Combust

K. Bromberg · Capítulo 6 de 62

Combust

Tres

Dylan

—Me siento como un cretino. La única vez que realmente me necesitas, y te doy la espalda. —La voz de mi hermano me calienta con su sinceridad y me hace acurrucarme más profundamente en mi lugar en el sofá.

—No me diste la espalda. Tienes dos niñas gemelas en una casa de dos habitaciones. Creo que tienes las manos llenas tal como estás. Además, esto está más que bien. Necesitaba un lugar donde descansar lo suficiente como para darme un respiro, hacer mi trabajo y aclarar mi cabeza antes de regresar y resolver la mierda. Si estuviera en tu casa, probablemente estaría tan distraída jugando a la tía que nunca trabajaría.

—Aprecio que hayas intentado hacerme sentir mejor, pero aún me siento impotente. Soy tu hermano mayor. Entre tú tomando la carga con mamá…

—Tienes gemelas. Lo último en lo que debes pensar es en mamá y…

—Y ahora esto con Jett…

—Estaré bien, Damon.

—Todavía siento que debería estar haciendo algo. Más. No lo sé.

—Hiciste algo. Más —repito con humor en mi voz para intentar tranquilizarlo y convencerlo de que estaré bien. Que todo estará bien—. Me encontraste exactamente lo que necesitaba. Un lugar donde quedarme donde pueda meter la cola entre mis piernas y lamer mis heridas por un rato.

—Sí, pero estás a cuatro horas de mí, aquí en Lake Tahoe. —Su culpabilidad tiñe los bordes de su tono.

—Y normalmente estoy a nueve horas de ti cuando estoy en Los Ángeles… así que piénsalo como si estuviera un poco más cerca —bromeé —. Mira, Damon, aprecio toda tu ayuda. Me disgusté, tenía prisa por irme, y me ayudaste a pensar en algún lugar al que pudiera ir para recuperar mi cabeza y mi corazón sin tener que vivir en un hotel durante meses. Lo estoy considerando como un Airbnb personal.

—Con un bombero. —Y ahí está. Lo único que olvidó mencionar cuando me llamó y me contó sobre el viejo amigo que tenía y que vivía lejos de mi camino trillado. Dicho amigo también tenía una habitación extra, mucha tranquilidad en su casa, y me dejaría estar para que yo pudiera trabajar.

Un bombero. Recuerdos desvanecidos de nuestro padre cruzan mi mente. Unos que preferiría olvidar. Esos que siempre me dejan esperando que el hombre con el que salgo un día atraviese la puerta y nunca regrese, porque su amor por su trabajo, sus amigos, su libertad, la excusa que se le ocurra, es más importante que su familia.

—Está bien, Damon. Estoy bien con eso. —Excepto porque cada vez que se dispara el maldito radio teléfono, me quedo pensando en nuestra madre. Cómo dejó la cosa encendida durante meses después que él nos dejara, esperando escuchar su voz… haciéndola sentir cercana a él a pesar que no quería tener nada que ver con nosotros. Y luego cómo en ausencia del radio vino el alcohol—. Lo estoy. Lo prometo.

—No estoy seguro de creerte.

—Créeme. —Mi sonrisa se contrae aun cuando no puede verla.

—¿Cómo estás aguantando lo otro? Quiero decir, todo sucedió tan rápido, tiene que ser difícil.

—Apesta. Duele… pero así es Jett. —Y deseo que todos dejen de preguntar, porque hace más que apestar. Es una daga en el corazón.

—No lo sabré yo.

—Mira, no necesito que comiences conmigo sobre él.

—Tenía razón, ¿no es así? —Y es por eso que no quería quedarme con él, incluso si tenía la habitación extra.

—No me estás haciendo sentir mejor. Mi corazón fue herido, así que en este punto, ¿importa si tenías razón o no?

El silencio devora la discordia entre nosotros.

—Tienes razón. Lo siento… sé que todavía lo amas, y sé que todavía tienes que trabajar con él, así que prométeme que no volverás a caer en su mierda de nuevo.

Pienso en el comentario de Grady sobre el corazón contra la cabeza y aprieto los dientes, odiando que me vea como la mujer indefensa.

—Mi vida. Mis opciones. —Hay un poco de rudeza en mi tono que no merece, y aun así, sigue ahí.

—Lo sé… yo solo…

—Ya no tengo dieciséis años, Damon. El desamor es una cosa, y es parte de la vida. No puedes protegerme de eso o ir por ahí golpeando hombres para evitarlo.

—Sabes que lo haría si pudiera. —Hay suavidad en su tono. Una resignación porque su desafiante hermanita hará lo que quiera, independientemente de sus grandes advertencias fraternas contra eso—. ¿Te estás adaptando?

—¿Ibas a advertirme que Grady es un promiscuo o es parte del código de los hombre no hacerlo?

—Grady es Grady. —Puedo verlo encogerse de hombros cuando abre la boca y la cierra para tratar de inventar una mejor excusa, aunque sabe que no funcionará conmigo—. Es un buen chico. No te hubiera dejado quedarte allí si no lo fuera. Espera… ¿dime que no está siendo un imbécil?

