cabeza se levanta. Una genuina sonrisa se desliza suavemente sobre sus labios a pesar de la tristeza en sus ojos.
—Es un buen niño.
Marcy pulsa el botón en su mano que toma la foto sin que tenga que mirar a través de la lente. Hay un constante clic zumbando mientras el obturador continúa tomando fotos.
—Lo es. Le tomé unas fotos increíbles con el equipo de su padre. Pensé que era importante para él tenerlas para sus recuerdos.
—Estoy seguro que significará mucho para él.
Clic. Clic. Clic.
—Es bueno lo que estás haciendo aquí. Este calendario para él y Shelby y para quienes van los fondos.
Clic. Clic. Clic.
—Es lo menos que puedo hacer desde… —Su voz se desvanece, pero sé lo que dejó sin decir. Desde que no lo salvé.
—El calendario hará felices a algunas mujeres. —Se ríe. Clic. Clic. Clic—. Hará felices a muchas mujeres. De hecho, me encantaría tomarte fotos en otro momento. Tienes un cuerpo increíble.
—Gracias, pero no, gracias. —Su voz es suave, sus mejillas ruborizadas mientras sus movimientos permanecen quietos a pesar de sus esfuerzos por relajarlo.
—La oferta sigue en pie —murmura.
Lo posiciona unas cuantas veces más, y sin embargo, incluso yo me doy cuenta que, no importa lo sorprendente que sea el cuerpo de Grady, su expresión refleja su inquietud. Pero es paciente y nunca se queja. Hace lo que ella le pide, girando su cuerpo cada vez que se mueve a su alrededor para reposicionar su cámara de modo que cualquier indicio de sus cicatrices quede fuera del marco.
—Bien, dame unos segundos para comprobar las fotos y asegurarme que tengo suficiente para elegir.
Grady asiente y se para en medio del estudio. No me mira. No dice ni una palabra. Es como si estuviera en una isla solo sin querer que nadie lo salve. Sin creer que alguien querría hacerlo.
Se ve tan solo y aislado y cada parte de mí anhela poder proporcionarle el consuelo que necesita, pero en el fondo sé que es él quien necesita encontrarlo. Él es el que necesita aceptar que la vida sigue adelante sin importar lo difícil que sea.
Marcy mira a Grady por encima de su computadora y luego baja la mirada, con el control remoto aún en su mano. Una línea se forma en su frente mientras frunce el ceño en concentración.
—Creo que lo tengo. Gracias, Grady.
—¿Ya terminé? —Hay una mezcla de alivio y gratitud en su voz mientras la mira fijamente.
—Terminaste. —Le ofrece una sonrisa mientras camina y deja la chaqueta prestada que tenía en la mano. En mi periferia, veo a Marcy hacer un gesto de dolor cuando ve la espalda de Grady por primera vez mientras él se relaja, sabiendo que la parte difícil ha terminado.
Su reacción es natural e involuntaria. Lo sé. Pero también siento la necesidad de proteger a Grady de ello. De posiblemente darse la vuelta y verlo por sí mismo. Así que me muevo en su línea de visión y soy la única que puede ver a Grady en este estado vulnerable.
Desesperada por una conexión con él, cualquier cosa, para que pueda hacerle saber lo orgullosa que estoy de él por seguir adelante con esto, lo llamo por su nombre.
—Grady. —Me mira por encima del hombro. Buen trabajo. Articulo las palabras a través del espacio, y cuando me sonríe, es la sonrisa más verdadera que he visto desde que entré aquí.
Y durante los más breves segundos, me permito creer que siente lo mismo que yo siento por él.
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