Combust
Veintidós
Dylan
—¿Nuestro compromiso es en la estación de bomberos? —pregunto cuando estaciona su camioneta en un costado del edificio.
—Sí.
—Todo lo que tenías que hacer era pedirme que viniera contigo.
—¿Y perderme la satisfacción de molestar a ese idiota? De ninguna manera —dice con una sonrisa.
—¿Disfrutas demasiado jugar este juego?
—Por supuesto. Tengo a la chica, ¿cierto? —Sale de su camioneta sin otra palabra y la cierra de un golpe.
Sus palabras me sorprenden tanto que me toma algunos segundos darme cuenta que probablemente no las dijo con la intensión que las interpreté. Necesito controlarme. A mi corazón, mis pensamientos y mi libido.
Mientras caminamos por la acera, miró fijamente el edificio de ladrillos por un momento, tantos recuerdos regresando rápidamente. Un crudo recordatorio del desdén al que he estado condicionada a tener por esta profesión y todo el equipaje que viene con ello. Recuerdo cómo solía emocionarme mucho cuando mi mamá nos llevaba a Damon y a mí a la estación para recoger a mi papá después de su turno de tres días porque lo extrañábamos mucho. El trayecto en el auto sería un ajetreo de oraciones interrumpidas mientras intentábamos ponerlo al día con todo lo que se había perdido.
Luego mi piel se eriza mientras recuerdo lo ferozmente que habíamos evitado esa misma estación de bomberos después que nos dejara. Cómo conducíamos por el camino largo alrededor de la calle así no tendríamos que pasar junto a la cosa que mi papá amó más que a nosotros. Su trabajo. Su familia de bomberos. La atención de otras mujeres que su uniforme le traía.
—¿Estás bien? —pregunta Grady, sacándome de los recuerdos y devolviéndome a la realidad.
—Sí. Estoy bien. ¿Listo para mostrarme tu tubo, Malone?
—Ya acaricié tu gatito, así que supongo que mi tubo es el mejor lugar para empezar.
—Estás enfermo. —Me reí.
—Y te encanta.
Sí, me encanta. Y eso podría ser un problema.
—Así que eso es todo. —Se encoge de hombros mientras entra en el patio donde los dos camiones esperan estacionados. Hay una sonrisa en su rostro y una tranquilidad en él que no he visto antes.
—Realmente amas lo que haces, ¿cierto?
Hay un breve destello de algo en sus ojos que pasa antes que pueda entenderlo, pero asiente.
—Es lo único que siempre he querido ser —lo dice con tal convicción que lo creo—. Una persona sabia una vez me dijo, no es lo que haces, es lo que eres.
Sonrío.
—Quien sea que lo haya dicho debe ser brillante. —Me estiré hacia su brazo por reflejo y luego retrocedí, incierta por su estatus con los chicos aquí y cómo pudiera reflejarse en él que yo esté aquí.
—Y bonita. —Suspiro. Y ahora enciende el encanto—. El otro día, te tomaste el tiempo para mostrarme lo que haces. Pensé que te mostraría lo que hago antes que empiece mi turno.
—Gracias. —El gesto me conmovió inesperadamente. Tal vez sea el hecho que le importa. Tal vez solo porque es la primera vez que he entrado en una estación desde que mi papá se fue y no ha sido tan traumático como lo esperaba. De hecho, ha sido todo lo contrario.
—¿Oye, Malone? ¿Listo para posar para la cámara, niño bonito? — llama una voz desde el otro lado del patio y el semblante de Grady cambia tan rápidamente como si alguien hubiera activado un interruptor.
—Ya te lo dije, Veego. No lo voy a hacer. Déjame en paz, ¿quieres?
—No podemos hacerlo sin ti, hombre. ¿Y entonces por qué está ella…? oh, lo siento. No eres Marcy —dice Veego cuando me giro y lo veo frente a mí, examinando de cerca.
—No soy Marcy —digo con una risa, aunque repentinamente me pregunto quién es Marcy y por qué debería estar con Grady.
—Es una fotógrafa —murmura Grady por lo bajo como si ya supiera hacia donde fueron mis pensamientos.
Veego se nos acerca. Es bajo y robusto y tiene una sonrisa que encendería una habitación.
—Lo siento, Grady. No me di cuenta que tenías compañía.