—No. —Pienso en todo lo que he aprendido sobre él hasta ahora. El chistoso. El dulce. El perpetuamente alegre. La parte total del chico—. Es simplemente inesperado.

—Últimamente lo ha pasado mal, así que avísame si es un imbécil y lo pondré en su lugar.

—¿Qué quieres decir con que lo ha pasado mal?

—Hace casi dos años él… sabes qué, no importa. No es nada más que saber que no es tu tipo, y que no es el tipo de persona que sienta cabeza. Me hace respirar mejor como hermano mayor, saber que nada pasará entre ustedes dos.

—Soy una mujer adulta, Damon. Soy más que capaz de decidir con quién duermo o no… así que dime otra vez, ¿qué está pasando con él?

—Nada. Olvida que dije algo.

Pero no lo creo. Me resulta difícil creer que el hombre que no ha sido nada más que feliz y acogedor esté pasando por un momento difícil.

Escucho sollozos comenzar en segundo plano y sonrío cuando pienso que mi hermano es padre, y no menos que de gemelas.

—Me tengo que ir… a Tessa le están creciendo los dientes.

—Dale un beso de mi parte.

—¿Oye, Dyl? Sé que te gusta que te dejen sola mientras trabajas, por lo que pensé que el lugar de Grady sería perfecto para ti, pero no te vuelvas una extraña.

—No lo haré.

Termino la llamada y deambulo por la casa sin rumbo. Está decorada en colores cálidos con la escasez de objetos que refleja que aquí vive un hombre soltero. Hay toques de su personalidad aquí y allá, en fotos, de quienes puedo asumir por el parecido, son su familia o sus hermanos en la estación de bomberos, pero falta ese toque femenino. Hay alfombras en el piso de madera dura, pero no hay chucherías aleatorias que abarroten el espacio. No hay nada sobre el respaldo del sofá para agregar un toque de color. No hay velas a medio quemar en las estanterías.

Y, sin embargo, aunque está desprovista de esos pequeños detalles, la casa de Grady todavía me grita comodidad. Se siente como un lugar en el que cualquiera puede entrar y sentirse a gusto.

Paso mi mano por la parte posterior del sofá de cuero marrón mientras el sonido del radio teléfono se convierte en ruido de fondo con el que no creo que me sienta cómoda.

Es la vista lo que me lleva a la ventana de la cocina. Más allá del patio trasero cercado hay un cobertizo a medio construir en un lado del patio y un pequeño patio cubierto con una chimenea en el otro. Hay acres y acres de campos con vides en crecimiento. Sus filas se alinean en las colinas y sus estacas crean una ilusión óptica que observo durante un tiempo, perdida hasta que los paracaídas en la lejana distancia, cerca de donde vi el aeropuerto en mi camino hacia la ciudad, me llaman la atención. Entonces noto el espacio. Espacio abierto de par en par sin edificios altos, o vecinos cercanos, o los sonidos constantes de la ciudad.

Es bonito. Es diferente.

Miro fijamente mientras las lágrimas queman mis ojos y las emociones que continúo escondiendo intentan abrirse paso hacia la superficie.

Estoy tan perdida en mis pensamientos que grito cuando algo húmedo y cálido golpea la parte posterior de mi pierna.

¿Qué demonios?

Cuando me doy vuelta, me encuentro con la cosa más tierna y fea que he visto en mi vida. Todos veinte y tantos kilos de ella.

La cerda es rosa blanquecina con manchas negras. Tiene una fina capa de pelo ondulado que cubre su piel, y su hocico rosado está mojado y temblando mientras huele el aire.

Sé lo que estoy viendo, pero en realidad me toma unos segundos creer realmente que estoy en la cocina de Grady teniendo un concurso de miradas con una cerda.

—¿Y quién, si puedo preguntar, eres tú?

Endereza sus patas, pero sus ojos se mantienen en los míos.

—¿Tienes un nombre? —Busco un collar, pero luego me doy cuenta de lo estúpido que suena el tratar a una cerda como si fuera un perro… y sin embargo, hay una cerda delante de mí. Una que está muy cómoda dentro… me inclino para ver la parte inferior del animal solo para estar segura de su género… su entorno.

Su cola se mueve un poco, y me río. He recurrido a hablar con una cerda. Tal vez me estoy volviendo loca.

—Bueno, voy a desayunar —le digo—. Sin embargo, no te preocupes. No es tocino. Solo cereal.

Sí. Definitivamente loca.

Es cuando coloco el teléfono en el mostrador detrás de mí, que veo la nota escrita a mano.

Dylan,

No te alarmes por Petunia. Olvidé advertirte sobre ella, pero el veterinario la dejó esta mañana. Es perfectamente inofensiva… en su mayoría. Tiene una puerta para perros, así que no hay necesidad de sacarla.

Grady

Miro fijamente la nota durante unos segundos mientras Petunia gruñe desde el suelo.

—Bueno, Petunia… somos solo tú y yo hoy.

 

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