—Dylan McCoy. —Estiro mi mano y estrecho la suya mientras me mira fijamente por un momento más largo que lo normal.
—Ah, la compañera de apartamento.
—Sí, la compañera de apartamento.
—¿Vas a convencerlo de que haga el calendario? —pregunta, lo que le gana una mirada fulminante de parte de Grady.
—¿Qué calendario? —Miro de Veego a Grady y luego de nuevo a Veego, ignorando la mirada de advertencia de Grady.
—Vamos a hacer una…
—Déjalo —dice Grady, pero Veego continúa.
—… sesión de fotos para el calendario de bomberos de Sunnyville. Del tipo de cuerpos fornidos —dice con un guiño y el sonrojo en sus mejillas me hace sonreír. La relevancia de Marcy en la conversación repentinamente tiene sentido—. Es para recaudar dinero para la fundación de viudas de bomberos. El niño bonito Malone se niega a ser el mes de agosto cuando es el mejor parecido de todos nosotros. Es una pena que ese ojo morado se vaya para el momento en que tomemos las fotos o si no estoy seguro que simplemente añadiría a su vibra de chico malo por el que todas las damas enloquecerían…
—Es un tema cerrado —dice Grady de nuevo, interrumpiéndome cuando voy a comenzar a hablar—. ¿Es por eso que Bowie me llamó y me dijo que viniera temprano? ¿Para tener una reunión sobre esta tontería?
Puede que esté confundida en cuanto a qué se refiere, pero veo el pánico destellar en los ojos de Veego igual de fácil que en los de Grady. A lo que sea que Grady se refiere no tienen nada que ver con el calendario y todo que ver con algo que ha traído una tensión helada a la conversación.
—A la mierda con esto —dice Grady mientras niega—. No ahora. De todos los momentos, no ahora.
Estoy en la oscuridad respecto a lo que está sucediendo, pero la emoción que fluye en la mirada que comparten los dos hombres es abrumadora. Una desafiante y la otra resuelta.
—Grady…
—Vamos, Dylan.
—No puedes esconderte por siempre, Malone. —La voz de Veego está llena de compasión y una parte de mí siente que debería encogerme hacia las sombras y darles privacidad.
—No me estoy ocultando de nada. Voy a llevar a Dylan a mi camioneta. Encuentra la forma de hacer que esto no suceda o me iré a casa con ella.
Se fulminan con la mirada mutuamente.
—Nos vemos dentro de poco —dice Veego, una tristeza que no entiendo está presente en su voz. Se gira hacia mí—. Fue un gusto conocerte, Dylan.
Grady se queda en silencio mientras nos vamos del patio y nos dirigimos hacia el estacionamiento. No estoy segura de qué decir, no siquiera estoy segura de lo que acaba de suceder y aun así, me siento ansiosa mientras intento resolver cómo manejar esto.
—Puede que esté sobrepasándome… pero, ¿por qué estás tan molesto por el calendario? —Me doy cuenta de la respuesta en el momento en que la pregunta pasa mis labios: sus quemaduras.
—No hay manera de que vaya a quedarme ahí parado y deje que la gente me mire. La idea del calendario es una mierda.
—¿Mierda? —presiono, sin importarme que no tenga el derecho de hacerlo—. Es para la fundación de viudas. Pensaría que estarías dispuesto a ayudar. ¿Cuándo fue la última vez que un bombero murió en cumplimiento de su deber antes de Drew?
—Cristo, no lo sé.
—Entonces, ¿la mayoría de lo recaudado no iría para Shelby y Brody? ¿Por qué no participarías?
Si las miradas pudieran matar, estaría muerta en este momento.
—Mantente fuera de esto, Dylan.
—¿Cuál es el gran problema? Lo dijiste tú mismo. Eres vanidoso. Deja que tomen una fotografía de todo tu arduo trabajo. Tienes un cuerpo increíble. Vende algunos calendarios. Ayuda a Shelby y a Brody. No sé qué te detiene —digo, sabiendo muy bien qué es, pero sin importarme mientras sin vergüenza utilizo su culpa para ayudarle a superar sus propias inseguridades.
—Nadie quiere mirarme, te puedo asegurar eso.
—Yo sí.
—Ahórrate eso.
—¿Ahorrarme qué? —Resoplo—. ¿Sabes cuán frecuentemente me siento en la casa cuando estás afuera trabajando en la sala de juegos y te contemplo? —Me encanta la mirada sorprendida en su rostro y me río—. ¿Qué? Una chica necesita inspiración mientras está escribiendo canciones.
—No hagas esto… —Sacude su cabeza, la confusión inundando sus ojos.
—¿Hacer qué? ¿Decirte que la cámara te va a amar? Que van a estar mirando tu frente y no tu espalda, así que, ¿cuál es el problema? Y si fueran a tomar una fotografía de tu espalda, ¿sabes lo que mostraría? Un hombre que fue al infierno y regresó para intentar salvar a su amigo. No conozco a una sola persona que pensaría de otra forma.
—¿Primero los chicos y ahora tú? Eras la única persona por la que no tenía que preocuparme que siguiera con esta tontería.
Puedo ver el fanfarroneo en su bravuconería y sé que tiene miedo de verse a sí mismo cómo luce ahora. Tiene miedo de documentarlo para que cualquier otra persona lo vea.
—Los chicos solo quieren lo que es mejor para ti, al igual que yo.
—¿Al igual que tú? —Su voz se levanta un tono al mismo tiempo que da un paso hacia mí, sus hombros cuadrados—. ¿Qué crees que es esto? ¿Follamos así que eso te da el derecho de decirme qué hacer?
Sus palabras son afiladas, pero el miedo en sus ojos es peor. Hay algo más ahí. Hay algo sobre lo que no está hablando.
—No seas un idiota.
—Eso es lo que soy, Dylan. Un idiota. Si tienes un problema con eso, siéntete en libertad de quedarte con alguien más. Estoy seguro que Jett está listo para aceptarte de regreso en casa y empezar justo donde lo dejaron. — En el minuto que sus palabras salen, cuelga su cabeza y arruga su rostro. Gruñe antes de levantar la mirada y encontrar mis ojos—. Mira, lo siento. No quise decir eso. Es solo que… hay otras cosas sucediendo aquí además del calendario.
La llamada telefónica de la otra noche cuando estaba haciendo los cannoli viene a mi mente. Una llamada sobre una reunión el jueves, la que aparentemente es mucho más importante de lo que sonaba.
Me retuerzo pensando en qué decir. En cómo disipar su enojo, su miedo, su irritación, todo aquello que ayudé a ocasionar.
Humor. El humor siempre funciona mejor.
—¿Es esta nuestra primera pelea como pareja? —pregunto, con el fantasma de una sonrisa en mis labios y una súplica por perdón en mis ojos.
Batalla con su malhumor antes de decidir qué decir.
—Sí. Jett se va y ya estamos rompiendo. —Su sonrisa es medio desanimada, pero su expresión dice que todavía está enojado.
Me gustaría saber por qué.
—Bueno, mierda. —Pongo mis manos en sus caderas—. Creo que hicimos esto al revés
Ahora hay un poco más de sinceridad en su sonrisa.
—Mmm. Tuvimos sexo de reconciliación antes de la pelea.
—Así es. —¿Es raro que entienda hacia dónde voy con esta conversación sin ninguna otra explicación? ¿Es raro que eso me dé esperanza?
Nos quedamos viendo el uno al otro, sonrisa suave y disculpas sin pronunciarse, pero aceptadas.
—Deberías irte. Mi turno está a punto de iniciar. —Soy tomada por sorpresa cuando extiende sus llaves hacia mí. Un hombre y su camioneta son una cosa sagrada—. Te llamará mañana para que me recojas si eso está bien. Si no, haré que uno de los chicos me lleve a casa.
—Vendré por ti. No hay problema. —Abro la puerta del lado del conductor, acomodándome detrás del volante y luego lo miro. Todavía parece inquieto y desearía poder ayudar con lo que sea que le molesta—. Sabes que estoy aquí si me necesitas, ¿cierto?
—Sí. —Asiente aunque bastante ligero y mira sus botas por un segundo antes de mirarme. Sus ojos azules son un mar de desacuerdo—. Lo sé. Gracias.
Y con eso, Grady entra en la estación de bomberos con lo que parece ser el peso del mundo sobre sus hombros y un pequeño pedazo de mi corazón en su bolsillo.
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